#YaCholeConSusMentiras

16 Oct

  
La realidad es terca. Necia. Tiene siempre el mal gusto de imponerse.

No importa que hagamos o digamos los individuos, los hechos y las circunstancias pesan más. Realidad mata discurso, diría el clásico.

Por eso, lo lógico sería reconocerla, tratar de descubrirla lo mejor posible, incluso abrazarla. No hay cambio posible sin aceptación de lo que hay y lo que es. Pero no, esa no parece ser la actitud de nuestra clase política.

Esta semana Raymundo Riva Palacio se refería en su columna a las mentiras de Aurelio Nuño, Secretario de Educación sobre el ausentismo docente a lo largo y ancho del país. Justo la semana pasada el Presidente Peña Nieto aludía a las naciones que no son transparentes y las señalaba del peligro del autoritarismo. Sí, ese mismo Presidente que se niega a transparentar y hacer público el contenido íntegro de un tratado internacional de comercio como el TPP.

Pero si ya sabemos que ese será el sello de la casa durante el resto del sexenio. Entonces, ¿por qué nos sorprendemos?

Sin duda porque la anomalía sigue allí: no son tiempos ya para este tipo de prácticas tan lejos de la democracia que pregonamos y la modernidad que perseguimos.

Pero en todo caso la actitud opaca y cínica de este gobierno que simula –y afirma- ser un ”nuevo PRI”, tiene cierta lógica: es la única manera que conocen de ejercer el poder y conservarlo. Frente a ese PRI que sigue siendo el mismo y del que hace mucho no espero gran cosa, lo que más me molesta es la actitud cobarde y cómplice de la oposición.

Ya lo han señalado también la prensa internacional y algunos analistas nacionales: sorprende que tengamos una oposición tan pobre, lo mismo la izquierda que la derecha. Hasta ahora el PAN y el PRD no han sido más que siglas distintas del mismo estilo de gobernar: los cuates, el dispendio, la corrupción. Pura irresponsabilidad y al más alto nivel.

Nota: De los partidos-franquicia ni hablamos.

¿Se acuerda de la fiesta blanquiazul?, ¿los moches?, ¿el “Señor de las ligas”?

Visto desde afuera, la situación de nuestro país sería un buffet para los partidos políticos de oposición: un Presidente señalado, cuestionado y en los niveles más bajos de popularidad de la historia apenas arrancando la segunda mitad de su sexenio. Un equipo herido en todos los flancos importantes: Osorio Chong con la fuga de “El Chapo” Guzman, Luis Videgaray con el desempeño económico mediocre. Y por supuesto la insuficiencia y lentitud pragmática del gran impulso reformista que no termina de rendir frutos por más que los spots digan lo contrario.

Pero visto desde adentro vemos que el PAN y el PRD no abrazan la crítica a la corrupción con la misma energía y entusiasmo que abrazaron el pacto por México.

Dejaron ir hechos tan contundentes como la “Casa blanca” de la Primera Dama, la corrupción de OHL o los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, para fijar postura y exigir justicia.

“Somos una oposición responsable”. Remata nuestra ilustre oposición para evadir su principal responsabilidad que es, precisamente, oponerse.

“Somos una oposición madura”. Se excusa nuestra oposición para aceptar las dádivas que el gobierno federal y el Presidente le prodigan a cambio de su silencio o su voto favorable.

En los próximos días veremos a quienes propone el Presidente Peña Nieto para ocupar las vacantes de la Suprema Corte. Seguro veremos candidatos cercanos al PRI y a Los Pinos, la pregunta es si el PAN y el PRD recordarán para qué están allí y actuarán en congruencia.

¿Jugarán su rol fiscalizador y de contrapeso?, ¿harán las preguntas incómodas?, ¿pondrán sobre la mesa los compromisos y faltas de independencia de los candidatos?

Insisto. La realidad es demasiado necia como para obedecer los caprichos de un Presidente o de los partidos politicos.

El rotundo fracaso del spot #YaCholeConTusQuejas evidenció la incongruencia entre los beneficios de las reformas que tanto cacarea el discurso presidencial y lo que sucede en la vida cotidiana de todos los mexicanos.

Sin embargo, no se antoja posible, ni pronto, un cambio de estrategia en el equipo de Presidencia. El cambio cabría entonces esperarlo de la oposición, si acaso aspira a recuperar el poder en 2018. Pero de verdad no se ve cómo, no con los mismos que ya conocemos.

Nuestra vilipendiada partidocracia no termina de entender que el ciudadano los abandona en las urnas y en el ejercicio de gobierno por una razón harto sencilla: están cansados de sus mentiras. No importa el color del partido o el nivel de poder, la incongruencia que se exhibe a diario en los medios y las redes sociales derrumba cualquier posibilidad de confianza.

Por eso se fincan ahora expectativas tan altas en las candidaturas independientes que, seguro, habrán de rendir lo mismo frutos que decepciones.

Los candidatos independientes son humanos igual que los partidistas, se equivocarán y acertarán. Lo que debemos esperar de ellos no es la reconstrucción total de nuestro sistema democrático, sino más bien algo de aire fresco, algún otro estilo, un mínimo de congruencia.

Aquel otro entramado más ambicioso y complejo, solo será posible si los partidos se transforman desde adentro y vuelven a ser espacios verdaderos de representación. No camarillas de algunos cuantos. Sedes del tráfico de influencias.

Por eso, ahora que se vienen elecciones en una tercera parte del país y estarán en juego gubernaturas muy relevantes, los partidos tienen la obligación de proponer candidatos competitivos y con trayectorias por lo menos creíbles.

Proponer lo de siempre alcanzará, tal vez, para ganar, pero no para gobernar con cercanía y visión de estado. Obtener triunfos con niveles de abstencionismo superiores al 60% significaría que gobernarán solos, con ellos y para ellos, una mala noticia para todos.

Son tiempos de refundación para los partidos y el gobierno. Nuestros líderes políticos tienen ahora una responsabilidad más grande que la de conservar sus sillas y presupuestos: tienen el reto de darle viabilidad a nuestra desilusionada democracia.

Los mexicanos no queremos más simulación… #YaCholeConSusMentiras.

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