A caballo, desde el norte

26 May

A Jaime Rodríguez Calderón, apodado “El Bronco”, no se le puede negar audacia. En los peores momentos de la guerra de Felipe Calderón efectuó a su manera una limpia en los cuerpos de seguridad de García, Nuevo León, hasta lograr una renovación total que le costó dos atentados. Intentó impulsar cambios en su partido y no pudo, entonces abandonó el PRI. Y se lanzó como candidato independiente. Ahora es el puntero de las encuestas, justo cuando los partidos políticos sufren la peor crisis de la que se tenga memoria. Esta no es su biografía, así que concluiré: ha estado en el momento preciso y en el lugar preciso gracias a esa audacia que marca su carrera y, con su alianza con Movimiento Ciudadano, ahora podría penetrar el Congreso local –si gana– con diputados propios que le podrían dar una fuerza limitada pero suficiente para, en su momento, negociar. Así que “El Bronco” podría permitirse gobernabilidad para conducir Nuevo León, perla en la corona del PRI y luego del PAN y luego del PRI y ahora, parece, de algo que puede considerarse una nueva “ola ciudadana”.

No se si “El Bronco” saldrá bueno como gobernante. Ejercicios así, donde se usa la voluntad ciudadana por el cambio, han resultado un fraude en estos años. Allí está el mayor ejemplo de todos: Vicente Fox. Pero también tenemos a Mario López “Malova” en Sinaloa y al pequeño Hitler del centro, Rafael Moreno Valle, en Puebla.

Sin embargo, aunque Jaime Rodríguez Calderón sorprenda, ya en el gobierno, para mal o para bien (eso siempre es un enigma), su ejemplo puede ser una respuesta al hartazgo ciudadano, de cara al proceso de 2018. Esa es la gran aportación de “El Bronco”.

Se me antoja ahora más viable que nunca que Manuel Clouthier logre la gubernatura de Sinaloa, por ejemplo; es posible, punto. A Rodríguez Calderón gracias. Y así, su caso puede alentar otros muchos por todo el país: ciudadanos que, hartos de los partidos, decidan lanzarse con apoyo de otros hartos, también: sectores como el empresarial pueden ayudar en nuevas alternativas, y no sólo ellos: también los líderes sociales locales.

No me atrevo escribir mucho sobre “El Bronco”. Falta que supere los ataques que le tienen preparados, seguramente, el PRI y el PAN. Este es el país de la difamación; querrán hacerlo añicos antes de que llegue a la gubernatura. El sistema mismo querrá volarlo en pedazos para no alentar a otros a hacer lo mismo. Pero yo creo que el agujero que ha abierto en el cascarón antes cerrado de partidos no se cerrará tan fácilmente. No desde ahora. Los partidos querrán destruirlo antes de que el ejemplo cunda y antes de que se ponga en riesgo la ubre que han mamado durante décadas.

Tengo razones para desconfiar en “El Bronco”, por supuesto. Sin embargo, creo que su aportación es ya enorme. Ojalá Jaime Rodríguez Calderón gane para que su ejemplo aliente a otros a construir una alternativa. Porque nos faltan alternativas. Nos urgen alternativas. Como ya dije, iré a votar sólo para castigar al votante duro (aunque sea con un voto). Admito que se me caerá la cara a la hora de cruzar la boleta. Aún así lo haré.

Durante poco más de un siglo, muchas veces a caballo, los aires de cambio en México han venido del norte. En el norte empezó la Revolución de 1910; en el norte cayó la primera gubernatura en manos de la oposición, en los 80, a Ernesto Ruffo Appel gracias. Ya dije que no pongo una sola canica en “El Bronco” porque la burra es arisca, pero la fuerza que lo empuja, que (obvio) es la necesidad de creer en un cambio por la vía pacífica, agregará esperanzas.

Ojalá, dije, gane “El Bronco”. Y ojalá gobierne para bien.

Aunque, honestamente, con el nuevo aire que empuja desde el norte, un aire que parece ciudadano, estoy más que satisfecho.

Noticias de última hora: Podemos, la alternativa de los ciudadanos en la España harta de los políticos, se apoderó ayer de Barcelona. Y casi se queda con Madrid –son las noticias con las que me voy a la cama–, aunque con ese casi podrá meter una buena presión al PP, partido de derechas que conserva el poder. Podemos es ya un “se pudo”. En España, claro. Ojalá el Atlántico se haga chiquito y aires de aquellos cambios inspiren a los ciudadanos de acá.
Por Alejandro Páez Varela

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