Edomex: la derrota silenciosa del PRI

6 Jul

+Eruviel Ávila entregó malas cuentas electorales
+Del Mazo junior quiere la gubernatura

Si bien los principales titulares tras la elección del 7 de junio se los llevaron El Bronco en NL, Morena y su triunfo en el DF, la debacle del PRD y de Mancera, así como la victoria de candidatos independientes, muy pocos hablaron – o fingieron demencia-, sobre la innegable derrota que sufrió el PRI en el Estado de México, a pesar de haber conservado la mayoría en el Congreso local… gracias a sus alianzas.

        ¿Por qué importa el descalabro electoral priista en el Edomex?

        Por tres razones de fondo:

        Primero, porque es la tierra de Enrique Peña Nieto y, se quiera o no reconocer, fue un parámetro de cómo andan los ánimos electorales en los que deberían ser dominios del Presidente.

        Segundo, porque el Edomex es una de las reservas electorales más importantes del PRI debido a su listado nominal: casi 11 millones de votantes.

Tercero, porque el principal operador político priista del Edomex es el gobernador Eruviel Ávila, quien ya sembró las primeras semillas de la derrota para el PRI en 2018 y, de paso, ve fracturadas sus ya de sí escasas posibilidades de ser – como ambiciona-, el próximo candidato presidencial del PRI. “Si alguien como Peña ganó la Presidencia, ¿por qué no Eruviel?, es una de las frases más escuchadas en Toluca.

        Por todo ello, obligado es echar un vistazo a cómo ha comenzado a germinar la derrota priista para años futuros en el Edomex y que tuvo, el 7 de junio pasado, sus cimientos.

*****

                De 2011 a 2015 – último año de Peña Nieto y gobierno de Eruviel Ávila-, el PRI ha perdido alrededor de un millón 700 mil votos. El 7 de junio pasado, en comparación al 2012, el priato obtuvo un millón 200 mil sufragios menos. No son cifras que los priistas soslayen.

        Aún más: el PRI fue derrotado en municipios claves: Naucalpan – que regresó a manos del PAN tras los desastrosos gobiernos priistas de Azucena Olivares y David Sánchez Guevara-; Huixquilucan – con mal candidato: Fernando Maldonado-; Nezahualcóyotl, arrasado por el PRD, y Texcoco, donde Morena los barrió.

        Y si bien Eruviel Ávila – apegado a la tradición política del priismo de asumirse en el principal promotor electoral del estado-, llevará a cuestas la derrota, hay otro personaje clave en el fracaso priista: Carlos Iriarte, el líder del PRI en el Edomex.

        ¿De quién es cuadro Iriarte? Directamente, del subsecretario de Gobernación, el oscuro Luis Miranda que, a su vez, es de los hombres más íntimos e influyentes de Peña Nieto. Así, gran parte la derrota priista del 7 de junio en el Edomex se le debe cargar al grupo compacto de Los Pinos, vía Iriarte.

        Muchos priistas y plumas afines cacarean: ¿cuál derrota, si el PRI mantiene su hegemonía al ganar la mayor parte de los Distritos, mantener mayoría en el Congreso y conservar Toluca, corazón político del Edomex? Esta, empero, es una visión equivocada, simplista e insostenible.

        Si bien el PRI ganó 83 de 125 municipios, perdió algunos que son estratégicos (mencionados líneas arriba) y que, por su importancia de membresía electoral (Texcoco y Neza) y financiera (Naucalpan), sin duda serían la punta de la mecha que encendiera el resto de las derrotas del priismo en 2018. El PRI perdió 17 alcaldías claves. Son la meta de arranque para que, como efecto dominó, caigan las demás fichas en contra del priismo.

        El Congreso mexiquense será dominado por el PRI, para variar, gracias al Partido Verde y al Panal, ya que con los cuatros legisladores aliados, el priismo logrará conservar el control.

        Otro factor fue el crecimiento indiscutible de la oposición en el territorio peñista-eruvielista: PAN, PRD y Morena obtuvieron triunfos en 48 municipios. El panismo obtuvo 20 alcaldías y el llamado “corredor azul” tomó color nuevamente, al triunfar en Naucalpan, Huxquilucan, Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán Izcalli. Morena, de la nada, vale hoy 9 puntos electorales en el Edomex.

        Allí están los números y las expectativas.

        Allí estaría el germen de la derrota priista en 2018 en el Estado de México, lo cual sería más que saludable para la democracia ya que, sin duda, el priismo mexiquense es el más corrupto, nocivo y antidemocrático del mapa tricolor.

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Hasta la noche del sábado 6 de junio, Eruviel Ávila estaba más que optimista de ganar “carro completo” y afianzarse como sólido aspirante presidencial. Hoy ha comenzado a palidecer. Las derrotas en municipios fundamentales se estrellaron en su línea de flotación, y ha quedado debilitado.

En 2017 habrá elección para relevar a Eruviel, quien no escatimará recursos ni presupuestos para alcanzar la candidatura presidencial priista y repetir el modelo Peña Nieto. Sin embargo, enfrente tiene, desde ahora, a Beltrones, Videgaray, Osorio Chong…y a Aurelio Nuño

Y también desde ahora, es el junior Alfredo del Mazo Maza – a quien Eruviel derrotó en 2011 para la gubernatura-, quien lleva la delantera para erigirse en candidato del PRI al Edomex dentro de dos años.

¿Cuál es el mérito del junior del Mazo? ¿Es un político brillante? ¿Es un personaje que despierta confianza? No. Nada de eso. Es primo de Peña Nieto y con eso podría alcanzarle. La pregunta es: ¿la próxima sucesión en el Edomex se manejará desde Los Pinos, o Eruviel vencerá, por segunda ocasión en tan solo seis años, a la poderosa dinastía del Mazo?

Por lo pronto, allí está la semilla de la derrota priista en el Edomex, sembrada el 7 de junio.

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