LA SOCIEDAD COMO COARTADA

24 Abr

¿Cuál es el porcentaje de responsabilidad que los alemanes contemporáneos de Hitler tuvieron en el Holocausto? ¿Fueron o no responsables como sociedad civil? ¿Seremos nosotros responsables del estado de miseria en que se encuentra casi la mitad de los mexicanos? Yo no maté a nadie, respondería seguramente cualquier ciudadano alemán de la época del nazismo y, otro tanto diría, cualquier mexicano de hoy. ¿Quién es el responsable o quienes son los responsables? Obviamente están los implicados directos: los gobernantes que a lo largo del tiempo con sus actos han llevado al país a donde está; pero, ¿nada más ellos?, ¿nada más los jerarcas del nazismo?

Había un refrán que en mis épocas párvulas mi abuela repetía como estribillo: “Lo mismo peca quien mata a la vaca que quien le ata la pata”. Yo no estoy tan seguro que sea “lo mismo” matar que amarrar por más que ambos verbos sean parte del mismo proceso y, por ello, me parece más justo preguntar por el porcentaje, por el grado de responsabilidad que cada uno de nosotros tiene respecto del actual estado de cosas.

Sin embargo, si pensamos la responsabilidad en términos de “porcentaje”, ésta se diluye, pues somos tantos millones de mexicanos que, aunque seamos culpables solidarios de la desgracia, el grado de responsabilidad de cada quien es del orden de una cien millonésima parte y siendo tan poco cada uno se siente libre de culpa.

¿Cómo plantear la responsabilidad del ciudadano de a pie respecto de los crímenes que ocurren en su sociedad? ¿Es ajeno a ellos? No. Hitler no habría sido posible si Alemania lo hubiera impedido. ¿Quién es Alemania? ¿Quiénes somos México?

El tiempo que nos ha tocado vivir crea una paradoja en apariencia insoluble: todos somos culpables en la generalidad e inocentes en la individualidad.

Pienso un momento esta conclusión y no me convence, pues, así como ningún grano de arena es en su singularidad el causante del desierto, lo es en la medida en la que ayuda a que el desierto sea: si cada grano de arena se rehusara el desierto no sería posible. Esto lo enseña de una manera espléndida Miguel de Unamuno en el Prólogo a su Vida de Don Quijote y Sancho Panza, ¿cómo acabar con este desierto en el que cada individuo es inocente-culpable:

“¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante! ¡Adelante siempre!”(…)

Las más miserable de todas las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es esa de decir que nada se adelanta con denunciar a un ladrón porque otros seguirán robando, que nada se adelanta con decirle en su cara majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuirá en el mundo. Si, hay que repetirlo una y mil veces: con que una vez, una sola vez, acabases del todo y para siempre con un solo embustero habríase acabado el embuste de una vez para siempre.”

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