MÉXICO CAMINA HACIA DEMOCRACIA VIOLENTA

16 Abr

La política en México está marcada por una violencia que trata de criminalizar el proceso social, algo que preocupa porque envía el mensaje de que en el país no puede darse un verdadero debate en torno a sus problemáticas. Así lo considera Wil G. Pansters, director del Centro de Estudios Mexicanos en la Universidad de Groningen, Holanda.

El investigador y académico afirma que entre la ciudadanía existe desilusión y preocupación no sólo por el tema de la inseguridad, sino también porque en este momento algunos círculos ya empiezan a ver a México como un país sin rumbo que trata de limitar la crítica social.

Uno de los problemas del país, considera, es que dentro del mismo existen muchos estados con diferentes y graves problemáticas que necesitan resolverse, principalmente en lo que se refiere a la inseguridad y al crimen organizado, otro de los elementos que agudiza la desigualdad social.

En este contexto, insiste, es el momento para que las universidades se conviertan en foros para que fomenten la libre expresión de las ideas y opiniones, y que los recintos de educación superior vayan más allá del poder que ostenta sus rectores. Las casas de estudio, expresa, pueden convertirse en el lugar desde donde puedan gestarse no sólo nuevos movimientos estudiantiles sino también soluciones a la amplia problemática mexicana.

México camina hacia una democracia violenta en la que el uso de la fuerza se utiliza como una medida para mantener el control social y de los conflictos políticos, consideró Wil G. Pansters, director del Centro de Estudios Mexicanos en la Universidad de Groningen, Holanda. Destaca que a diferencia de la llamada “Guerra sucia” de los años 70, en la que la fuerza del Estado tenía un destinatario identificado, en esta ocasión se trata de criminalizar el proceso social y político por el que atraviesa el país.

Pansters, quien en 2011 recibió la Orden del Águila Azteca por parte del Gobierno mexicano, consideró que el caso de México es diferente al de otros países latinoamericanos como Brasil o Argentina por la vinculación del crimen organizado en distintos sectores como el económico y el político.

“En Guerrero y Michoacán se ve violencia vinculada a procesos políticos, la inseguridad tiene un papel para sostener en una sociedad de fuertes desigualdades sociales”, opinó.

Pansters es también jefe del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Utrecht. Ha sido investigador asociado de El Colegio de México y la Universidad de Oxford, entre otros. En 2012 impartió la Cátedra Katz Friedrich en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Su libro más reciente es La violencia, la coacción y el Estado de Decisiones en el Siglo XX México. La otra mitad del Centauro (Stanford: Stanford University Press, 2012).

En entrevista desde Holanda, coincidió con otros expertos nacionales e internacionales quienes afirman que entre los habitantes se extiende una nube de desilusión y preocupación, no sólo por el tema de la inseguridad sino por la forma en la que se han ido minando los espacios de crítica social. A su juicio, esta situación debe ser aprovechada por las universidades que, en un ambiente en el que se limita la libertad de expresión, deben convertirse en los espacios naturales para el debate de ideas.

LA VIOLENCIA COMO MÉTODO DE CONTROL

-¿Cómo debe entenderse el tema de la violencia en México?

–El caso de México es más difícil que otros casos latinoamericanos porque no podemos negar que el estado actual brasileño es otro muy diferente al del tiempo de los generales, como en Argentina; son democracia, pero en muchos de estos países la violencia social, política, a veces criminal, está muy vinculada y es difícil de concebir. Las características son que la incidencia de la violencia ahora no es algo que está dirigido como en los años 70 que estaba dirigida por parte del Estado contra fuerzas políticas que querían destruir a grupos armados que estaban en su contra. Ahora la violencia parece ser cada vez un método para mantener el control social.

–¿Quién está interesado en mantener el control social a través de la violencia?

–México está muy vinculado al crimen organizado, lo que se ha visto es una criminalización del proceso social y de los conflictos políticos. La violencia penetra ambientes y no se trata de estar en contra del Estado; como dirían otros politólogos: es la violencia la que sostiene cierto tipo de democracia. En Guerrero y Michoacán, por ejemplo, se ve violencia vinculada a procesos políticos. La inseguridad tiene un papel para sostener una sociedad de fuertes desigualdades sociales. La violencia es una especie de control.

–Usted que ha pasado largas temporadas en el país y ha sido observador electoral, ¿cómo define el México actual?

–Comparto con muchos otros observadores al interior y fuera la percepción de que existe una situación preocupante: hay un profundo sentido de preocupación, de tensión y de desilusión. También existe una idea de inestabilidad, de no saber a dónde van las cosas. Yo lo percibo en México mismo y en ciertos círculos en Estados Unidos en los que se habla sobre México. Hay diferentes visiones, pero en general hay un alto grado de desconcierto y la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa –en Guerrero– ahondó el problema porque es el que ha resumido todo lo que se siente en México, mucho más que la cuestión electoral, en combinación con los casos de corrupción que se han conocido.

–Y dentro de este panorama que ha descrito, ¿qué es lo más preocupante?

–Una de las cosas que me preocupa del México actual es la forma en que se está minando o erosionando los espacios públicos para debatir el rumbo político, el proyecto socioeconómico. El caso de la libertad de expresión, el debate público y todo este debate. Este es el momento para que las universidades sean espacios para debatir, hacer un llamado a un diálogo o intentar reformular objetivos en los que la mayoría de las diferentes fuerzas políticas podrían ponerse de acuerdo. El mismo hecho de que los padres de los normalistas estén exigiendo que se cancelen las elecciones en Guerrero es parte de un debate público, si no hubiera elecciones tampoco habría un debate, el que haya una coyuntura puede ser la plataforma en que se puede llevar a cabo un debate.

–En el caso de los dos estados que han sido una de las piedras en el zapato para el Presidente, Michoacán y Guerrero, se ha nombrado a ex rectores de universidades como gobernadores interinos y no es mucho lo que han logrado hasta ahora…

–La universidad es más que los rectores, aunque sean muy influyentes. Actualmente existe un movimiento de protesta que inició en la Universidad de Amsterdam de sectores que están cuestionado la manera en la que se están rigiendo las universidades, para qué son, cómo se financian, cuáles son sus prioridades etc. En su camino encuentran a dos actores: los que gobiernan la universidad y al gobierno del país, pero eso no quiere decir que el debate es sobre quien domina y quiere imponer el espacio de la misma universidad. La universidad, en ciertos sectores de México, es el espacio en donde hay mucho acercamiento entre los grupos de poder y el poder, uno de los casos es Puebla, pero al interior de las mismas instituciones hay grupos como el #YoSoy132 [el primer movimiento estudiantil que surgió en contra del ahora Presidente Enrique Peña Nieto], que nació dentro de una universidad, en la Ibero, donde los estudiantes se habían apropiado de un pequeño espacio al interior. Las universidades son espacios donde hay actores políticos pero no son los únicos y México tiene una trayectoria enorme en este campo.

¿ANULAR LAS ELECCIONES?

–Menciona el tema de las elecciones. Hay sectores que están llamando a anular el voto o simplemente a no votar como señal de protesta, ¿qué tan recomendable es no hacerlo?

–Dentro de este contexto uno podría argumentar que cerrar un espacio político en la forma de un proceso electoral empobrecería aún más los procesos del espacio publico. No es solamente un juicio analítico es un juicio político; existen reglas y las reglas del juego de los procesos electorales en México están muy bien elaborados y es un juicio político y de interpretación de que si las condiciones son propicias o no para hacerlo. Hay fuerzas políticas a favor y en contra y otros que dirán lo contrario.

–¿Y en casos como el de Guerrero, que los padres de los 43 estudiantes desaparecidos e integrantes del magisterio disidente están pidiendo que se cancelen las elecciones?

–Viendo la situación me pregunto: ¿cuál sería el precio político de cancelar las elecciones? En todos los estados existen fuerzas de ciudadanos que buscan poder articular sus posiciones políticas y sociales mediante elecciones mientras que otros son de la opinión de que lo que menos se necesita es eso. El mismo hecho de que los padres de los normalistas estén exigiendo que se cancelen las elecciones es parte de un debate público, si no hubiera elecciones tampoco habría un debate, el que haya una coyuntura puede ser la plataforma en que se puede llevar a cabo ese debate. Uno podría argumentar que un proceso político electoral llevado a cabo de una manera responsable basado en el intercambio de ideas y con transparencia es el instrumento democrático para canalizar y buscarle soluciones a una crisis y situaciones de conflicto social y político, para eso están las elecciones.

–¿Y en el caso de Michoacán?

–También hay diferencias entre los estados y en un estado como Michoacán, dado que parte de la problemática de violencia entre crimen organizado y autodefensas existen diferentes partes que se concentran en una determinada parte del estado, ahí podría funcionar. El otro lado, los procesos políticos en México en las últimas décadas tienden a llevar a la polarización social y/o política, incluso de violencia. Michoacán es muy particular.

–Pero también son cada vez más las voces que se inclinan por la cancelación del proceso

–La otra pregunta es si se cancelan las elecciones en estos estados, ¿qué va a pasar? El Presidente va a tener que nombrar un Gobernador interino, con el riesgo de que vaya a crear todavía más enajenación y cerrazón del debate público. Es un dilema muy fuerte y existe el riesgo de la violencia, pero el hecho de que se pueda llevar a cabo un proceso político, uno puede pensar que se actúa con cordura, conforme a las reglas del juego, que tienen fallas y pueden tener, pero que al menos pueden generar un proceso.

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