El vaquero bronco

16 Jun

¿Por qué me recuerda tanto Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” a Vicente Fox Quesada? Y no sólo a mí: lo escucho por aquí y por allá. Podría ser una campaña para desacreditarlo a priori. No sé.

Empiezo por razonar la llegada de Fox a la gubernatura de Guanajuato. Caigo en cuenta: no guardo nada de ese Fox Gobernador. ¿Lo hizo bien, lo hizo mal? Sin consultar Google, no tengo datos en la memoria a pesar de que la información es mi oficio. Sí, alguna cosita. Grilla. Nada que me diga cómo la pasaron los ciudadanos. Sólo recuerdo que, como el Partido Verde, hizo actos adelantados de campaña y empezó su colecta de dinero apenas desempacado en Guanajuato, violando la Ley. (Por cierto: Fernando Bribiesca Sahagún, hijo de Fox, fue candidato, en 2015, por PRI-Partido Verde-Nueva Alianza. Diría la filósofa panista Mariana Gómez del Campo: “La caca flota”).

Pero Jaime Rodríguez no ha sido Gobernador todavía. Apenas ganó… aunque sin plan de trabajo:
–¿Cuál es su plan para el Gobierno de Nuevo León? ¿Qué hará ahora, después de su triunfo? –preguntó la reportera Shaila Rosagel.
–Mira, amiga: nuestro primer objetivo es ver cómo está el gobierno hacia adentro. No quiero pecar de sabelotodo o de Superman. Vamos a revisar adentro del gobierno cómo está, para que a partir de revisar adentro, podamos hacer un plan que permita que resolvamos los problemas que el estado tiene. Quiero trabajar estos cuatro meses en el conocimiento del gobierno hacia el interior, para poder nosotros, en el último mes de la transición, hacer un planteamiento general de qué vamos hacer en los próximos seis años.
Va a ver qué hace, pues. A persignarse, católicos.
“El Bronco”, ¿me recuerda por las botas a Fox? ¿Por el rancho y su “vida de campo”? Quizás. Ambos se dicen rancheros. El rancho de Fox se volvió productivo cuando fue Presidente de México, y el otro, dice “El Bronco”, es exitoso desdendenantes. Aunque los datos no son del todo fiables, como dice la periodista Linaloe Flores:
“[‘El Bronco’] declaró una casa en el municipio de García, adquirida por donación en 2006 y a nombre de su esposa, Adalina Dávalos Martínez. Luego de que algunos medios le señalaron que había omitido datos de su peculio, añadió que posee un inmueble de 8 mil metros cuadrados con 400 metros de construcción en el mismo municipio y que le costó un millón 250 mil pesos en 2008. Incluyó el dato que a la fecha, debe por la propiedad 500 mil pesos con un crédito a seis años”, escribió la reportera.
O sea, una de las grandes demandas de la sociedad mexicana, la transparencia, tampoco la cumple.
En Nuevo León, “El Bronco” le dio una patada en el trasero al PRI, sobre todo al PRI, porque el PAN desdesdenantes estaba en la calle. Allí hay otra similitud. La foto que más recuerdo del Fox candidato es de la revista Proceso, cuando el botudo le pone una patada a un ataúd que dice PRI. Es decir, ambos utilizaron el descontento para colocarse.
¿Mucha expectativa? Sí, porque ambos han sido pródigos, cada uno en su momento, en las promesas. Y entre promesa y promesa, las bromitas. Con eso de que de son “ciudadanos comunes y corrientes”, “gente de rancho” y etcétera, ambos, Fox y “El Bronco”, se toman las cosas en serio y bromeando –y se los perdonamos–. En el caso de Vicente Fox, esas promesas en broma resultaron todo menos promesa. Resultaron un vergonzoso fiasco. Que en 15 minutos arreglaba Chiapas, dijo entrón el ciudadano común y corriente, el rancherito chistosón. No contó como promesa lo que dijo (casi todo) en broma: no arregló Chiapas ni arregló nada. En todo caso se arregló, pero con Carlos Romero Deschamps y con Elba Esther Gordillo. Hoy, Fox apoya a Peña Nieto (PRI) y usa como refugio para sus hijos al PRI, Panal y al Verde. Regreso total al ADN que le dio Patria… como puede hacerlo “El Bronco”, quien fue priista más de 30 años.
Similitud peligrosa entre uno y otro. El “político ciudadano” de Nuevo León dice a la periodista Shaila Rosagel: “No soy de los que le van a decir a los ciudadanos que todo lo vamos a arreglar y resolver. Lo que vamos hacer es lo que ya dijimos: quebrar la corrupción; resolver el problema del transporte público; mejorar la condición de los maestros, para que ellos puedan mejorar la condición de quienes educan”.
Sí, sí, ciudadano broncudo, ¿pero cuándo y cómo? Otra vez Fox: muy francote, muy ciudadanote, pero sin respuestas puntuales –y se lo perdonamos por “ciudadano” y por el hartazgo–. ¿A quién le pedimos que se espere, don “El Bronco”? ¿A los más pobres de su estado?
Es “Chiapas en 15 minutos”. Esos minutos no llegaron y Chiapas está ahora en manos de los vivales del Partido Verde, su nuevo refugio, señor Fox. Bonita cosa.
Me interesa la cultura y busco las promesas que hizo Jaime Rodríguez como candidato en esa materia. Entre Monterrey y Saltillo existe un fuerte movimiento cultural que se ha dado apenas con apoyo oficial. De allí es Geroca, por ejemplo, mi pintor de cabecera en estos momentos. Monterrey ha sido cuna en la promoción de una de las últimas horneadas de pintores mexicanos. Tiene ferias de arte famosas a nivel internacional. En fin. Me interesa el tema y encontré su proyecto para la cultura: Busqué en Google “El Bronco” y “Cultura”. Habla el entonces candidato:
“Los museos forman parte importante de nuestro proyecto, pero no los museos ostentosos. Algo que tenemos que impulsar es el museo popular. Hay que popularizar a esa institución [Conarte], hay que llevarla a nivel que se necesita”, agregó. “No les importa el arte y la cultura a los gobernantes; sí compran un cuadro pero lo quieren para su oficina”.
Encontré, enseguida, que tiene por libro de cabecera El Libro Vaquero, protagonizado por sicarios del Viejo Oeste, indios mamados y asesinos, mujeres de chichis exuberantes y nalgas tan prominentes que el pantalón ajustado parece –y nunca mejor dicho– pintado; putas con cinturita de avispa; viudas degradadas a ser el culo de alguien, el botín, la razón de un enfrentamiento armado entre “héroes” y “villanos”. Y por lo regular, en El Libro Vaquero, los villanos son indios apache, chiricagua, mezcalero, comanche, expulsados de sus territorios después de una guerra infame de exterminio.
–¿Cuál es su libro favorito? –le preguntan a “El Bronco” en campaña.
“El Libro Vaquero. Yo no soy político. El Libro Vaquero es una revista, es una novela que vende. Se vende en las esquinas. Tiene una publicación quincenal. Yo he comprador muchas historias. Me gusta la historia del héroe. De los pueblos salvados por alguien. Y El Libro Vaquero habla de eso. Me gusta leerlo porque le hace[n] falta al país muchos vaqueros. De esos que salvan las ciudades, que salvan a la gente. Que hacen cosas para que la gente esté mejor. ¿Me entiendes? Yo me baso mucho en esas cosas. Es… la Filosofía, la Historia, el conocimiento… bueno, hay muchos libros. Te diré… prefiero no mencionar ninguno. No la vaya a regar como algunos otros y tu me vayas a balconear”.
El Libro Vaquero le ha dado a “El Bronco” muchas ideas, entiendo. Ideas de justicia e ideas de Nación. Jodidos estamos.
Resumo: el vaquero bronco lee un carajo. Es un ignorantazo hasta las suelas de las botas. Y entiende la cultura como eso: como un carajo. Encontré en su discurso sobre la cultura, claro, una gran similitud con Vicente Fox. Otra Sari Bermúdez está por asumir en el área de cultura de Nuevo León. Pobre Nuevo León.
Ya se que ambos son muy parecidos a Enrique Peña Nieto y a casi cualquier político mexicano, pero por eso el país está en crisis y para eso son las elecciones: para encontrar quién nos saque de la crisis.
Dejé de buscar más similitudes. Me di por enterado.
Hay una diferencia sustancial entre el Fox ignorante y “El Bronco” ignorante: uno ya quemó todos los cartuchos que tenía y nos fue de la chingada (disculpen mi español); el otro tiene un libro (que no El Libro Vaquero) abierto, con páginas en blanco que empezará a escribir. Y muchos cartuchos en la pistola.
Pero “El Bronco” llegó en desventaja. Llega 20 años después que Fox a la gubernatura. Debió asimilar las razones del fracaso de Vicente Fox, ese patán chintín y dicharachero, ventajoso y mentiroso, marrullero e ignorante.
Después de Peña Nieto y de Fox, Jaime Rodríguez Calderón NO tiene excusas para no hacer un esfuerzo por leer, aunque sea La Biblia.
El Libro Vaquero. Puf. Mejor no hubiera hablado. Qué malas noticias.
Mejor hubiera mencionado por lo menos La Biblia: me quedo con la sensación de que Peña Nieto leyó (o lo obligaron a leer) al menos un párrafo de ese texto maravilloso que fue traducido al español por Casiodoro de Reina (versión Libro del Oso de 1569). Y “El Bronco” ni eso.
El Libro Vaquero, carajo.
Que se ponga a chingarle porque no espero de él sino pura pendejada (otra vez: disculpen mi español). En pendejadas resumo el periodo Fox.
Que “El Bronco” abra un par de libritos porque, en efecto, tiene toda la finta de ser otro Vicente Fox. Lo lamento por los que votaron por “El Bronco”. Lo lamento, ciudadanos, y no por él sino por este pueblo tan deseoso de creer y siempre tan defraudado.
Concluyo en lo que concluyo casi siempre: la desgracia de este pueblo son sus políticos.
Ojalá me equivoque con “El Bronco”, de verdad. Pero no espero gran cosa de él.

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