Tamaulipas, a sangre y fuego… ¿y el Gobernador?

28 Abr

El 12 de febrero pasado, en una reunión con los gobernadores de la región sureste del país, Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), afirmó que el país “está en los mejores niveles de seguridad de los últimos 10 años”.

En aquella ocasión presumió que “en sólo dos años dos meses, llevamos detenidos a 88 de los grandes objetivos que a nivel internacional y nacional (que) se les buscaba, de los 122 más buscados”, y también expuso que esto no hubiera sido posible sin la colaboración de los mandatarios locales, cada vez más dispuestos en cerrar filas.

Sin embargo, en el caso de Tamaulipas, la sociedad no siente que su gobierno esté “haciendo equipo” con la estrategia federal. La ciudadanía de esa entidad sufre desde hace meses los horrores de una guerra que la tiene en un puño, mientras que el priista Egidio Torre Cantú, supuesto Gobernador de la entidad, no ha dicho una sola palabra –ni siquiera una frase de aliento, de solidaridad– sobre el tema que agobia en días recientes a sus paisanos.

Desde el fin de semana pasado, la violencia se ha recrudecido en ese estado, pero el Gobernador, parece, no se ha enterado de nada.

El sábado 18 de abril, Monte Alejandro Rubido García, Comisionado Nacional de Seguridad, confirmó la captura en Reynosa, Tamaulipas, de José Tiburcio Hernández Fuentes, apodado “El Gafe” y líder del Cártel del Golfo.

La captura, realizada un día antes, generó intensos enfrentamientos entre miembros del grupo criminal y las fuerzas federales en un intento por rescatar a su líder. Monte Alejandro Rubido explicó que en el operativo utilizaron fusiles de asalto AK 47 y R15 para enfrentar a las autoridades y se reportaron 11 bloqueos en las principales avenidas de la ciudad, entre las 13:00 y las 16:00 horas aproximadamente.

Desde ese viernes, la ciudadanía de Reynosa ha estado en zozobra y con miedo. Los reportes de balaceras e incendios son constantes en redes sociales, mientras el Edil José Elías Leal pide a la población resguardarse y no salir de sus casas, oficinas o comercios sólo cuando el constante Código Rojo se desactive.

Ayer, más enfrentamientos se reportaron en Altamira, Tampico y Madero. Desde la cuenta de Facebook Valor por Tamaulipas se informó de persecuciones y balaceras entre civiles, quema de vehículos, locales comerciales así como bloqueos en distintos puntos de estos municipios.

Convertida en prácticamente el único medio de comunicación entre los ciudadanos de esas localidades y del resto del país, a falta de una autoridad estatal responsable y que dé la cara, esa cuenta fue alertando sobre la situación de emergencia: desde las calles con vehículos incendiados, los escenarios de los enfrentamientos a balazos, la situación en escuelas con los alumnos encerrados para no poner en riesgo su vida, y los reportes de heridos y muertos, entre otros datos.

La violencia de estos días en Tamaulipas, como dijo el Comisionado Nacional de Seguridad, se deriva de los arrestos de líderes del Cártel del Golfo. Pero no son ni las primeras ráfagas de este año ni las de los últimos meses: la violencia en esa entidad se ha ido incrementando mes con mes, una situación que ha afectado la vida de cientos de miles de tamaulipecos y, por tanto, también su desarrollo económico y social.

Sin embargo, Egidio Torre Cantú, quien asumió la administración del estado el 1 de enero de 2011, ha sido incapaz de mostrarse como gobernante y mucho menos como un ser humano solidario con la tragedia social que se vive en Tamaulipas.

Como él hay muchos gobernadores en México que se esconden tras las faldas de la seguridad federal para evadir sus responsabilidades. Es la hora de que, más allá del discurso optimista, el jefe del Gabinete de Seguridad, Osorio Chong, también señale a quienes no están haciendo su tarea –por omisión, por incapacidad o incluso por supuestas ligas con el crimen organizado–, para investigarlos a fondo y exigirles el cumplimiento de los encargos que, por ley, les dio la ciudadanía.

No se vale que mientras Torre Cantú ha estado ya cuatro años con la cabeza metida en la tierra, miles de tamaulipecos inocentes hayan sido asesinados, desparecidos, secuestrados, extorsionados y heridos, y vivan todos los días con terror, lo que ha generado además un atraso social y de desarrollo inmenso a esa región del país.

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