La caída del “telepresidente” es la de un sistema basado en la propaganda: Villamil

19 Jun

  La caída del “telepresidente” no es la caída de Enrique Peña Nieto al frente del Gobierno de México. Así se encarga de aclarar el periodista Jenaro Villamil, con la esperanza de que lo que aún resta del sexenio alcance para que el Primer Mandatario rectifique una política a todas luces desencantadora e ineficaz.

La caída del telepresidente, editado por Grijalbo, con prólogo de Elena Poniatowska, pone bajo la lupa el llamado “mexican moment”, cuando en los albores del nuevo PRI y cuando todavía estaba tibia la banda presidencial en el joven pecho del ex Gobernador del Estado de México, desde el exterior se aplaudía lo que veían como un milagro que sacaría a nuestro país de la violencia y del atraso.

“Fue un gran montaje”, dice Villamil, periodista nacido en Mérida en 1969, reportero de la revista Proceso y autor también de Si yo fuera presidente (2009), El sexenio de Televisa (2010) y Peña Nieto: el gran montaje (2012).

“El mexican moment fue una farsa. Los propios medios extranjeros que habían alabado al nuevo Presidente de México, comenzaron a desmontar el teatrito al encontrarse con un país de narcofosas, de miles de desaparecidos, con la historia trágica de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, con una Reforma Energética que resultó inoperante ante la baja de los precios del petróleo y con la corrupción nada disimulada del primer círculo de colaboradores del Ejecutivo”, afirma el profesional.

Para Villamil, “el cinismo es el disfraz del fracaso” peñanietista, como si la descomposición social y el receso económico no fuera responsabilidad de un Gobierno caracterizado por no oír los reclamos de su pueblo ni entender las necesidades reales de sus gobernados.

“Jenaro Villamil analiza no sólo la personalidad de Enrique Peña Nieto, también examina su proyecto de Nación —que a los ojos de sus opositores es inexistente—, critica las reformas estructurales con las que el priísta intentó transformar al país y muestra cómo su gobierno está en franca decadencia a causa de la ineptitud para solucionar los conflictos económicos, sociales y de seguridad. Los pobres son más pobres, los niveles de violencia e inseguridad se dispararon y el presidente encopetado se quedó impávido. A EPN el cargo le ha quedado grande.”, dice Poniatowska en el prólogo.

“En medio del desencanto ante la alternancia panista y el fortalecimiento de poderes fácticos como el de Televisa, se engendró un modelo de ascenso político basado en un doble engaño: la popularidad fabricada desde el derroche de la mercadotecnia televisiva, así como desde la corrupción y el autoritarismo, que representan la imposición de un liderazgo sin carisma ni capacidad probada de gobernabilidad.

La principal televisora y sus aliados transformados en maquinaria de poder político destruyeron al PRI, al sistema político y al incipiente modelo de competencia electoral y debate público”, explica el periodista en su libro.

“En este libro e trata de mostrar los mecanismos de un modelo contradictorio en sus términos, que destruye y mina las bases de legitimidad y cohesión social en torno a la institución presidencial. La ambición peñista de una presidencia imperial, al estilo bonapartista o porfirista, se ha estrellado con una fuerte resistencia social. Ante el fracaso, Peña Nieto ha optado por transformarse en un caudillo arcaico. Busca el efectismo mediático sin principios ni hoja de ruta”, agrega.

–Muy temprano mostró la hilacha este “telepresidente”.

–Sí, tuvieron que darse cuenta muy pronto que no se puede gobernar a golpe de imagen o de efectismos mediáticos o de inversiones multimillonarias para maquillar los problemas. La caída fue confirmada cuando luego del fracaso de las reformas anunciadas con bombos y platillos, comienzan a emerger los problemas de derechos humanos y violencia que se mantenían soterrados. La complicidad de las fuerzas del orden con el crimen organizado se evidenció con plenitud en el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. El otro expediente que le explotó en la cara a Enrique Peña Nieto fueron los casos de corrupción, en uno de los cuales él mismo estaba altamente involucrado con el tema de la Casa Blanca.

–Habíamos aprendido con Vicente Fox que no se puede gobernar a golpe de imagen, pero se nota que somos un pueblo sin memoria.

–Estamos no solamente desmemoriados sino crudamente decepcionados, pues si bien con Fox había una esperanza de que la alternancia modificara el sistema político, ya con Peña Nieto no había esa esperanza; es decir, el PRI se valió de la decepción ciudadana frente a la alternancia, para usar los mismos recursos mediáticos de Vicente Fox, invirtiendo muchísimo más dinero y ascender al poder vendiéndonos la idea de que lo importante no es la alternancia sino la eficacia. Además, de la mano dura del PRI y en particular del grupo Atlacomulco. Dos años después vemos que no hay eficacia, hay mucha mano dura y una falsa idea de que al Presidente no se lo debe tocar ni cuestionar, pues de esa manera se le desbarata todo su modelo de Gobierno.

–¿Hay falta de idoneidad en el Presidente y en sus funcionarios?

–Sí. No es posible que un país tan complejo como México, con una sociedad tan participativa en algunos segmentos la pretendas gobernar como si fuera un rancho o el municipio de Atlacomulco. Lo que no han entendido estos jóvenes de Atlacomulco encabezados por Peña Nieto es que si bien hay una decepción por el fracaso de la alternancia panista, hay un gran sector de la sociedad que cambió y que ya no va a estar comprando una política de telebasura o de telenovela. La gente no se va a quedar sencillamente callada cuando en Iguala desaparecen 43 estudiantes o en Tlatlaya matan a 22… ese desconocimiento de la sociedad que tiene el grupo mexiquense en el poder es lo que hace más grave todo este asunto.

–Enrique Peña Nieto parece un hombre voraz, no hay mansión que le alcance…

–Es rehén de la cleptocracia que él encabeza. ¿Qué es la cleptocracia? El gobierno de los corruptos. Peña Nieto es el producto y el resultado de la cleptocracia mexiquense. No nos queríamos dar cuenta, pero ellos gobiernan así desde hace décadas en el Estado de México. Los recursos públicos están para que ellos se apropien de ellos. Así lo ven y así lo piensan. Los recursos son para sus mansiones y sus casas. Son hasta “nacos” en ese sentido. Tienen que demostrar su poder a través del lujo. Peña Nieto no tiene otra manera de pensar el poder más que esa. Puede disimular, pero al final de cuentas se vuelve el prototipo de todos los gobernantes corruptos que ha tenido el Estado de México.

–Decir cleptocracia es aludir a la cleptomanía, que es como una enfermedad.

–La enfermedad terminal del sistema político mexicano es la cleptomanía. Y la cleptocracia del grupo Atlacomulco ya no está enfocada al Estado de México, tiene alcance nacional y la prensa internacional ya la conoce, la observa, la denuncia y la investiga. En cualquier país del mundo, un primer mandatario que tenga una mansión comprada a un contratista es un caso y rotundo caso de corrupción. Para ellos no lo es…

–La corrupción en otros países, como los sudamericanos, es una bandera de la derecha… aquí es al revés.

–Durante muchos años, la eficacia fue un valor principal de un sistema político que justificaba la corrupción. “Roban pero reparten”, decían. En los periodos de Vicente Fox y Felipe Calderón, pasó a un segundo plano porque en la alternancia se creía que si bien eran corruptos al menos no eran tan corruptos como los del PRI. En el Gobierno de Enrique Peña Nieto, lo que sucede es que la lucha contra la corrupción ya no tiene signos ideológicos. Cuando tú tienes a un candidato presidencial como Andrés Manuel López Obrador haciendo de la lucha contra la corrupción su bandera y tiene éxito con dicho mensaje o cuando tienes al “Bronco” en Nueva León, luchando contra la corrupción y tiene éxito, te das cuenta de que esa es en México una de las demandas sociales más importantes. No puede haber eficacia, no puede haber democracia, si hay corrupción.

–¿Nos gobiernan los malos?

–(risas) No creo que sea un asunto moral. Lo que creo es que es un asunto sistémico. La caída del telepresidente es la caída de un ensayo de regeneración del sistema y que resultó peor que el original. Un sistema político no puede depender de la percepción mediática o de la propaganda. Con eso no se engaña a una sociedad.

–No fue un triunfo del PRI para ti la reciente elección.

–No, no fue un triunfo del PRI. Es difícil leer resultados electorales en un país que tiene un sistema electoral y político tan complejo como el nuestro. Nuestro sistema no es democrático ni autoritario al ciento por ciento. Entonces, estas elecciones no pueden leerse como un referéndum porque en primer lugar no tenemos un sistema parlamentario. En segundo lugar, porque los priístas, que son muy hábiles durante las elecciones, hicieron todo lo posible por no destacar el sistema de las reformas estructurales y el de la eficacia del Gobierno en las votaciones. No presumieron a Peña Nieto en las elecciones. Operaron a la vieja usanza, con el control territorial y seccional de sus votos y de sus simpatizantes y clientelas. Además, en lo que hubo una especie de referéndum fue en la sanción de muchos votantes a los tres partidos políticos que forman parte del Pacto por México, operación típica del telepresidente peñista, con la que cooptó a la oposición.

–¿Qué lugar ocupa el grupo de Atlacomulco dentro de la estructura partidaria?

–Es el grupo más poderoso que sobrevivió a la debacle del PRI en el 2000. El Estado de México tiene el 20 por ciento de los votos de la República, casi un cuarto de toda la población nacional. Es la zona geográfica con mayor densidad de población y ese control del voto en el Estado de México es lo que le ha dado un enorme poder al grupo Atlacomulco, que no sólo controla los votos sino el presupuesto, el más grande de todo el país. Si el DF tiene 40 mil millones de pesos al año, el Estado duplica esa cifra. Y el PRI lo maneja como si fuera suyo.

–¿Enrique Peña Nieto gobierna con el apoyo total del PRI?

–Digamos que el grupo Atlacomulco da un asalto a la estructura priísta con la ayuda de Televisa. Convierten a Enrique Peña Nieto en inevitable candidato presidencial del partido. Lo que vamos a vivir es la inminente disputa interna en el PRI y que se ha mantenido soterrada, no abierta, no pública. Hay sectores de los priístas que están muy conscientes de haber perdido votos en Nueva León y otras entidades por la ineficacia del grupo Atlacomulco.

–¿Persistirá este Gobierno en el cinismo del fracaso?

–No veo ningún signo de corrección. Al contrario, veo una especie de autoengaño frente al espejismo de los resultados electorales y me temo que con la mayoría que van a tener en la Cámara pretenderán acelerar las reformas que les quedan pendientes, la de salud, la del sistema de aguas… y si lo hacen es que no han entendido nada y empeorarán la situación del país. Cuando eres Gobierno y te metes con los recursos naturales, aceleras conflictos sociales de una profundidad inaudita.

–Cuando fracasa un Gobierno, fracasamos todos.

–Algunos de los que me critican piensan que soy feliz porque a Enrique Peña Nieto le va mal. Por otro lado, no le va mal ni a él ni a sus funcionarios. Es más, a ellos les va muy bien, dejarán este Gobierno siendo multimillonarios, con los bolsillos llenos de dinero. Al país le irá muy mal y eso no pone feliz a nadie.

–¿Seguirá sangrando la herida de los 43?

–Por supuesto, porque no es un expediente cerrado y porque ya hay una vigilancia e investigación de los organismos internacionales, que están muy al pendiente del caso.

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