Lo mejor y lo peor: Ferriz, Margarita o “El Bronco”

2 Feb

  

¿Pedro Ferriz, Margarita Zavala, “El Bronco”, Manuel Clouthier? Las elecciones presidenciales en México nunca volverán a ser lo mismo, luego de que Jaime Rodríguez, “El Bronco”, conquistara Nuevo León sin el respaldo de los partidos políticos. Sabemos que la nueva variable de los candidatos independientes podría ser decisiva en 2018, pero salvo eso, nos encontramos frente a un terreno inédito del que podría surgir cualquier sorpresa.
Para empezar, el tema modificará la manera misma en que los partidos seleccionen a sus propios candidatos. Es el caso del PAN, por ejemplo. Margarita Zavala produce urticaria en la actual cúpula del blanquiazul: les costó un enorme esfuerzo deshacerse de la hegemonía de Calderón como para que ahora quieran entregarle a ese grupo la estafeta de la candidatura presidencial. Pero tampoco pueden permitirse que la ex Primera Dama se sienta excluida y se lance por la libre porque el resultado podría provocar un desplome histórico para Acción Nacional. Si el voto conservador se divide entre Zavala y el candidato oficial del PAN, el partido quedaría desdibujado en el Congreso de la Unión y resultarían comprometidas sus prerrogativas económica para los próximos años.
Muy probablemente el PAN se encontrará en la misma tesitura que el partido Republicano hace algunos meses: a los jerarcas les hacía muy poca gracia la candidatura de Donald Trump, pero tampoco podían desairarlo ya que el empresario había dejado en claro que se presentaría a las elecciones con o sin partido. Hoy, como todos sabemos, está a punto de quedarse con la designación, pese a todo. Algo similar podría suceder con Margarita Zavala si emula a Vicente Fox en el 2000, cuando el guanajuatense conquistó desde afuera a la candidatura del PAN contra la voluntad del partido.
Por otro lado, dependiendo del perfil de los candidatos independientes algunas opciones tradicionales podrían resultar beneficiadas o, por el contrario, muy perjudicadas. Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo. En los últimos dos comicios presidenciales ha obtenido millones de votos gracias a ser el único en la boleta electoral que se presentaba como el candidato contra el sistema. Pero eso podría cambiar en el 2018. La candidatura de “El Bronco”, o incluso de Emilio Álvarez Icaza, un personaje mucho menos conocido en la calle pero popular entres los círculos progresistas, necesariamente restaría votos al candidato de Morena (eso sin considerar la casi segura división de la izquierda que representa la escisión del PRD).
Algo parecido podría suceder en el caso del PAN, incluso si Margarita Zavala se hace de la candidatura oficial. El lanzamiento de Pedro Ferriz, quien ya ha externado su deseo de competir, o de Manuel Clouthier, con fuerte ascendencia en el panismo norteño, fragmentarían el sufragio a favor de los candidatos conservadores.
En cierta forma el PRI es el partido mejor protegido frente la erosión que provocarán los candidatos independientes, a condición, claro, de no perder la elección completa, como sucedió en Nuevo León. La propia falta de definición ideológica del PRI y el hecho de constituir el partido en el poder, hacen que cualquier candidato carismático termine compitiendo con los partidos de oposición, aquellos que deben presentarse como una alternativa al grupo gobernante.
Ya se ha comentado que el PRI sería el más favorecido por una excesiva fragmentación del voto, toda vez que es el partido que posee el mayor núcleo duro de simpatizantes, gracias a su estructura corporativa y sindical, y a su extensa base territorial (a diferencia del PAN, débil en el sur y del PRD, ausente en el norte). Hasta ahora los presidentes habían ganado la elección a partir de 35 por ciento de los votos sufragados. En 2018 podría descender a una proporción tan baja como 25 por ciento.
¿Cuál de todos estos escenarios es el más factible? A más de dos años muchas cosas podrían suceder, pero me parece que dos factores pesarán decisivamente. Uno, la estrategia que vaya a seguir el PRI, sea para inhibir o, por el contrario, para propiciar la emergencia de candidatos independientes que fragmenten a los partidos rivales. Y dos, la inteligencia (y casi diría la inteligencia emocional) que tengan los personajes carismáticos para tomar decisiones responsables. Si el asunto se convierte en una batalla de egos, la atomización favorecerá al partido en el poder. Por el contrario, si son capaces de construir alianzas, frentes estratégicos y sacrificarse en beneficio de la mejor opción, podrían dar un campanazo histórico en la vida política del país.
En suma, los candidatos independientes pueden ser la mejor noticia para una competencia electoral abierta y plural en el 2018. Pero también podrían ser la vía que favorezca a los manipuladores de siempre. Todo está por verse, pero habrá que saber verlo.

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