¿POR QUÉ NO LEEMOS? NI EL GOBIERNO SABE; NO HAY ESTUDIOS

24 Abr

Poco más de 25 millones de mexicanos no ha abierto un libro y sólo cuatro de cada 10 han pisado una librería a lo largo de su vida. Más allá del reconocimiento del precario paisaje, el estudio “Panorama del Libro digital en México”, elaborado por Casa del Libro México, expone una razón histórica para los bajos índices de lectura en el país: el Estado no ha diseñado programas efectivos y suficientes para que los ciudadanos tengan acceso a las letras.

El estudio de Casa del Libro México reproduce los números del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta): hay 7 mil 388 bibliotecas en la República, lo que significa que por cada 13 mil habitantes hay un punto de acceso a la lectura. Pero la distribución no es equitativa: el 30 por ciento de esos espacios se concentra en la Ciudad de México y las otras grandes ciudades del país.

El problema –se expone en el documento– también puede verse a través de las cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). En México existen casi mil 200 puntos de venta de libros, 600 son librerías y el resto son papelerías o tiendas departamentales y otros establecimientos que ofertan libros.

Se trata de lejanía física, la tendida entre las poblaciones y los puntos donde se encuentran los libros. Pero en el escenario de la lectura en México, hay otro elemento: el desinterés. En 2007, el escritor Guillermo Sheridan describió ese factor en el artículo para Letras Libres titulado “La Lectura en México/1”: “Ya no es apreciación subjetiva sino hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros. Se hizo todo lo posible, que conste. Y aunque haya sido en vano, hay dignidad en la derrota. Así pues, relajémonos, respiremos hondo, tomemos un descanso”.

DE PROGRAMAS, NO HAY NINGUNA HISTORIA

  


¿Por qué se arribó a este paisaje? La especialista en Letras Mexicanas y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Norma Lojero Vera, reconoce que el fomento a la lectura no ha estado en la agenda oficial porque ha sucumbido a necesidades mucho más acuciantes en el rubro de la Educación Pública.

Si se siguen las cifras de alfabetización oficiales, es posible identificar esas necesidades. El Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) admite que de los 77.2 millones de los mexicanos en edad de trabajar, 7.6 por ciento (unos 5.8 millones) son analfabetas; 12.9 por ciento (9.9 millones) desertó de la Primaria, y 22.7 (17.5 millones) no ha concluido la Secundaria. En otras palabras, seis de cada cien hombres no saben leer ni escribir ni hacer cuentas. El padecimiento es más agudo para las mujeres: ocho de cada cien.

“Hay muchos Méxicos. Y hay uno que sí lee y lee mucho. Pero es verdad: es una franja ubicada en las áreas metropolitanas que lo consume todo. Desde El Libro Vaquero50 Sombras de Grey, hasta Marguerite Yourcenar”, expresó el escritor José Antonio Lugo, director de actividades culturales en el Foro Chapultepec.

Sea cual sea el escenario, no hay una historia que contar desde las políticas públicas. Ahora mismo, el Plan Nacional de Desarrollo del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, no tiene ningún apartado que describa la ruta que piensa seguir la presente administración (que se encuentra a la mitad) para fomentar la lectura en el país. 

 LA SEP, SIN ESTUDIOS DEL PROBLEMA

En el pasado no ocurrió de manera diferente. En los archivos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) no hay documentos que brinden los datos de cuánto y qué leen los mexicanos; si es poco o mucho; si es por mero placer o por obligación; si los lectores prefieren empezar con los clásicos o lecturas populares; si sus lecturas son de calidad o no. Tampoco hay estudios que muestren qué han pensado los gobiernos sobre el camino conveniente para incentivar esta actividad en México y si –como dice el escritor José Domingo Argüelles–, el placer de leer puede ser controlado, mandado o racionado.

La carencia del conocimiento del lector mexicano la admitió el mismo director de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2014. “No existen (los estudios), pero nosotros, junto al Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, estamos trabajando en una gran encuesta de lectura que nos dé los datos necesarios, porque desde el 2006 el gobierno ha tenido miedo de hacer una encuesta de lectura y me parece muy grave, pues no se puede trabajar sin indicadores”, dijo en una mesa en la que también estaban José Ignacio Echeverría, presidente de la Caniem; Ricardo Cayuela, director general de Publicaciones del Conaculta, y el editor Álvaro Uribe.

Hasta 2006, cuando el Conaculta realizó por primera vez la Encuesta Nacional para Cultura y las Artes, no había un solo dato sobre lectura y lectores, gusto y aficiones. Con ese levantamiento se supo que los mexicanos leían en promedio 2.9 libros al año. Desde entonces, el dato ha llenado estudios, ensayos y propuestas de cómo puede aumentarse la lectura en México. Pero se ha hecho poco y el número no ha cambiado. La última Encuesta, levantada el año pasado, volvió a indicar que se leen 2.94 libros per cápita.

  

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