Archivo | junio, 2016

Peña Nieto y la sangre de Nochixtlan 

26 Jun

*Rechazaron el diálogo, sacaron la pólvora
*Nuño, el rostro represivo del gobierno
Lo único que le faltaba a Enrique Peña Nieto, llegó: mancharse las manos de sangre, como Díaz Ordaz, tras ordenarse la represión armada – no encuentro otro término- contra maestros de la CNTE y simpatizantes en Oaxaca.
Peña lo volvió a hacer: cuando parece que ya nada de su gobierno nos sorprenderá – para mal o para bien-, tras los escándalos de corrupción en el entorno presidencial (Casa Blanca, casota de Videgaray, Grupo Higa y OHL), la manipulación y derrota con el caso Ayotzinapa, el fracaso de un gobierno en materia fiscal y económica, legalizar dosis de mariguana, y reconocimiento a uniones homosexuales, entre otros factores, hoy parecen decirnos desde Los Pinos: “esperen, que aún somos capaces de ser más incapaces”, y nos ofrecen, a México y al mundo, postales de barbarie, violencia máxima y terror desde Nochixtlán, un pequeño poblado oaxaqueño que, sin pie de foto, podría confundirse con Damasco.
Lo sucedido en Nochixtlán – 8 muertos y más de 100 heridos tras la batalla – no es otra cosa más que el indiscutible fracaso del arte de la política en la actual administración, y tiene nombres y responsables directos: Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño, tras no saber manejar un conflicto de alto riesgo – con tintes de guerrilla urbana-, llevarlo a un punto de ebullición máxima al rechazar los llamados para instalar una mesa de negociación sobre la Reforma Educativa, y conducirlo, finalmente, a niveles de alta violencia que hoy tienen al gobierno mexicano, ante el mundo, bajo una etiqueta: gobierno asesino.
Cierto: la CNTE no es fácil de lidiar. Pero hubo un momento clave en este drama: cuando sus dirigentes propusieron negociar abiertamente la reforma con el gobierno, entre finales de mayo y principios de junio. Ser escuchados respecto a que era imposible aplicar una reforma más de orden laboral que educativa y a rajatabla, sin deslindar modelos para diversas regiones (no es lo mismo educar en Nuevo León que en Oaxaca, Chiapas o Guerrero por sus diversidades naturales), y exigir se reconsiderara la evaluación a maestros bajo otros términos y formatos.
¿Acaso era muy difícil para Peña, Nuño y Osorio Chong sentarse a debatir una reforma y demostrar que en política son muy duchos? ¿Pues no que los priistas y particularmente el Grupo Toluca son una maravilla a la hora de hacer y ejercer política? ¿Por qué las negativas rotundas y hasta autoritarias del Secretario de Educación con su rechazo a sentarse con la CNTE para platicar con los maestros, aún dentro de todo su radicalismo? ¿Por qué se desechó la palabra y se prefirió el fusil contra la CNTE?
La respuesta gubernamental fue ordenar la detención de los líderes de la Coordinadora, tensando, aún más, la situación.
“Segob y CNTE firmaron en 2013 no ir a una guerra. Algo pasó y el gobierno reculó…”, es la cabeza en SINEMBARGOMX de información más que oportuna escrita por la reportera Linaloe R. Flores (vía #DatosCerrados), quien nos recuerda que a inicios del gobierno de Peña existió un acuerdo entre Gobernación y la CNTE para “privilegiar el diálogo para mejorar la educación”, mediante una minuta de que el acuerdo existió y que es mostrada en el cuerpo del trabajo periodístico y que, no obstante, “como si el acuerdo jamás hubiera ocurrido, la relación entre el Gobierno federal y la CNTE se tensó en los años siguientes”.
“Algo pasó…”, se plantea en la cabeza periodística.
Pues lo que pasó, fue lo siguiente:
Cuando las reformas de Peña Nieto – principalmente la Energética y la Hacendaria-, comenzaron a desinflarse – la primera, reventada por los bajos precios del petróleo y la poca transparencia con que se ha manejado, y la segunda, por sus severos castigos fiscales, reflejados en pobre crecimiento económico , cierre de empresas y desaliento para el contribuyente-, en Los Pinos solamente tuvieron un diagnóstico: la única reforma que les quedaba viva y viable, con posibilidades reales de medio rescatar del desastre a la administración peñista, era la Reforma Educativa, vista como tablita de salvación en medio del naufragio.
En Los Pinos acertaron al diagnóstico, pero se equivocaron en el procedimiento.
Agobiados por los malos resultados, apresurados por la derrota del PRI y de Peña el 5 de junio, precipitados en su operación política, decidieron dar un NO absoluto a la propuesta de la CNTE de negociar la Reforma Educativa y, por las prisas de ofrecer resultados a mediano plazo, quisieron imponer, a fuego y sangre literal, a la Reforma Educativa a la que, de manera brutal, también comenzaron a vulnerar con la sangre de Nochixtlán.
Eso fue lo que pasó: la Reforma Educativa era lo único rentable que les quedaba y, en su afán de imponerla y presentarla como logro de gobierno, la precipitaron de la peor manera: bajo el sello de la violencia, intolerancia y represión.
Peña Nieto queda, hoy por hoy, exhibido en México y en el mundo como un Presidente incapaz de negociar y proclive a la represión. “Ya ordené que se investigue…”, tuiteó Peña ayer sobre Nochixtlán. Demasiado tarde, ciudadano presidente. Perdió usted la oportunidad de sentarse – inclusive personalmente, emulando los Diálogos de Chapultepec entre Calderón y Sicilia-, con la CNTE, discutiendo con cifras, argumentos, escenarios, excesos y riesgos educativos, bien asesorado y arropado por especialistas, con una posibilidad enorme de sacar adelante dicha reforma, apoyado por una franja amplia de la opinión pública y exhibir, de paso, el radicalismo de la CNTE. Pero no lo hizo. Vaya paradoja: Peña fue capaz de ubicar a su gobierno como represor y violento por encima, inclusive, de los intolerantes y radicales líderes de la CNTE. Se necesita mucha torpeza política para lograrlo. Y Peña lo logró. Ayer, Atenco. Hoy, Nochixtlán.
Aurelio Nuño se erige, nada menos, que en el rostro represor del gobierno de Peña Nieto, y así no debe seguir como Secretario de Educación. Ya no digamos aspirar al 2018, como una de las cartas del salinismo en el juego sucesorio. Con su intolerancia y constantes rechazos al diálogo – Nuño hubiera sido un buen subsecretario de Gobernación con Díaz Ordaz-, empujó al gobierno a la violencia, a la CNTE al enfrentamiento, y al país a la polarización. Nada menos. Y con estas cartas-credenciales, Nuño no puede ya aspirar a muchos blasones.
Osorio Chong también ha quedado rebasado bajo tres pistas: como responsable de la política interna del país, como jefe de la seguridad nacional, y como aspirante a la candidatura presidencial del PRI. En lo primero, porque a falta de negociación política, se optó por matar a quienes protestan, y eso se llama fracaso. En lo segundo, porque sin estrategia ni control, se permitió que las fuerzas federales acribillaran a oaxaqueños con postales que hoy le dan la vuelta al mundo: policías asesinando a ciudadanos. Y en lo tercero, porque en su delirio de cuidarse políticamente rumbo al 2018, ha dejado de ser Secretario Gobernación para convertirse en simple encargado del despacho, y ese vacío es un lujo que aún entre el desorden que tiene como gobierno, Peña Nieto no puede darse. El Presidente debe tomar una decisión de fondo sobre lo que debe hacer con Osorio, incluyendo su remoción.
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Se anuncia mesa de diálogo en Gobernación para destrabar el conflicto con la CNTE. Muy tarde también: se necesitaron 8 muertos, decenas de heridos, violencia y represión, para sentarse a una mesa fincada en los cadáveres de Nochixtlán.
A la matanza de Nochixtlán, los aires represores del gobierno mexicano y el naufragio de la política, se viene a sumar el factor Beltrones. Cándidos, quienes se sorprendieron con su renuncia al PRI. ¿Qué esperaban, si la derrota del 5 de junio fue tan brutal para el priismo como la goliza de Chile a México en futbol? Manlio Fabio, simplemente, no debía seguir al frente del partido aun cuando, con dosis de razón, se pretenda achacar la derrota a los malos gobiernos de Peña Nieto y de algunos gobernadores. Beltrones también lleva su responsabilidad.
Sin embargo, conocedor de la circunstancia y la coyuntura, Beltrones sale del PRI justo en el momento en el que más le conviene: cuando el gobierno priista de Peña Nieto se ha manchado las manos de sangre. Preferible, bajo esas circunstancias, bajarse del barco de manera natural: como perdí, pues ya me voy. 

Ahora sí estarás feliz Nuño 

26 Jun


Buena parte de los mexicanos con uso de la razón tenemos tiempo diciendo que problemas tan grandes y complejos como los de la educación no pueden mezclarse con las bayonetas ni las balas porque terminan en tragedia.
 El secretario de Educación demostró su incapacidad para gobernar y administrar el aprendizaje en México, cuando decidió resolver el conflicto docente usando la sangre humana como lubricante.
Nada justifica ni explica la poca destreza y tacto de los funcionarios que han llevado la mal llamada reforma educativa, más bien laboral magisterial, hasta estos niveles de violencia; las reformas profundas toman tiempo y se aplican con calma y serenidad.
 Nuño confundió la guerra contra la ignorancia con la guerra contra los ejércitos enemigos, una guerra de gises la volvió de balas, y esa equivocación tan monumental no tiene perdón. Ni siquiera puede decirse “que te perdone Dios porque a mí no se me olvida” porque dudo que Dios perdone semejante nivel de estulticia.
 Después de este domingo de terror Nuño ha pasado a formar parte de los chacales de la historia, comparte su legado con Victoriano Huerta, con Díaz Ordaz, con la brigada blanca y con los sicarios del mal.
 Esto es lo que faltaba en la serie de tonterías cometidas por el régimen al abordar la reforma laboral magisterial, el presidente y el secretario no entienden que los grandes problemas se resuelven dialogando, con ecuanimidad y con inteligencia; no con sangre, muertos y heridos.
 Parece que Nuño estaba destinado a la gendarmería Nacional. La resolución de los problemas educativos del país nunca debió llegar al uso de las armas.
 México se ha cubierto de vergüenza y a los responsables la patria debe hacerlos pagar por su imbecilidad, los maestros deben ser apoyados con una gran movilización nacional contra la barbarie. México es una nación civilizada, no un país paria. Tenemos una historia y una cultura centenaria.
 Parecía que después de Ayotzinapa no habría más en el repertorio de los crímenes de Estado del club del poder, pero ahora para vivir como seres dignos debemos alzarnos al llamado de los maestros.
Ellos tienen la palabra.

CACERÍA DE MAESTROS 

26 Jun

Enrique Peña Nieto y su delfín Aurelio Nuño andan de cacería. Quieren terminar con la disidencia, despedir y encarcelar a todo aquel que se oponga a su nefasta Reforma Educativa.
Ambos emanan del autoritarismo, no conocen el juego de la democracia ni mucho menos el diálogo. Bajo su mandato lo que impera es la ley de garrote, la represión y la persecución policial y judicial.
Su objetivo principal es acabar con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y para ello no escatima en recursos ni acciones. A lo largo y ancho del país, pero sobre todo en el sur, vemos escenas vergonzosas de represión. Acciones violentas de los policías contra nuestros maestros. Les lanzan gases lacrimógenos, los golpean a diestra y siniestra, los hieren e incluso los matan.
En Chiapas y Michoacán el apoyo a los maestros es total. Al igual que en Oaxaca o Tabasco. Los maestros sólo piden que el gobierno abra una mesa de diálogo sobre la Reforma Educativa, pero el lenguaje de Peña Nieto sólo se entiende bajo el autoritarismo y la imposición.
En este momento, nuestros maestros están sufriendo todo tipo de atropellos. Se les persigue, se les reprime, se les difama. El gobierno y el duopolio televisivo se han encargado de demonizarlos, han conseguido que una parte de los mexicanos crean que los maestros que protestan contra una infame reforma, son vándalos, irresponsables, delincuentes.
Nada más alejado de la realidad. Nuestros maestros son héroes. Nuestros maestros son héroes porque cada día se enfrentan a un sistema podrido que se roba todo lo que debería estar destinado a la educación. Nuestros maestros son héroes porque cada día se enfrenan a la precariedad de escuelas paupérrimas que apenas tienen pupitres y ventanas. Nuestros maestros son héroes porque día a día enseñan en condiciones salariales miserables. Nuestros maestros son héroes porque cada día caminan kilómetros para enseñar. Nuestros maestros son héroes porque cada día padecen un sindicato mafioso unido al poder en turno, como la SNTE, que les roba sus cuotas para llenar los bolsillos de sus líderes pillos. Nuestros maestros son héroes porque cada día buscan elevar la calidad de la educación. Nuestros maestros son héroes porque cada día se parten el alma en la construcción de seres humanos librepensadores. Nuestros maestros son héroes porque soportan la presión del gobierno mexicano con sus pruebas sin antes ofrecerles la posibilidad de prepararse. Nuestros maestros son héroes y nos toca defenderlos.
Un pueblo que no defiende a sus maestros está condenado a la ignorancia. Tal vez, por eso, Nuño y Peña Nieto están empeñados en reducir los niveles educativos de este país para que la población deje de exigir un cambio, deje de reclamar el fin de la corrupción, de la impunidad y exija terminar con la pobreza.
Las estadísticas hablan por si solas. México ocupa el último lugar de 36 países, en nivel de educación, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y es que sólo el 37 por ciento de los adultos de entre 25 y 64 años concluyó la secundaria muy por debajo del 75 por ciento que representa el promedio de la OCDE y sólo el 39 por ciento de los hombres y 36 por ciento de las mujeres terminó la preparatoria, un requisito para competir en el mercado laboral.
¿Y por qué creen que la gente en México no termina sus estudios? Primero porque tienen que trabajar para poder comer. Recuerden que los últimos gobiernos han sido auténticas fábricas de hacer pobres: hay 70 millones de pobres. Y luego, porque el nivel de la educación es bajo y caro, porque el gobierno se gasta el dinero que debería ser destinado a educación en infraestructura y capacitación a los maestros.
Según la OCDE, los gobiernos mexicanos no invierten lo que deberían en educación. Según sus estadísticas en 2012, México invirtió 2 mil 600 dólares por estudiante de primaria, 3 mil por estudiante de secundaria y 8 mil 100 dólares alumno de educación superior. Estas cantidades están muy por debajo de lo que normalmente se invierte según la OCDE: por estudiante ese año fue de 8 mil 200, 9 mil 500 y 15 mil dólares.
¿Y por qué a Peña Nieto y Nuño no les interesa invertir en educación? Por una simple y sencilla razón: un pueblo educado es un pueblo con conciencia dispuesto a sacarlos a ellos del poder y al resto de la clase política que se atreva a corromperse.
En cambio, México está sumido en esta crisis generalizada, precisamente porque tenemos un pueblo conformista a consecuencia de la falta de educación y de los bajos niveles de la misma.
Es por eso, que nos corresponde a los mexicanos defender a los maestros perseguidos, a los maestros que no están dispuestos a someterse a una reforma que lastima sus vidas y las nuestras porque busca particularmente la privatización de la educación que debería ser gratuita.
Los atropellos del gobierno no tienen límites. Buscan sembrar el miedo con el encarcelamiento de los líderes como Francisco Villalobos, secretario de Organización de la sección 22 de la CNTE, a quien acusan de un delito absurdo: el robo de 10 mil libros de texto gratuitos y una supuesta tentativa de homicidio calificado.
El gobierno anda de cacería, fabricando delitos, reprimiendo, encarcelando maestros. El último, el ex dirigente de la CNTE, Juan José Ortega Madrigal, fue detenido en Apatzingán, Michoacán, por elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) acusado de supuestos delitos de “lesiones agravadas” y “privación ilegal de la libertad”.
La estrategia del gobierno es ir sustituyendo maestros disidentes por dóciles. Maestros contestatarios, por maestros vendidos. Maestros dignos, por maestros sometidos. Maestros rebeldes dispuestos a jugarse la vida, por maestros agachados y obedientes.
Pero no todos los maestros están dispuestos a aguantar las humillaciones del poder. La maestra normalista Kendy Moreno, que labora en la primaria Pablo L. Sidar enfrentó al Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer a quien reclamó su negativa para lograr acuerdos con la CNTE y le solicitó diálogo también con los maestros del Sur.
“Los grandes movimientos de nuestro país, históricos como la independencia la revolución nos mostraron que las cosas no se pueden hacer con orden siempre, hay veces que si se impone una ley injusta hay otras formas de levantar la voz al fin somos ciudadanos mexicanos y vemos por nosotros y en el caso de los maestros vemos por la sociedad en general”, dijo la maestra. El secretario le respondió lo que siempre responde: “para poder dialogar, los niños deben regresar a las aulas además de que los maestros tienen que cumplir con la Constitución”. Pero ella le dijo: “el derecho de protesta y la no retroactividad están de igual manera en la Carta Magna y se están violando.”
Ojalá existieran muchas maestras Kendy Moreno, defensoras de los maestros. Su valor y convicción a favor de ellos, debería ser una misión de todos los mexicanos. Si acaban con los verdaderos maestros. ¿Qué nos quedará?