Mancera, el traidor

31 Dic

  

*”No fui yo…fue Marcelo”
*Ebrard y su peor error: heredar a Mancera
Ser un sapo. Un chivato. Un dedo. Un traidor. Lo más degradante en la conducta de un ser humano. La parte más ruin y detestable de cualquiera, incluyendo a un político.
Dentro de un sector de la izquierda mexicana, en voz baja, esa condición –la de sapo-, ha marcado a Miguel Ángel Mancera, un híbrido de la política, una circunstancia desafortunada de tiempo y forma para la propia izquierda. Sí: el error más grande de Marcelo Ebrard.
Y ha sido el propio Ebrard quien le ha colgado, de manera velada, el letrero de “traidor” a Mancera.
-¿Miguel Ángel Mancera fue su más grande error?-, le pregunta el reportero Aníbal Santiago.
-No puedes prever todo lo que una persona va a hacer-, responde Marcelo.
-¿La política es así?
-No tiene que ser así…la traición es una opción…-, configura Ebrard. (Newsweek en español/ 15-Marzo- 2015)
Al buen entendedor, pocas palabras.
El reportero no le hablaba de traiciones. Fue Ebrard quién sacó la palabra “traición”.
¿Traicionó Miguel Ángel Mancera a Marcelo Ebrard?
Hechos y testimonios así lo indican.
*****
El 5 de febrero pasado, en su columna en El Universal, Ricardo Raphael escribió, a propósito del escándalo de la “casa blanca” de la familia presidencial, lo siguiente:
“No fui yo, fue Marcelo. Así cuentan que acusó Miguel Ángel Mancera cuando en Los Pinos le preguntaron quién había filtrado a la prensa (Carmen Aristegui) los datos sobre la casa blanca…”.
Basados en esta versión periodística, Mancera “sapeó” a Marcelo. Lo delató.
¿Qué piensa de ello Ebrard?
“No creo que sea una volada. Debe tener bases… si Mancera hizo eso, estaríamos ante un problema muy serio de credibilidad de una persona”.
Es decir: Marcelo da por hecho que Mancera lo “chivateó”, más allá de que Ebrard niegue haber filtrado la información sobre la “casa blanca” a Aristegui. Eso queda rebasado. El punto aquí es, sin duda, la traición de Mancera a quien le heredó el cargo: Marcelo Ebrard.
La traición. La vileza.
*****
Línea 12 del Metro.
Desatada la furia de Los Pinos contra Marcelo Ebrard, encauzada a través del GDF encabezado por Mancera, el episodio se convirtió en una trama de traiciones y venganzas personales. Ebrard da su versión –más allá de omisiones durante su administración-, y en ella se asoma, de nuevo, acechante, una traición de Mancera:
“Primero, el GDF dijo que estaba mal todo. Luego dijeron que estaba mal el trazo. Luego que estaban mal los materiales. Después de un año del cierre, la empresa que contratan para analizar qué está mal, dice: la obra civil no es el problema, sino el tren. Por contrato, el proveedor del tren es el responsable de su diseño, fabricación, mantenimiento y operación. Basta pedirle a esa compañía modificar el tren para que lo haga. ¿Por qué se tardan un año? Es incomprensible. Lo que va quedando claro es que todo lo que el GDF está haciendo hoy – cambiar las ruedas del tren, la suspensión, parte de las vías y el balastro-, pudieron hacerlo hace un año”.

Para Ebrard, a eso se limitaba el problema de la Línea 12.
Para Los Pinos, Mancera y algunas plumas oficialistas, la cárcel debería ser el destino de Marcelo.
*****
Si Marcelo Ebrard conocía las chabacanerías, debilidades y frivolidades de Miguel Ángel Mancera como Procurador de Justicia del DF –su sello fue la fabricación de culpables-, ¿por qué lo hizo candidato a la Jefatura de Gobierno?
Conozcamos una breve historia:
La primera opción de Ebrard para sucederlo, era Alejandra Barrales. Sin embargo, la sobrecargo cometió un error: se acercó demasiado a René Bejarano quien le pidió apoyo a espaldas de Marcelo, Alejandra le dijo que sí, y cuando el astuto Bejarano la quiso poner a prueba, Barrales se echó para atrás. Ebrard lo supo y juzgó este acercamiento como una deslealtad, y eliminó a Barrales.
La segunda opción era un incondicional de Ebrard: el hoy Senador Mario Delgado, quien garantizaba lealtad, pero no triunfo electoral. En las encuestas, Delgado nada más no crecía. No prendía. No emocionaba. No podía ser candidato.
La tercera opción era alguien ajeno al primer círculo de Marcelo: Martí Batres, brazo derecho de López Obrador. A los marcelistas no les gustaba. No tragaban a Batres. Lo tacharon.
Así llegó la cuarta opción: Miguel Ángel Mancera, un abogado con suerte y circunstancia, un hombre sin formación política sólida, un personaje sin carisma ni intelectualidad. De escasas luces. De rebote llegó Mancera a la candidatura. De puritito rebote. Lo demás es historia.
*****
El error de Marcelo Ebrard fue de cálculo: bien sabía que Mancera era un personaje fácilmente manipulable, maleable. Creyó que esas condiciones lo convertirían en el sucesor perfecto para el maximato político. No fue así.
¿Por qué?
Porque Mancera, efectivamente, cayó en un juego de manipulaciones, sí, pero contrarias a los intereses de Marcelo Ebrard. A Mancera lo manipularon, rápidamente, Peña Nieto, los hermanitos Serna y quien opera como verdadero Jefe de Gobierno: Héctor Serrano.
Allí radicó el gran error de Ebrard: no calcular también que el manipulable Mancera obedecería a otros intereses, y no a los suyos. Entonces llegaron las traiciones.
Hoy por hoy, Ebrard tilda a Mancera de traidor.
Razones no le faltarán.

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