Pemex: la víctima de la Reforma Energética

20 Jun

Los analistas lo advirtieron antes de comenzar la discusión en el Congreso de la Unión sobre la Reforma Energética propuesta por el Presidente Enrique Peña Nieto y su partido, el Revolucionario Institucional (PRI): el cambio constitucional pone a competir a Petróleos Mexicanos (Pemex) ante lo más granado de la industria de los hidrocarburos, pero lo hace en una situación de desigualdad no sólo frente a las compañías extranjeras, acostumbradas a la batalla cuerpo a cuerpo, sino que el propio Estado mexicano le ha quitado las armas e incluso pretende cortarle los brazos, con la clara intención de que la empresa, que ha sido la madre dadora de la mayoría de los recursos públicos en México, sea avasallada.

Luego, ya en la discusión de la Energética, al menos 79 legisladores de oposición alertaron que la privatización del sector energético era un paso para dar la puntilla a Pemex, empresa a la que mandaban sin fusiles al campo de batalla en contra de las gigantes trasnacionales. Pero todos fueron ignorados por el bloque conformado por el PRI, el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (Panal).

Ayer, SinEmbargo difundió parte del “Informe Anual 2014 de Petróleos Mexicanos” que recibió al finalizar abril la Comisión Permanente del Congreso, y donde la ahora Empresa Productiva del Estado mexicano reconoce que podría perder el derecho para la extracción de las reservas que le fueron asignadas en la Ronda Cero, por no cumplir con el plan de exploración establecido o, simplemente, porque no tiene dinero.

“Conviene destacar, sin embargo, que Petróleos Mexicanos no puede garantizar que tendrá o estará en posibilidades de obtener, en el tiempo esperado, los recursos suficientes que sean necesarios para explorar y extraer las reservas de las asignaciones adjudicadas, o en su caso, a través de los derechos que se le adjudiquen en el futuro”, plantea el documento elaborado por la propia Secretaría de Energía (Sener), que comanda Pedro Joaquín Coldwell, y que fue una de las principales promotoras de la Reforma Energética.

Además se advierte: “La capacidad de Pemex para hacer estas inversiones está limitada, entre otros aspectos, por la cantidad de impuestos y derechos que se pagan al Gobierno federal”.

Es decir, Pemex está ahorcada por las propias disposición del Gobierno federal y por legisladores que no vieron más allá de sus narices, en pro de intereses personales y de sus grupos partidistas.

Uno de los argumentos más socorridos para justificar la Teforma fue que Pemex estaba sólo en el mercado mexicano, que no se daba abasto, que asumía todos los riesgos y, para colmo, que carecía de tecnología, capital, conocimientos, experiencia y capacidad para realizar los proyectos que exigían las nuevas circunstancias geológicas y energéticas.

Por ello, argumentó el Gobierno de Peña Nieto, se necesitaba un salvamento urgente y efectivo. La estrategia de modernización y fortalecimiento de Pemex propuesta por el Presidente y aprobada por el Congreso, sin embargo, estuvo alejada del sentido común: primero, se le retiró a la empresa pública toda exclusividad; segundo, se le quitó la mayor parte de su acervo de recursos petroleros; tercero, se le envió a toda prisa a luchar en el mercado, dándole pocos instrumentos de ataque y defensa, y cuarto, se le advirtió que sería retirada de la contienda si comenzaba a ganar demasiadas batallas e impedía el crecimiento de sus rivales.

Así de absurdo.

Desde hace tiempo se observa que un nutrido grupo político y empresarial lucha por extinguir paulatinamente a Pemex, y a la presencia del Estado mexicano en la industria petrolera. Y hoy ya todo el mundo se dio cuenta que la intención de salvar a Pemex fue con muy poca voluntad política. Más que salvamento se decretaron numerosas medidas para reemplazar y extinguir de Pemex a largo plazo, porque a corto plazo era imposible por su tamaño y su peso en las finanzas públicas.

El hecho de que Pemex no vaya a ser partícipe ni siquiera de la Ronda Uno, donde tenía grandes ventajas, muestra que las nuevas reglas del juego están hechas para agotarla antes de comenzar a andar su nuevo camino. Además, la decisión de ser una verdadera Empresa Productiva ni siquiera está en sus manos: la Reforma Energética no le dio autonomía estratégica y, como ha sido por décadas, sigue a expensas de las decisiones tomadas al más alto nivel, y sólo entre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Sener y Los Pinos.

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