La cultura de la corrupción la imponen ellos

15 Abr

Lo peligroso para un gobierno o para este país es que los señalamientos de abuso de autoridad, de corrupción o de conflictos de interés se vayan al vacío. Si el Jefe es sorprendido en una movida chueca o es señalado por un acto ilegal y no sucede nada, hay que imaginar el mensaje que se da a todos los subordinados.

David Korenfeld Federman, titular de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), dijo ayer en escuetos tres tuits que hizo mal en usar un helicóptero con fines personales, que le duele una rodilla y que ya se acercó a la Tesorería a pagar lo que él supone gastó por un viaje VIP al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México desde su casita en Huixquilucan.

La voz en el fondo parece decir: Si al Jefe no le pasa nada por una, dos o tres mansiones, con dinero de quién sabe dónde y con acuerdos con quién sabe quién, pues yo dispongo de un helicóptero y, si me cachan, voy y pago y ya.

Es como el prepotente al que detiene un agente de tránsito, le mienta la madre y al final le dice: Bueno, ya, cuánto quieres.

Lo peligroso para un gobierno o para este país es que esa cultura obscena de menosprecio a la Ley se convierta, en efecto, en un “tema cultural”.

Si el titular de la Conagua puede mandarse a sí mismo e imponerse sus propios correctivos y justificar que le duele la rodilla, entonces se entiende por qué no se entiende que ellos no entienden que la corrupción no es cultural, la cultura de la corrupción la imponen ellos.

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