Todos contra Pemex y la CFE

17 Nov

  
En el tercer trimestre de 2015, tanto Petróleos Mexicanos (Pemex) como la Comisión Federal de Electricidad (CFE) reportaron pérdidas históricas. Ya como Empresas Productivas del Estado, luego de la transformación administrativa aplicada luego de la aprobación de la Reforma Energética, ambas entidades atraviesan por sus crisis financieras más profundas y el Estado mexicano, el mismo que las ha desgastado por décadas y las convirtió en sus cajas chicas incluso para el despilfarro en campañas electorales, las ha abandonado a su suerte.

Ese es el mensaje, coinciden analistas, que manda el recorte de gastos que los legisladores les aplicaron en el Presupuesto 2016, aprobado el viernes pasado. El Gobierno federal y el Congreso, dijeron, han acorralado a ambas compañías para dejarlas sin opciones y sin posibilidad alguna de ser productivas.

El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2016 las castigó aún más con una reducción del 11.5 y 4.5 por ciento de su gasto, respectivamente.

Ahora, Pemex y la CFE tendrán aún menos dinero para invertir, justo cuando se irá materializando una mayor crecimiento de parte de empresas privadas, nacionales y extranjeras, en el sector energético mexicano.

La Cámara de Diputados aprobó un presupuesto del gasto programable y no programable para ambas empresas de más de 792 mil 901 millones de pesos; sin embargo, esta cifra es insuficiente ya que, por un lado, Pemex lleva a cuestas la caída de los precios del petróleo además una cifra millonaria en pasivos laborales, mientras que las pérdidas de la CFE subieron 240 por ciento al tercer trimestre de este año.

Ambas compañías, afirman especialistas, tienen carencias en innovación de tecnología aparte de los problemas económicos que sufre cada una en su estructura. Además tienen la obligación de comenzar a prepararse para la competencia que viene, y esta restricción de presupuesto las deja condiciones difíciles.

Los próximos meses marcarán el futuro de las dos últimas grandes empresas del Estado mexicano, y ese porvenir no parece halagador. Al contrario, en el mediano plazo se observan negros nubarrones, porque será difícil que con poca inversión, y menos voluntad política por parte de quienes hoy las operan, puedan darle vuelta a sus dificultades.

Pemex y la CFE se van quedando solas, porque todos, Gobierno federal y legisladores, las han dejado a la buena de Dios, y les quitan opciones para poder competir en un mercado abierto.

Ese parece ser el objetivo de una administración que no quiere operarlas ni quebrarse la cabeza, que parece tener el objetivo de hacerlas a un lado, sin pensar incluso en su importancia para la seguridad nacional del país.

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