ROSI HACE “TRATA” DE VÍCTIMAS, ACUSAN; “SON SOBREVIVIENTES”, REVIRA (1 de 3)

23 Ago

Rosa María de la Garza, conocida como Rosi Orozco –utiliza el apellido de su esposo Alejandro Lucas Orozco Rubio–, es una de las activistas en trata de personas más reconocidas de México. Su imagen trasciende en los medios de comunicación y ha sido el puente para que las víctimas aparezcan en entrevistas exclusivas en televisión, radio, prensa escrita y eventos públicos en más de una ocasión. Sin embargo, para algunas de sus homólogas, la forma de conducirse de la presidenta de la Comisión Todos Unidos contra la Trata, violenta los derechos humanos de las víctimas, “las revictimiza y las utiliza” para sacar provecho político de sus casos.
Esta es la primera de tres partes de la historia de cómo una mujer se conduce como activista con las víctimas, los beneficios que ha obtenido a lo largo de los años, sus conexiones políticas y el culto que, acusan sus detractores, enseña no sólo a las niñas, adolescentes y jóvenes dañadas, sino también a los tratantes a quienes visita en las cárceles para darles una oportunidad de “pedirles perdón” a las mujeres que un día explotaron sexualmente.
Es la historia de una mujer que considera “sobrevivientes” a las víctimas, que se deslinda de todas las fundaciones y asociaciones con las que los medios, políticos, empresarios, donatarios, opinión pública, madres y víctimas la relacionan.

Es el rostro de Rosi Orozco que asegura no está obligada a proporcionarles atención psicológica previa a las víctimas que presenta en los medios de comunicación, pues en todo caso, afirma, son los medios los que deben proveerla. Es la cara de la activista que, argumenta, no tiene la obligación de darles de comer a las jóvenes que han padecido daño y que acuden la Cámara de Diputados, por invitación suya, con antifaces en el rostro, para contar sus historias. Si pasaron un día entero sin alimento por permanecer en los eventos públicos que organizó como Diputada, no es su problema, asegura. 

 
El día que Emilia pasó la mayor hambre de su vida estaba embarazada y no comió un solo bocado durante más de 12 horas. Un día antes, Rosa María de la Garza o Rosi Orozco ordenó a las trabajadoras del albergue de la Fundación Camino a Casa, donde Emilia se recuperaba después de escapar del padrote que la tenía secuestrada, con un hijo de él en su vientre, que preparara a las niñas embarazadas porque pasarían temprano a recogerlas para llevarlas a la Cámara de Diputados, afirma la jovencita que hoy tiene 17 años.

Emilia tenía 13 años y Rosi Orozco, una activista que lucha en contra de la trata de personas y es considerada por la revista Forbes como una de las 50 mujeres más poderosas de México, no les preguntaba a las menores si querían o no acudir con máscaras en el rostro a la Cámara de Diputados a participar en los eventos que organizaba, asegura la ahora adolescente.

“No, más bien sus princesas teníamos que ir. Tienen que estar listas, allá les decía: ‘alístame a las tres panzas a tal hora porque van a pasar por ellas’. Así nos decía a las embarazadas”, dice a SinEmbargo Emilia, una víctima de trata que vivió durante seis meses en el albergue de la Fundación Camino a Casa que dirige Patricia Caso.

Aunque la fundación es dirigida por otra persona, es Rosi Orozco, en ese tiempo era Diputada Federal, quien es identificada por la joven como la persona que las llevaba, traía, ordenaba dar entrevistas a medios de comunicación y sonreír a los políticos, aunque no tuvieran ganas.

SinEmbargo buscó a Rosi Orozco y en entrevista niega que alguna vez haya utilizado el término “alístame a la panzas” para referirse a las niñas embarazadas.

–¿Usted alguna vez utilizó ese término?–, se le cuestiona.

– Yo creo que ya alguno de los giros negros está haciéndote una jugada, porque no, pues digo, ¿tú me ubicas diciendo eso? Me has oído en tantos medios, ¿cómo vamos a referirnos a un ser humano valioso de esa manera? Me parecería muy denigrante.

–¿Usted cree que hay un giro negro detrás de esto que estoy preguntando?

–No, tú no. Sino hay toda una estrategia de los dueños de los giros negros. Hay una desesperación de quienes han perdido tanto dinero, eso no tengas la menor duda. Hay muchas cosas que están haciendo.

Pero el testimonio de Emilia fue recogido por SinEmbargo en las oficinas de una organización internacional que se dedica a brindar apoyo a las víctimas de trata. La joven, tres años después de ser víctima, aún recibe terapia psicológica gratuita en ese lugar.

Emilia es un seudónimo para resguardar la identidad de la víctima. Este diario digital posee el testimonio grabado de la jovencita en donde da cuenta de lo que vivió, de acuerdo con su versión, en manos de Rosi Orozco, a quien identifica plenamente como la que tomaba las decisiones en el albergue, a pesar de que Orozco, en la charla con este diario, se deslindó de todas las fundaciones con las que se le asocia y sólo se reconoce como parte de la asociación civil que preside: Comisión Todos Unidos Contra la Trata.

Rosi Orozco se desmarca en entrevista del actuar de la fundación camino a casa pesar de que en el registro más reciente de las donatarias autorizadas de la Secretaria de Hacienda y Crédito Publico (SHCP) aparece como representante legal su esposo, Alejandro Lucas Orozco Rubio, cuya ficha de oficio data del 27 del junio de 2013. Ella asegura que aporta donativos mensualmente a cuatro fundaciones, las asociaciones además de la fundación que representa su esposo son: Pozo de Vida AC, de Iliana Ruvalcaba López; Red Binacional de Corazones AC, constituida en Tijuana, Baja California, de Alma Alicia Mares Cossío, y la Asociación Nacional Contra la Trata Humana en la Sociedad (ANTHUS) cuya representante legal es Mariana Wenzel Gonzáles.

Benny Yu, fundador de Pozo de Vida, informó a SinEmbargo que la asociación no recibe fondos de Orozco y tampoco tiene nada que ver con ella.

También Mariana Wenzel, directora y representante legal de ANTHUS, aclaró a este diario digital que la organización que dirige no recibe ningún tipo de apoyo ni de Rosi ni de ninguna de sus organizaciones.

En tanto, Orozco asegura que con Fundación camino a casa, asociación que ella fundó, no está involucrada desde 2009 cuando cedió los derechos a otras manos.

Emilia identifica a Rosi Orozco como quien realizó el evento en donde pasó hambre y como quien ordenó llevarla a la Cámara de Diputados. Ese día las tres jovencitas embarazadas se recargaban una sobre la otra en sus asientos, mientras el foro se desarrollaba.

“Esa vez fue horrible. Íbamos tres embarazadas y fue horrible. Nos tuvieron sentadas enfrente de los que estaban dando el informe y ni agua, ni comida. Llegamos como a las nueve [de la mañana] y acabamos como a las nueve o 10 [de la noche] y nada. Rosi comiendo galletas, agua y nosotras sentadas. Ellos sí con sus galletas y agua y nosotras no. Las tres embarazadas estábamos recargadas, nos dio mucho sueño. No podía ni ir al baño porque estaban periodistas y te preguntaban”, dice Emilia.

En entrevista, Rosi Orozco niega haber llevado a alguna víctima a la Cámara de Diputados y pedir que se cubrieran el rostro con máscaras.

“No, cuidado. Ahí fueron sus mamás, las organizaciones que las tenían y quienes las llevaron. Fueron muchas organizaciones de la sociedad civil quienes apoyaron la iniciativa [de Ley que ella impulsó y que está vigente]. Yo no llevé a nadie”, afirma.

La presidenta de Comisión Unidos Contra la Trata también se deslinda de la responsabilidad de brindarles alimento a las víctimas que acudían a sus eventos.

“Bueno no sé si comieron. Yo no sé. Mucha gente apoyó, pero ella misma te está diciendo que fue su mamá. Hice muchos foros, invité a muchísima gente, pero nunca me hice responsable de que desayunaran, comieran o se transportaran. No era un acarreo de gente, la gente iba porque estaba invitada”, argumenta.

En efecto, ese día la madre de Emilia, la señora Martina (también se utiliza seudónimo para proteger la indemnidad de la víctima), acudió desde muy temprano a la Cámara de Diputados por petición de Rosi Orozco, asegura, para enviar recordatorios del evento al resto de los diputados y para montar la exposición.

Martina afirma que nunca conoció la dirección donde estaba su hija: Emilia era llevada y traída a ver su madre en una camioneta y nada más. Tampoco se le pidió autorización para que su niña de 13 años acudiera a los eventos que organizaba Orozco y mucho menos para llevarla a dar conferencias de prensa.

“Como tal permiso jamás. Nada más me hablaba Rosi y me decía ‘necesito que estés en tal lado’. Lo que no me parecía es que muchas veces era demasiado, me percaté cuando yo conozco a Rosi, que ella se movía por intereses políticos, no por el bienestar de las chicas. Me llegó a pedir Rosi que tenían una exposición del tema de la trata, pero eran unas pinturas de la Conapo [Consejo Nacional de Población] que prestó de los niños. Para montar la exposición estuvieron personas que trabajaban ahí en la Cámara, la secretaria de Rosi, que recibían un pago. A mí me pidió Rosi que la apoyara en enviar recordatorios a todos y cada unos de los diputados de cada partido, y a montar la exposición. Voluntariamente lo hice, pero no sabía que ella estaba motivada por fines políticos, no sabía que se iba a lanzar para Senadora. Lo que me sacó mucho de onda esa vez, es que dejó sin comer a las niñas”, relata.

Ese día en el que Emilia no probó bocado, tampoco lo hizo su madre Martina. La mujer sólo recuerda que en la Cámara de Diputados había un restaurante llamado “Las brisas, junto a unos elevadores”, donde se vendía comida.

“Había ahí una niña de 10 años, la más chica, otras con sus bebés y otras embarazadas, entre ellas mi hija. En la cuestión de la identidad les ponían unas mascarillas, eran súper descuidados, porque se les veía la mitad de su carita. Las exhibía. Yo como mamá lo siento así”, dice Martina.

No era la primera vez que las víctimas de trata acudían a la Cámara de Diputados con máscaras en el rostro. El 7 de abril de 2011, Rosi Orozco, como Diputada del Partido Acción Nacional (PAN), presentó a 10 víctimas del pederasta Jean Succar Kuri. Siete mujeres y tres hombres llevaban antifaces. La presencia de las víctimas causó molestia y polémica en las bancadas de otros partidos. Las menores subieron al palco de invitados del Salón de Plenos.

Rosi Orozco dio una conferencia de prensa, acompañada de las víctimas y anunció que presentaría un libro con los testimonios.

Para Emilia la historia es conocida. En más de una ocasión fue testigo, afirma, de cómo Rosi Orozco arriesgó la integridad de las menores víctimas de trata por llevarlas a dar entrevistas a los medios de comunicación o presentarlas ante periodistas y políticos para dar testimonio de lo que vivieron en cautiverio.

Arriesgó su integridad en una ocasión que “despepitó” su nombre con apellidos en frente de reporteros y otros invitados, asegura Emilia.

“Rosi una vez metió la pata y dijo mi nombre. Esa vez había periodistas y nos puso máscaras y nos subió a seis chavas. Me pasó enfrente y despepitó mi nombre. Dijo ‘hemos rescatado a’ y dijo mi nombre completo. A mi me dio mucho miedo”, relata.

En una ocasión, recuerda la joven, a una de las víctimas que era mayor de edad, Rosi Orozco la llevó a un noticiero de cadena nacional. La joven apareció a cuadro con el rostro descubierto y días después, fue secuestrada de nuevo por los tratantes que la explotaron sexualmente en el pasado. La golpearon hasta casi matarla.

“Se la llevó Rosi a una entrevista con Lolita Ayala por ser mayor de edad. De la Fundación se la llevó Rosi y hasta le arreglaron las uñas y el cabello. Tres o cuatro días después de que salió en las noticias, la secuestraron y le pegaron una semejante golpiza que casi le sacan el ojo y las uñas arregladas. Casi la matan a la pobre chava”, dice.

La joven fue secuestrada de la preparatoria a donde iba a estudiar, cuando aún vivía en el albergue, dice Emilia.

“Los secuestradores son de Tlaxcala. Los hijos de [se omite el nombre] son del padrote. A ella nomás le dijo Rosi: ‘ya estás preparada para hablar’, y se la llevó a arreglar, los niños se quedaron en el fundación y ella con tal de salir en la tele, dijo: ‘¡sí!, ¡sí!’”, afirma.

Sin embargo Rosi Orozco niega acusaciones, como niega también otorgar terapia psicológica a las víctimas antes de llevarlas a algún medio de comunicación.

–Hay algunos señalamientos que se refieren a que usted lleva a las niñas a los medios de comunicación a dar entrevistas. ¿Estas niñas reciben antes de ir a los medios, alguna terapia?

–Bueno primero que nada, cuando tú tienes a una persona que quiere dar su testimonio, como medio, si es un adulto y si ya no es una víctima, es una sobreviviente. No creo que como medio, tú le digas que no. Puede hablar una persona que tiene la misma libertad que cualquier otra o a Alejandro Martí le preguntas si ya tomó terapia antes, o Isabel Miranda de Wallace. Una persona que sobrevivió a un proceso es un ser humano como cualquiera, que tiene los mismos derechos como cualquiera, tiene derecho a callar y derecho hablar.

Orozco asegura que no son niñas, sino personas adultas y sobrevivientes: “No estamos hablando de víctimas y yo creo que nadie les puede negar, si además un medio las llama. El caso Zunduri, la Procuraduría le pregunta, después de haber tomado terapia y de estar con los médicos, ella dice sí quiero. Tiene 22 años, digo, no creo que el medio le haya preguntado o la haya evaluado psicológicamente, no sé. Eso es asunto de los medios. Lo único que hice fue darle fuerza, no fue yo promoverla, yo no tengo un medio”.

Rosi Orozco no considera víctimas de trata a las personas que ya pasaron por un proceso. Son sobrevivientes, asegura. Cuando acuden a los medios de comunicación van en esta condición, explica.

En cuanto a los albergues, como el de Fundación Camino a Casa, Rosi se deslinda de si ofrecen terapias o no.

“Yo no tengo albergue. No tengo refugio. No soy titular de ninguno”, dice.

  
EL INGRESO DE EMILIA AL ALBERGUE DE FUNDACIÓN

Emilia llegó al albergue de la Fundación Camino a Casa en septiembre de 2011, luego de que logró escapar del tratante que la tenía secuestrada. Nadie la encontró. No fueron las autoridades, ni su madre, ni Rosi Orozco quien dio con ella.

Vio la oportunidad y escapó.

Antes, a su madre Martina la había contactado Rosi Orozco, quien la citó en la Cámara de Diputados y le prometió que haría todo por ayudarla a recuperar a su pequeña hija de 13 años, asegura.

“El día que fui a verla había otras mamás buscando a sus hijas. Algunas sus hijas mayores e edad, en el caso mío, mi hija tenia 13 años”, relata.

Martina inició su calvario, sus idas al “Búnker –la sede de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF)–, en donde en más de una ocasión le perdieron su expediente, asegura.

Rosi Orozco le presentó al entonces Procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, hoy Jefe de Gobierno capitalino.

“Las primeras veces que vi a Rosi me llevó a ver a Mancera que era el Procurador. Cuando estuvimos ahí, sí le dije que se desaparecían los expedientes con frecuencia y cero detenidos. De hecho las personas que se robaron a mi hija una de tantas veces me dijeron que trabajaban para la policía, que no les iban a hacer nada. Entonces como me decían eso, yo desconfiaba mucho del Búnker y no llevaba ningún dato”, narra.

Cuando Emilia escapó de sus captores llegó a la casa de su abuela y de ahí fue recogida por las autoridades que la llevaron a la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra), donde declaró por cinco días.

Matilda asegura que fue Rosi Orozco fue quien le llamó y le dijo que tenían que sacar a la niña de ahí y llevarla al albergue. Entonces Germán Villar, presidente en ese momento de la Fundación Reintegra AC, fallecido hace unos meses, le informó a la madre de Emilia que debería entregar a la menor en las oficinas de la Fundación Camino a Casa.

“Pero que no me iban a decir dónde estaba por cuestiones de seguridad. Nunca supe en dónde estaba el albergue, simplemente se la llevaban a ella en una camioneta y punto. Así conozco a Germán y a su esposa Lorena. Me dicen que él es el representante legal que firma de recibir a mi hija. Yo conozco nada más de las oficinas de Camino a Casa en Villa Olímpica”, dice.

Emilia fue llevaba a un albergue en donde llegaban las menores de edad que no tienen hijos. Si llegaban embarazadas se quedaban ahí y cuando parían, si tenían un varón, las mujeres eran trasladadas a unos departamentos.

La madre de Emilia asegura que a la menor no se le hicieron exámenes para revisar el estado del embarazo hasta un mes después de su ingreso al albergue. La mujer veía a su hija los miércoles y los domingos en la asociación no religiosa Casa Sobre la Roca, en donde a las víctimas les hablaban del evangelio. Ahí se percató que la menor no recibía atención médica.

La niña empezó a sangrar y Martina pidió al personal del albergue y a la misma Orozco que le realizaran un legrado. Se negaron, afirma.

“Ella tenía constantes sangrados y Germán y Lorena me decían que ya hasta le había bajado la regla. Le dije a Rosi: ‘dicen que ya le bajó, entonces que le hagan un legrado. Allá en fundación saben que está embarazada mi hija’. Rosi me dijo: ‘no cómo crees. Yo lo checo con Germán’”, cuenta.

Entonces al día siguiente, Martina recibió una llamada de Germán notificándole los resultados de los estudios de su hija, el estado del feto y el tiempo de gestación.

“Mi hija me decía: ‘yo ya no quiero tener el bebé mamá. No me dan medicamentos, no tomo ácido fólico, dicen que digo que estoy embarazad para comer doble porción’”, narra.

–¿Rosi no tolera el aborto?–, se le pregunta a Martina.

–No, contesta tajante.

Emilia lo confirma. El legrado nunca fue una opción para ella, ni para ninguna de las menores embarazadas que conoció durante su estancia en el albergue. Simplemente no se les daba la información necesaria, las opciones y el tiempo permitido por la ley para realizarse un legrado.

Matilde asegura que durante los seis meses que permaneció su hija en el albergue, vio a unas 20 menores más. Algunas muy solas, sin familiares. Niñas de Honduras, Guatemala, El Salvador.

“Me di cuenta que mentían. Rosi en tres ocasiones fue a dar conferencias a personas de altos recursos. Fuimos al Palacio de Gobierno del Estado de México, allá estuvieron autoridades del Edomex. Ella decía mucho que le preocupaba rescatar a las personas. Darles la terapia necesaria y el tiempo que necesitaran para darse cuenta de que hay otras formas de vida. Hasta ahí estoy de acuerdo. Pero se rompió el propósito cuando no les da seguimiento necesario. Sólo en casos muy específicos lo hace”, asegura.

–¿Tendrá qué ver con los casos que lleva a la televisión?–, se le pregunta

–Sí nada más. Es por eso que es un fin económico.

Rosi Orozco niega las afirmaciones. En cuanto a la falta de medicamentos y la prohibición del aborto, asegura que ella no tiene nada qué ver.

“Eso jamás lo he oído en ninguno de los albergues, eh. Todos los albergues respetan lo que digan la mamá, pero no te puedo contestar por ellos. ¿Por qué no buscas a los titulares? Y yo nunca estaría de acuerdo de que no le dé permiso de hacer su voluntad, porque para eso son libres, siempre que tengas delante a una víctima, lo que le tienes que enseñar es que es libre para tomar decisiones”, dice Orozco.

  
FINGIR QUE TODO ESTÁ BIEN, CUANDO NO LO ESTÁ

A Emilia le decían que fingía estar embarazada para comer doble ración en el albergue. Porque, de acuerdo con la joven, las porciones no eran nada sustanciosas.

Si la porción normal eran dos galletas. A las embarazadas les daban otras dos. También doble ración de atole: una mezcla de más agua que leche que debían tomarse a pesar de las nauseas del embarazo, cuenta.

También implicaba un poco más de huevo con tortilla… y Emilia no termina de contar, pero hace una mueca de desagrado.

Se le revuelve el estómago nada más de recordar aquel atole y el hambre que pasaba embarazada, confiesa. El desayuno se servía a las ocho de la mañana y la comida hasta las tres o cuatro de la tarde, dice. A media mañana no había nada que comer. Sólo si las menores tenían dinero, las encargadas del albergue podían ir a comprar algo a la tienda más cercana. Si no, debían conformarse.

Por eso la mayoría de las jovencitas eran delgadas. Incluso Emilia embarazada estaba delgada, asegura.

En la comida, era tan buena según la encargada. Había dos. Una de ellas les daba caldos, sopa y más agua. De cena una sopa Maruchan, relata Emilia.

En ocasiones, dependiendo de la encargada, donativos como jamón se echaban a perder y había que tirarlo. Cuando quien servía los alimentos era la más generosa, había pollo y mole de olla, agrega.

Pero Emilia recuerda con especial tristeza que cuando llegaban los diputados, los empresarios y demás visitas al albergue, había que “fingir la sonrisa y decir: ‘gracias todo bien’, cosa que no estaba nada bien”, dice.

“Sí da coraje, porque Rosi es muy diplomática y política. Sale con diputados que nosotras sabíamos que estaban en la trata y ella sonriendo. Ella es muy política”, insiste.

–¿Alguna vez te sentiste utilizada por Rosi?

–Sí, cuando iban los diputados y uno tenía que estar sonriendo.

Emilia asegura que además, las menores con las que ella convivió y ella, eran trasladadas todos los domingos a Casa Sobre la Roca, una organización de la cual es fundador y dirigente Alejandro Lucas Orozco Rubio, esposo de Rosi Orozco.

No les preguntaban si querían ir. Era obligatorio.

“Ellos lo toman como una asociación no religiosa. A las nueve de la mañana teníamos que estar”, dice Emilia.

–¿Pero las adoctrinan ahí?

–Sí, porque entras al paso del discipulado.

Emilia nunca tomó terapia psicológica en el albergue. Pero sí, comenta, le ayudó las reuniones de mujeres que hacía Orozco, en donde podían compartir sus experiencias, gritar y desahogarse.

TERE ULLOA: “HAY TRATA DE VÍCTIMAS”

La directora de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y niñas en América Latina y el Caribe, Teresa Ulloa Ziáurriz, se dice preocupada por le manejo de la Fundación Camino a Casa y en específico, por la forma de conducirse de Rosi Orozco con las víctimas.

Hay trata de víctimas, con todas sus letras, argumenta.

“En últimas fechas se ha agravado la preocupación por el manejo que está haciendo la Fundación Camino a Casa y su representante legal y todas las demás organizaciones que constituyó cuando salió la Cámara de Diputados que son como 10: Comisión Unidos Contra la Trata, Fundación Reintegra, porque sí consideramos que hay trata de víctimas, porque se utiliza a las víctimas para sacar provecho personal”, afirma.

Ulloa, una de las homólogas de Rosi Orozco y una de las mujeres más importantes del país que trabaja el tema de la trata de personas, asegura que Orozco exhibe “todo el tempo a las víctimas”, con el permiso de la Procuraduría capitalina y el Gobierno de la Ciudad de México porque “le entrega las víctimas de trata, cuando ni siquiera está en el registro federal de organizaciones de la sociedad civil, ni en el registro del DF”.

Para la activista existe una violación sistemática de los derechos humanos de las víctimas, en total impunidad. El abuso ya se denunció asegura y no se ha hecho nada.

“Las lleva a los medios de comunicación cuando están en crisis todavía. No permite el aborto, procura y casi casi las obliga a que se conviertan a su religión. No pueden tomar ansiolíticos. No les permiten que tomen ningún tipo de medicamento recomendando por médicos, porque tienen que salir solas, tomadas de la mano de Dios”, dice.

Ulloa lamentó que Casa Sobre la Roca esté constituida como una asociación civil sin fines de lucro, cuyo objeto social son los estudios bíblicos y no como una asociación religiosa, donde se practica un culto.

“Hacen servicios los sábados y domingos y obligan a al gente a que se afilien. Andan ofreciendo el apoyo de todos los cristianos del país a cambio de prebendas y lugares en el gobierno”, afirma.

–¿Qué hay de cierto que Rosi Orozco visita en la cárcel a tratantes de personas que están sentenciados?–, se le pregunta.

– Le pidió permiso al Jefe de Gobierno y él lo permitió, porque ellas los iban a convertir, para que se arrepientan. De ese tamaño es. Tiene un sentido de megalomanía terrible, sentencia.

Adriana Dávila Fernández, Senadora del Partido Acción Nacional y Presidenta de la Comisión en Contra de la Trata de Personas, expone que el caso más evidente del mal manejo de una víctima es el de Zunduri, una joven que escapó en abril de este año, luego de permanecer encadenada dos años en una planchaduría del Distrito Federal. La joven fue expuesta a los medios de comunicación a los pocos días.

Zunduri fue llamada en varios titulares como “La esclava de la tintorería”. Quien se encargó de llevar y traer a Zunduri a las entrevistas fue Rosi Orozco, afirma Dávila.

“Ella se escapó un martes. El viernes pone una denuncia y el lunes siguiente ya estaba en todos los medios, dando declaraciones, entrevistas. Cuando revisamos el boletín de la Procuraduría del Distrito Federal, vemos que tenía anemia y heridas graves. Sus órganos internos atrofiados. Ella debía estar en resguardo, conpsicólogos. Pero no sólo eso, ¡se la llevan a Argentina!”, dice.

Rosi Orozco en efecto, dos semanas después de que la víctima escapó del cautiverio y la pesadilla que vivió, se llevó de viaje a Zunduri a Argentina y dio cuenta de ello en su cuenta de Twitter [@rosiorozco], en donde subió fotografías de la joven con distintas personalidades durante la primera semana de mayo.

   
 
“¿Quién le dio permiso y la visa para que se fuera? Yo sí reclamé, pregunté. Creo que hay alguien que está teniendo una conducta de seducción, de enamoramiento, para revictimizar a las chicas como ella. Zunduri es el caso ante todos los ojos visto. No tengo nada personal con Rosi. Es un tema profesional en lo que no estoy de acuerdo”, afirma la Senadora.

En el caso concreto de Zunduri, asegura Adriana Dávila, desde la perspectiva de derechos humanos, hay un manejo inadecuado.

–¿Hay también una responsabilidad de las autoridades que le permiten a Rosi Orozco este tratamiento de las víctimas?

–Sin duda. Yo hice un llamado a la Procuraduría del Distrito Federal para que nos dijera qué está pasando, cuál fue el procedimiento que se usó. No es un asunto menor.

–¿Piensa hacer algo al respecto?

–Yo ya hice algo. Hay un punto de acuerdo por el caso Zunduri, que es el más visible. Hice una rueda de prensa. Los medios de comunicación no han tomado en cuenta esto. Les venden la idea de que hay que presentar a las víctimas, hay que verlas, hay que ponerles máscaras, cuando no se está contribuyendo a la defensa y protección de las víctimas.

Las diferencias entre la Senadora Adriana Dávila y Orozco surgieron desde que la primera llegó a la Comisión de Trata en el Senado de la República.

“Después me acusó de que yo no quería recibir a las víctimas y no quise porque la petición concreta fue que teníamos que traerlas, subirlas al pleno, ponerles máscaras y que contaran sus historias. Yo conocía que el tema de atención a víctimas tenía que pasar por un proceso muy responsable y yo no acepté eso. Aquí nos reunimos con la víctimas en privado, porque es importante no revictimizar”, argumenta.

Rosi Orozco niega emprender alguna acción en contra de Dávila y afirma: “lo único que dije y que molestó es que lo que ella propone beneficia a los tratantes y perjudica a las víctimas. Es todo. Además estoy en mi derecho como ciudadana de calificar a los legisladores, no hay nada de malo en eso”.

Dávila se propuso revisar la Ley General contra la Trata de Personas que Orozco impulsó en la Cámara de Diputados cuando fue Diputada.

La Senadora y un equipo multidiciplinario de trabajo, que duró más de un año, encontraron 60 errores en la Ley vigente que impulsó Rosi Orozco.

“Errores como en la definición de tipo penal. Empezamos a revisar la parte técnica y la exigencia de ella fue que no le cambiáramos ni una coma a la Ley, porque esta recién hecha, no era posible que la cambiáramos”, dice Dávila.

La Ley General Contra la Trata hace que a los agentes del ministerio público les sea difícil acreditar el delito. Fallas como en el artículo 12, referente a servidumbre, que no sanciona la explotación en prácticas religiosas o culturales abusivas, entre otras, indica.

Adriana Dávila afirma que Orozco orquestó una campaña mediática en contra de ella.

“Han salido difamaciones que estoy aliada con los tratantes. Lo utilizan en mi estado para golpearme, llegó hasta a mi hija, en la escuela de mi hija [una niña]. Te quiero decir que empezaron a difundir un video de una llamada mía, donde me quejo de ella [de Rosi]. Yo estaba en la campaña de Ernesto Cordero y la utilizaron para golpearme. Tengo tres denuncias por eso, porque no me puede detener esto. La llamada fue difundida por la maestra de mi hija y fue muy duro para mi”, dice la Senadora.

Adriana Dávila asegura que hay muchos políticos que le temen a Rosi Orozco. Porque quien no está de acuerdo con ella, se convierte en tratante y queda a expensas de una campaña mediática de difamación.

“Mucha gente decide no meterse, es más fácil decir ‘para que me meto en estos temas’. Quizás algunos no están vinculados y son consumidores y tienen miedo a que les hagan una campaña. Yo he hecho un llamado a las autoridades sobre qué está pasando y porqué no están haciendo nada”, dice.

La Senadora asegura que no puede competir con Rosi Orozco, porque no cuenta con una estrategia mediática y porque desde procuradores, hasta gobernadores, le tienen miedo a la calumnia.

“En lo personal no me cabe en la cabeza que una difamación, un engaño, tenga que detener tu trabajo. Ella tiene que demostrar que lo que dice es cierto, que somos tratantes”, indica.

–¿Utiliza a las víctimas para mentir y difamar?–, se le pregunta.

–Me gustaría conocer cuántas víctimas han cambiado sus historias. Algunas las utiliza, a otras las fábrica, lo que no significa que no haya víctimas que sufren ese tema.

–¿Qué sabe de que Rosi visita a los padrotes en la cárcel?

–Rosi fue a Tlaxcala y señaló que está escribiendo un libro con 13 padrotes y que tres de ellos ahora serán activistas.

Rosi Orozco niega en entrevista hacer algo en contra de la Senadora. Sólo reconoce que Dávila, busca con su propuesta, beneficiar a los tratantes.

  
ENCARAR AL TRATANTE Y OTORGAR EL PERDÓN

Marcela es una víctima de trata cuya historia está contada en el libro de la periodista Evangelina Hernández y Rosi Orozco: “Del Cielo al Infierno en un día”.

La joven mujer fue secuestrada en su pueblo por un tratante que primero la enamoró y después la trasladó a la zona de La Merced en el Distrito Federal, donde la obligó a prostituirse.

Un operativo en el Hotel Oviedo en 2010 rescató a Marcela de su calvario. El tratante, el padrote, actualmente está preso y sentenciado por el delito de trata de personas.

De acuerdo con una fuente relacionado al caso, Rosi Orozco acudió en varias ocasiones a conversar con Pedro, el seudónimo con el que se identifica en el libro al padrote que explotó a Marcela. Le llevó la palabra de Dios, para finalmente ponerlo frente a su víctima para que tanto ella, como él, se otorgaran el perdón.

En entrevista con SinEmbargo Rosi Orozco aceptó que visita a los tratantes en la cárcel, pues cree en el perdón.

–Me dijeron que usted hace visitas a los tratantes para evangelizarlos–, se le comenta.

–A ver, he aprendido que la justicia restaurativa es algo muy poderoso en las cárceles. ¿Qué sucede cuando a un tratante o a cualquier delincuente, tú le enseñas a enfrentar el daño que hizo a la sociedad? Pueden salir de la cárcel siendo más responsables de sus hechos. Hemos logrado que tratantes pidan perdón a las víctimas. Eso no tiene que ver con religión, tiene que ver con asumir una responsabilidad y enfrentar a quien hizo daño y que la persona que hizo daño, pueda tener el valor de decir: ‘¿Porqué Pedro? ¿Por qué me hiciste esto?’. Y Pedro entender toda la secuela, el daño que hizo. Toda la afectación a un valioso ser humano. Yo creo que si nosotros seguimos las normas que han sido exitosas en las sociedades que quieren readaptar a los presos, no tiene que ver con religión. Tienen que ver con que tengan una perfecta armonía con el prójimo y entender sus hechos tienen consecuencias. Ahora yo creo que cualquier cárcel hay diferentes métodos para readaptar. Esto es uno es muy poderoso, contesta, sin especificar de ninguna de las dos partes, si se refiere a Pedro, el padrote que explotó a Marcela.

–Y usted, ¿les habla de algún Dios cuando va?–, se le pregunta.

–Siempre digo que Dios te bendiga. Siempre que puedo decirle ‘acércate’, ¿por qué no le vas a decir a un delincuente que se acerque a Dios?, ¿tendrá algo de malo?

– Ahorita que me dice que usted ha logrado que pidan perdón a sus víctimas…

–Ajá.

–¿Ha llevado llevado a alguna persona, a una víctima, a que le pidan perdón ahí a la cárcel?

– A ver, yo creo que los psicólogos y psicólogas que atienden este tema, siempre han sido responsables de preparar tanto al tratante como a las víctimas. El que yo sea testigo o no de eso, la verdad ojalá que me tocaran haber visto muchos. Sí he llegado a ver cómo le pide perdón una persona que ha hecho daño a una persona que ha dañado. Me parece muy poderoso, es muy importante para las víctimas. Lo que dicen ellas es: ‘cerré un círculo, de algo que estaba pensado, ¿por qué lo hizo?’. Es muy poderoso. ¿Por qué no te pones a estudiar lo qué es justicia restaurativa. Creo que vale la pena, te vas a sorprender, en muchos países es lo que ayuda a readaptar a los delincuentes.

–Rosi, entones eso la deja como que está trabajando en las dos partes: ¿con tratantes y con víctimas de trata?

–¿Y no son seres humanos también? El tema de trata de personas tiene que ser asumido desde una posición en la que yo valoro al ser humano, cualquiera que sea. Muchas personas que están en las prisiones han sido víctimas, de hecho muchas jovencitas que fueron desde niñas víctimas, cruzan la línea a ser victimarias. ¿Por qué no vas a visitarlas? Son seres humanos, merecen una oportunidad, una hoja en blanco, una nueva historia, ¿por qué no?

–¿Entonces usted sí está de acuerdo en darles esa oportunidad a los tratantes? ¿Usted sí les da una hoja en blanco?

– Pues no los vamos a sacar de la cárcel, ahí siguen. Pero, ¿por qué no los vas a tratar como seres humanos? ¿No lo son?

–¿No se revictimiza a la persona si se le enfrenta con su agresor?

–¿Por qué no estudias justicia restaurativa? Yo creo que tiene que ser un proceso y los psicólogos tiene que decir en qué momento. Las víctimas lo anhelan, algunas. Acuérdate que cuando uno es libre tiene la oportunidad de tomar de decisiones y cuando son adultas son sus decisiones. Ellas deciden

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