Aquí no pasa nada

22 Oct

  
Nos tomábamos un café. Mi acompañante es un hombre mediático, digamos. El dueño del restaurante lo reconoció y se acercó a él, ceremonioso. Sabía que tiene nivel de Secretario en el Gobierno del doctor Miguel Ángel Mancera. Lo conoce como cliente desde hace tiempo y, aunque es discreto, le fue soltando los datos con mucho cuidado.

Le contó que en julio pasado, cuando Rodolfo Fernando Ríos Garza visitó restaurantes para “verificar si estaban extorsionando”, antes llegó un enviado de su oficina para “recomendarle” (esa palabra utilizó) qué decir durante la entrevista con el Procurador capitalino. Porque esas entrevistas –ustedes recordarán el triste espectáculo– las hizo acompañado de cámaras, periodistas y elementos del Grupo Especial de Reacción e Intervención (GERI) y del Ministerio Público móvil.

–Me sugirieron qué decir ante las cámaras –dijo el hombre, un poco apenado y muy alarmado porque, agregó, el tema de las extorsiones en la Condesa es una realidad.

La payasada –no puedo llamarla de otra manera– de las entrevistas con cámaras y a modo es parte de un circo mayor: la seguridad en la capital. El Jefe de Gobierno ha dicho hasta el cansancio que no operan cárteles en la Ciudad de México. Lo ha repetido tantas veces que tuerce la boca cuando se lo vuelven a preguntar. Pensará: qué bien joden estos periodistas. Pues sí, qué bien joden también los ciudadanos, porque la maroma sirve al circo, pero no a la realidad.

“Operan La Familia, Los Zetas, Los Aterrados, Los Chineros, Los Coreanos, Los Nuevos Zetas que salieron de Veracruz y Acapulco y vienen acá, entre otros. Hay por lo menos siete u ocho bandas que están haciendo lo suyo”, denunció la semana pasada Guillermo Gazal, presidente de Procentrhico. Dijo que en el último año, 487 establecimientos han sido extorsionados por estas organizaciones.

Los testimonios hablan de muertos en Tepito. Los testimonios hablan de amenazas cumplidas en Condesa y en Roma.

No voy a citar más fuentes que ASEGURAN que los cárteles operan en el DF porque me da flojera. Si en el gobierno capitalino quieren fuentes, que las busquen. Los ciudadanos saben que el crimen organizado opera en la ciudad. Hay ríos de textos en la red. Hay ríos de testimonios y denuncias en redes sociales y en medios. Hay redes de distribución de drogas de las más caras a las más baratas. Lo sabe casi cualquier joven y lo saben en bares, restaurantes, lugares de entretenimiento.

Periodistas, columnistas, ciudadanos, activistas, empresarios: todos han alertado lo que vive la capital.

“Sí es un lugar de tránsito. Sí es un lugar de abastecimiento de tecnología, pero es muy diferente que habláramos que hay un cártel asentado. Esta versión que yo estoy en este momento, estoy externándoles, así lo platique con la Procuradora General de la República”, insistió Mancera hace semanas o meses.

–Me sugirieron qué decir ante las cámaras –dijo el hombre.

Y se lo dijo a un Secretario, a un individuo del primer círculo de Mancera.

Yo estaba allí, nadie me lo contó.

***

Me mandó un mensaje por Telegram. “Me urge tomarme un café”. Nos vimos en un Vips y después nos encontramos en una terraza.

No voy a dar muchos datos porque quien que me contó esto no tiene miedo, sino pavor. Otra vez la Condesa, otra vez extorsión. Daré claves: primero amaneció en la puerta del negocio un “arreglo” –así me lo dijo uno de los dueños–, una cosa de brujería o de la santa muerte. Luego una advertencia escrita con pintura en el baño de hombres. Después de un proceso terrible de amenazas de muerte, en las siguientes semanas un ¡policía! (sí, un policía capitalino, me dijo) se encargó de dar garantías de que los dueños cumplieran con el acuerdo impuesto por los criminales.
Eso sucedió hace menos de un año. Luego aparecieron dos muertos en la zona. Hubo al menos un secuestro.

Los dueños vivieron meses de terror porque si una patrulla recogía el sobre de dinero, ¿a quién se puede acudir? Vino una ola de denuncias anónimas (de ellos y de otros dueños de negocios en Condesa y la Roma) a dos medios en particular. Al no tener interlocutor en el gobierno hablaban con los medios a escondidas. Cuando se hizo viral la denuncia, los malandros se desaparecieron pero con la promesa de regresar.

Después de estos episodios, de estas amenazas y de su divulgación, llegó el Procurador Rodolfo Fernando Ríos Garza con sus camaritas a hacer un espectáculo barato y tristísimo.

Tristísimo para nosotros, los ciudadanos, que somos los burlados. Un espectáculo barato porque los afectados directos saben que es simulación; que la situación se ha descompuesto en la capital.

***

El pasado 6 de octubre se entregaron a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal 487 quejas de extorsión en el Centro Histórico, dijo Procentrhico. Espero que nadie en el gobierno capitalino se moleste, pero citaré estos datos del INEGI, de la edición 2015 de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE):

Se estima que para 2014, “en el Distrito Federal se denunció el 10.7 por ciento de los delitos (en 2013 fue del 10.1 por ciento), de los cuales el 78.5 por ciento llevaron a inicio de averiguación previa en el Ministerio Público (en 2013 fue del 66.9 por ciento). Esto es, del total de delitos se inició averiguación previa en el 8.4 por ciento de los casos (en 2013 fue del 6.7 por ciento)”.

Es decir: si se presentaron 487 quejas por extorsión este mes de octubre sólo en el Centro Histórico, de acuerdo con la cifra negra calculada por el INEGI para el Distrito Federal hubo 4 mil 551.5 casos de extorsión.

Y apenas unas 400 averiguaciones aproximadamente, de esos 4 mil 551.5 casos, se habrán abierto en el MP.

No estoy inventando nada, ni quiero joder a nadie, pero la percepción de inseguridad en los años de Mancera se disparó. La encuesta de INEGI dice que de 2011 a 2012 bajó 3.81 por ciento la percepción del ciudadano de que la capital es insegura: estaba en 75.3 por ciento y llegó a 70.8 por ciento. Pero de 2012 a 2013 (no se enojen, doctores, los datos no salen de mi oficina), la percepción ciudadana de que la seguridad empeora creció a 73.0 por ciento, es decir, 3 puntos porcentuales de golpe. De 2013 a 2014 aumentó este mismo indicador a 77.6 por ciento, es decir, 2.52 puntos porcentuales.

Y entre 2014 y 2015, años del doctor Mancera en el poder, aumentó la percepción de inseguridad otros 2.44 puntos, es decir, ahora rondamos en 78.5 por ciento.

¿Y qué tanta confianza tiene el capitalino en la policía de Mancera? No se enoje nadie, que no invento datos (son otra vez de INEGI a 2015): sólo el 33.6 por ciento confía. Dos datos que ayudan a entender la cifra: a nivel nacional, el promedio es que 49.2 por ciento de los ciudadanos confían en su policía estatal; la Marina, la mejor calificada con mucho, tiene una aceptación de 81.1 por ciento en el DF. Esto contra el 33.6 de confianza en la policía de la capital.
Me aburren las cifras. Tengo preguntas: ¿Qué caso tiene que Mancera siga negando la existencia de crimen organizado en el DF, si hay tanta evidencia? ¿Sólo por necedad? ¿Sólo porque es muy macho y los machos no se equivocan ni se desdicen ni mienten ni lloran? ¿Alguien tiene una explicación a la actitud de Mancera? Si se molesta con los periodistas cuando le preguntan sobre el tema, ¿también se molesta con INEGI cuando muestra resultados de su encuesta?

La política de seguridad de Mancera parece estar basada en la idea de “negar para servir”. O, dicho con todas las letras, negar que existen los criminales para servirle a los criminales. ¿O quién más sale beneficiado con el discurso de negación de Mancera? No el ciudadano, por supuesto.

Peor está el Procurador: simular, en un servidor público encargado de la seguridad, no es mentir. Similar, en un Procurador, es servirle a los más cabroncitos. A los criminales, pues.

No creo que el PRD vaya a ganar la capital en 2018. Me lo dice el instinto y lo dicen las cifras. Pero aún si ganaran otra vez los perredistas, sería bueno que quien llegue agarre el toro por los cuernos y termine con la simulación. Porque el doctor Mancera, ocupado en empacar para irse a Los Pinos (ajá), tenderá a simular más, a negar lo que es evidente para la mayoría.

Tenderá –una manera de ejemplificarlo– a las entrevistas a modo. Como lo hace su amigo, asociado y protegido, el Procurador Rodolfo Fernando Ríos Garza.

–Me sugirieron qué decir ante las cámaras –dijo el restaurantero. Y se lo dijo a un Secretario, a un individuo del primer círculo de Mancera.

Yo estaba allí, nadie me lo contó.

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