Con el respeto debido

13 Ago

Impunidad es el agua que corre, en estos días, por las cunetas. Impunidad cae sobre los techos, con la impunidad nos desayunamos y con la impunidad nos vamos a la cama. Un día sí y otro también debemos pasarnos con jugos de hiel ese hueso rugoso que es la impunidad.
En el desvergonzado acomodo moral de los políticos mexicanos, es fácil que piensen que si hay una “casa blanca”, están aprobadas muchas casitas blanquitas. Entonces parecen competencias. Qué importa que Emilio Lozoya, director de Petróleos Mexicanos (Pemex), se reúna en un sótano de la CFE con José Andrés de Oteyza, director de OHL México. Da lo mismo que se piense lo que se piense. Ya ni siquiera es necesario dar explicaciones creíbles. Lozoya, quien cobraba un salario en OHL hasta antes de ser funcionario, puede sacarse lo que quiera para “explicar” su viaje a los sótanos. Y qué. Si hay una “casa blanca”, es poca cosa una reunión en lo oscurito con el que aparentemente es uno de los empresarios (y ex Secretario de Estado) más corruptores de México.

Impunidad sembrada con ejemplos: Humberto Moreira no es perseguido por la justicia mexicana, o Guillermo Padrés; pero a ambos se les sigue un juicio en Estados Unidos por sospechas de que saquearon las arcas públicas ¡en México! El ex Gobernador Jorge Juan Torres López abandona en Las Bermudas 3 millones de dólares que robó de la tesorería de Coahuila y nadie lo persigue. El gobierno de Estados Unidos se los queda y ya. Poca cosa. Que se chinguen los coahuilenses, que son los que pagan esos 3 millones de dólares con sus impuestos.

Los tres últimos gobernadores priistas de Tamaulipas se pasean libremente por los restaurantes de la capital aunque la DEA dice que son parte del crimen organizado. El chofer pagado por el Senado le espera en la puerta al señor Carlos Romero Deschamps. José Murat “tiende puentes” entre las fuerzas políticas aunque una investigación de The New York Times reveló su fortuna escondida en propiedades y fideicomisos. César Duarte endeuda 233 por ciento a Chihuahua, mete dinero público a su banco privado y qué. Muchas casitas blanquitas, sí, y qué.

Si Javier Duarte –con apenas 40 años y ejemplo del “nuevo PRI”– puede encabezar impunemente una administración con 15 periodistas asesinados y darse el lujo de lanzar amenazas a los medios, entonces su colega Roberto Borge (otro priista) puede impulsar una Ley en el Congreso que pone las reglas para ser reportero: sólo los que estén en una nómina, dice, podrán ser protegidos por la justicia. Rubén Espinosa, hoy muerto, no merecía protección porque era freelance. Tampoco Pedro Canché, el periodista al que encarceló y a quien le dedica todo su odio.

La impunidad tiene muchos rostros pero el mismo bronceado. El entonces Gobernador del Estado de México oculta datos de feminicidios para llegar “limpio” a la candidatura presidencial; oculta 8 millones de pobres; oculta los niveles de violencia. Si Enrique Peña Nieto lo puede hacer, ¿por qué no todos los demás? Él es el modelo a seguir; él es el modelo de éxito: puede estar hasta el cuello de cuestionamientos y su partido, el PRI, sigue ganando elecciones; puede estar hasta el cuello y no importa: sigue siendo el hombre más poderoso, en teoría, del territorio mexicano.

En el túnel oscuro del México que vivimos, la única luz que brilla es la equivocada: para allá van corriendo los políticos más jóvenes y se dan codazos para llegar. Y la luz es la del tren de la impunidad. Los políticos mexicanos suben, gustosos, a los asientos de clase plus: si hay una “casa blanca”, razonan, habrá casitas blanquitas para todos. Idiota el último en llegar; pendejo el que no se sentó.

***

La frase que dirigió Javier Duarte a los periodistas poco antes del asesinato de Rubén Espinosa:

“Se lo digo a ustedes, por su familia pero también por la mía, porque si algo les pasa a ustedes a mí me crucifican todos: pórtense bien. Todos sabemos quiénes andan en malos pasos. Dicen que en Veracruz sólo no se sabe lo que todavía no se nos ocurre. Todos sabemos quiénes, de alguna u otra manera, tienen vinculación con estos grupos [del crimen organizado]. Todos sabemos quiénes tienen vínculos y quiénes están metidos con el hampa. ¡Pórtense bien, por favor! Se los suplico. Vienen tiempos difíciles…”

No, no todos sabemos quiénes tienen nexos con el hampa: ¿por qué no nos ilustra el señor Gobernador? ¿A qué tiempos difíciles se refería el señor Duarte?

Dijo, también: “Pórtense bien. Le vamos a dar una sacudida al árbol y van a caer algunas manzanas podridas”.

¿De cuál árbol hablaba el Gobernador? ¿Una rama de ese árbol estaba en la colonia Narvarte? ¿La sacudida incluye balazos en la cabeza? ¿Las manzanas podridas son los periodistas que lo critican? ¿A eso se refería?

***

Impunidad con nombre (Javier) y apellido (Duarte). Desde hace años se sabe que madrea reporteros, editores, dueños de medios. Desde hace años hay denuncias de cómo corrió a uno, logró que despidieran a otro y presionó a aquél con la publicidad. Años denunciándose que el señor tiene un menosprecio bárbaro por los periodistas y por la libertad de expresión. Años en los que, a la par, corre sangre.

Y años en los que una parte de los dueños de medios locales juega a que les pegan y extienden la mano. Eso dicen denuncias puntuales.

Me meto al archivo por ocio:

“Hay un control económico muy fuerte a través del convenio de publicidad, con los medios. Hay periodistas que son millonarios gracias al dinero del gobierno del estado […]. Aquí se crean publicaciones que están para aplaudirle al Gobernador, y esto viene desde la época de Fidel Herrera. Se le aplaude a un Gobernador y se vuelven unos magnates del periodismo”. 10 de enero de 2015.

“Derivado del trabajo que se realiza en los periódicos que dirijo, María Gina Domínguez Colío [entonces directora de Comunicación de Duarte] me ha pedido, muy comedida, la salida de algunos de mis trabajadores, por no convenir a sus intereses. En fechas recientes, he detectado movimientos inusuales de gente extraña a bordo de camionetas sin placas, merodeando en mis fuentes de trabajo y domicilio. No creo en las casualidades”. 9 de septiembre de 2013.

“‘No seas tonta. Periodistas como tú siempre terminan mal: sin nada, jodidos, solo con sus sueños’, le dijo Jorge Anaya Huerta, gerente del diario Notisur, de Coatzacoalcos, Veracruz, a Sayda Chiñas Córdoba, hasta esta semana Jefa de Información del diario pues fue despedida. Sayda ha exigido justicia para los reporteros desaparecidos en redes sociales y en manifestaciones. En esa misma junta Marco Antonio Anaya Huerta, ex Secretario de Obras Públicas y hermano de Jorge Anaya, le afirmó que la estaban manipulando. ‘No seas pendeja, te están manipulando. Todos los directores de medios están sacando provecho de esas protestas y tú dando la cara. Te estás dejando manejar’, le dijo”. 10 de enero de 2015.

“Pendeja después del Moisés sigues tu perra te estamos checando (sic)”. 2 de febrero de 2015.

El 29 de abril de 2013 publiqué: “Javier Duarte es un peligro para México”. Dije:

“El 20 de noviembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto estaba a días de tomar posesión como Presidente de México, Javier Duarte dio a conocer una conversación que ambos sostuvieron. Para entonces, la conformación del gabinete presidencial era sólo especulaciones. El Gobernador de Veracruz dijo: ‘Se los digo puntualmente: yo recibí ya una invitación por parte del Presidente electo Enrique Peña Nieto para participar en su administración. Solamente que la invitación es para enero de 2017. A partir de ese día estaré yo integrado al gobierno federal. Hasta ahora tendré que desarrollar con una gran emoción y un gran orgullo el cargo que tengo y que trato de honrar todos los días’”.

Porque he visto mucho y lo que veo me confirma que la impunidad es el agua que corre por las cunetas, puedo decir que a nadie debe extrañarle si, en algunos meses más, Duarte entra al gobierno federal.

De una vez que lo hagan Secretario de Gobernación. De una vez que lo hagan Secretario de Educación o Procurador General de la República.

Sólo hace falta que el agua de la impunidad baje de la cuneta al drenaje para que Javier Duarte complete (con el respeto debido a Gregorio Samsa) su transformación en cucaracha.

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