La fuga: estoque de muerte para el Gobierno

16 Jul

  La fuga de “El Chapo”, dijo Edgardo Buscaglia a SinEmbargo, marca el fin de la credibilidad en el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, y confirma la enorme crisis de corrupción que permea en todas las instituciones del Estado mexicano.

Además, el Director del International Law and Economic Development Center e investigador principal en Derecho y Economía en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, percibe que la administración del priista mexiquense tiene poca capacidad para revertir los daños que en apenas dos años y siete meses se ha causado a sí mismo en términos de legitimidad.

Las respuestas con las que el Gobierno mexicano ha tratado de explicar el escape de Joaquín Guzmán Loera, líder del Cártel de Sinaloa, han provocado aún más dudas. El lunes, cuando Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), respondió a las preguntas de la prensa nacional y extranjera, se evidenció la incapacidad de la que habla Buscaglia. El “Supersecretario”, el hombre que desde el inicio del sexenio concentró todas las instancias de seguridad en torno a esa dependencia, encargada de los asuntos internos del país, era un manojo de nervios y las palabras salían a tropezones de su boca: que si “alguienes” ayudaron al “Chapo”, que si “traén” esto y aquello, que si el brazalete de localización que portaba el capo era casi de juguete porque la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) no les permite ponerles a presos de tan alta peligrosidad otros de mayor seguridad, que si la celda del narco tenía “puntos ciegos”… puras habas, pues.

La imagen del Secretario de Gobernación –quien encima aspira a la candidatura presidencial del PRI en 2018–, sus tropezones, su desazón, fue también la de un Gobierno debilitado al máximo desde hace meses. Y lo del “Chapo” simplemente le ha dado la puntilla, un estoque de muerte que lo mantiene de pie, pero amorcillado y buscando las tablas para emitir el último suspiro.

En la historia moderna del país, los mexicanos no hemos visto fenecer a un Gobierno en dos años y siete meses del sexenio. En este lapso, cualquier otro Presidente vivía momentos de gloria y de un poder absoluto.

Pero a fuerza evadir los grandes problemas del país, en especial la corrupción y la impunidad que la genera; de eludir las responsabilidades de Estado e incluso de esconder cifras y hechos para esquivar las críticas, este Gobierno federal se despide con una cauda de interrogaciones y sin aceptar que la corrupción, ésa que dicen ellos es cultural, será su legado.

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