La vulgaridad de la “clase” política mexicana

29 Abr

Los mexicanos hemos vivido esta semana otra jornada más de cinismo y vulgaridad por parte de la “clase” política mexicana, que todo tiene menos precisamente “clase”, si por ello entendemos nobleza, educación y calidad humana.

La “clase” política en México, no es más que un grupúsculo que desde hace décadas las mismas costumbres, los mismos intereses y, sobre todo, los mismos vicios. Todo eso arropado por la corrupción que practican con singular alegría, y la impunidad que se procuran desde distintos frentes.

Desde distintas organizaciones y medios de comunicación, esta semana se denunció a la corrupción como la madre de todos los males en México. Si hay violencia e inseguridad, si hay miseria y hambre, si la economía no se mueve, si la educación y la salud están colapsando, el origen es precisamente el robo en despoblado que han hecho los políticos por generaciones y que en el actual Gobierno federal se disparado a niveles de cinismo.

Algunos de los líderes políticos más importantes del país, entre ellos el Presidente Enrique Peña Nieto y su familia, además de sus secretarios de Estado, funcionarios de nivel medio superior, gobernadores, presidentes municipales, legisladores, jueces, jefes policiacos, son señalados, con pruebas en la manos, de acciones que presumen corrupción y conflictos de interés.

Pero la “clase” política deja pasar los escándalos sin que nadie mueva un solo dedo: ni los que conducen el país a nivel federal, estatal y municipal, ni aquellos que desde la oposición debieran exigir el cumplimiento de la ley porque, como hemos presenciado en los últimos días, también tienen una larga cola que les pisen.

En este contexto de desgobierno, los únicos felices son los integrantes de esa “clase” política que impulsa reformas a modo, y que ya ni siquiera aplica la cautela o la discreción para esconder que, tras esas aprobaciones de “cambios” en el país, se esconden sus intereses más oscuros.

El viernes pasado, SinEmbargo amaneció con una nota principal que dio cuenta de la fusión de las empresas DLA Piper, donde José María Aznar, ex Presidente de España, y Jeffrey Davidow, ex Embajador de Estados Unidos en México, son consejeros, y el despacho de abogados Gallástegui y Lozano, creado en 1985 por Eduardo Gallástegui Armella y Gerardo Lozano Alarcón, hermano de Javier Lozano Alarcón, actual Senador por el Partido Acción Nacional (PAN).

Esa sociedad tiene en la mira hacer negocios en México, particularmente en los que se generarán en los sectores de telecomunicaciones y energía luego de las reformas impulsadas con vehemencia precisamente por el Senador poblano.

Gerardo Lozano, además, tiene además su propia historia en el mundo de los negocios con el sector público.

En 2010 fue señalado por el supuesto uso de información confidencial del Gobierno mexicano para que la empresa Intermix, de la que era socio, le ganara a Petróleos Mexicanos la marca “Pemex” para comercializar cualquier tipo de producto en Estados Unidos. Antes también se le denunció por beneficiarse del 2000 al 2004 con contratos con Petróleos Mexicanos, mismos que se reactivaron en 2007 y 2008 cuando su hermano, Javier Lozano, era el titular de la Secretaría del Trabajo en el Gobierno del Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Ese mismo viernes, aun cuando no se habían cumplido 24 horas del anuncio a la prensa sobre el acuerdo alcanzado entre DLA Piper y Gallástegui y Lozano, la revista Quién publicó en su portal de Interne 46 fotos del coctel con la que los ejecutivos de la firma celebraron su unión.

En esas fotografías apareció el Senador panista Javier Lozano Alarcón, presidente de la Comisión Legislativa de Comunicaciones y Transportes, y hermano del socio de una de las consultoras que irán por el negocio de Telecom y Energía, entre otros.

En una de las imágenes, Javier Lozano aparece sentado en una mesa junto al ex Presidente español Aznar y el actual titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Eduardo Ruiz Esparza, uno de los funcionarios más cercanos al Presidente Enrique Peña Nieto, y quien encabezó la cartera de Comunicaciones también en el Estado de México, cuando el actual Primer Mandatario era Gobernador de la entidad mexiquense.

Otro de los que asistieron al festejo fue Bruno Ferrari García de Alba, quien en el sexenio de Felipe Calderón fungió director general de Proméxico [de julio de 2007 a julio de 2010] y luego como titular de la Secretaría de Economía [del 15 de julio de 2010 al 30 de noviembre de 2012].

Esta nueva exhibición del poder público y del privado se da en un contexto histórico de desconfianza en las instituciones del Estado mexicano y de rechazo a la “clase” política. Pero esa “clase” parece haber perdido ya la proporción de las cosas, y no tiene empacho en mostrarse tal como es: vulgar y grosera, sin ningún recato, y celebrar sus logros “de familia” ante una sociedad mexicana burlada y ofendida, pero que aún así no se cansa –y no debe hacerlo–, de señalar a los desclasados.

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