EL VERDE, LA MARCA ALTERNA, RECIBE LOS GOLPES Y FAVORECE AL PRI

31 Mar

En el pasado, frente a la autoridad electoral, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) acumuló historias de indisciplina como un niño a quien no le importa ser regañado con tal de salirse con la suya. Fue el protagonista de la mayor multa emitida hasta el momento por la autoridad electoral: mil millones de pesos en marzo de 2003 por el episodio llamado Pemexgate. Pero la dimensión del pago no le sirvió como para no repetir la historia. El instituto fundado por Plutarco Elías Calles en 1929 continuó con la acumulación por anomalías electorales, al grado que en los últimos seis años pagó otros 200 millones de pesos en multas.

Las cosas ya no son así. El PRI ha cambiado. Es que ahora tiene una “marca alterna” que lleva por nombre Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y es el que recibe las amonestaciones de la autoridad electoral. Con el Verde, el PRI está en alianza para competir en las elecciones del próximo 7 de junio. Juntos, tienen el 40 por ciento de la tendencia de voto.

Desde septiembre del año pasado, el del Tucán ha sido el motivo constante de procesos de sanción por parte del Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) porque con un despliegue millonario difunde lo que considera que es un ejercicio de rendición de cuentas. Mientras, el PRI se abstiene de un despliegue amplio. Así, no ha tenido un solo problema. En su edificio sede de Insurgentes Norte, en el Distrito Federal, su explanada luce tranquila, sin que se perciba nerviosismo por el proceso por arrancar. No pasa lo mismo en las oficinas del Verde.

  

Nunca le importó quedar mal ante la autoridad electoral y mucho menos, someterse a extraordinarias multas que atrofiaran sus finanzas. Tampoco las manchas en su expediente, ese que se va guardando en los archivos internos de un partido como parte de su historia y que a la vuelta de los años, puede traer al presente malos recuerdos. En los últimos seis años, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) destinó casi 200 millones de pesos de su presupuesto para el pago de multas, por violaciones a la ley electoral, muestran documentos de Transparencia en su página, así como informes anuales. Hoy, la estrategia ha cambiado. En alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), ya no es el tricolor quien le pone cara al Instituto Nacional Electoral (INE) y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF); sino el Verde.

El PRI acumuló historias de indisciplina como un niño a quien no le importa ser regañado con tal de salirse con la suya. El 12 de noviembre de 2011, el boxeador Juan Manuel Márquez exhibió en su calzoncillo el logotipo del partido durante una pelea en contra del filipino Manny Pacquiao. La respuesta del entonces llamado Instituto Federal Electoral (IFE) fue una multa de 698 mil 900 pesos por “aportación en especie” del short del pugilista. Pero ese apenas era un aperitivo de cómo pensaba competir en las elecciones presidenciales de 2012. En una sinergia con la financiera Monex, a la que le pagó 50.5 millones de pesos, distribuyó tarjetas entre los electores. Y aunque el asunto le significó meses de debates, el Consejo General del IFE lo exoneró por esta acción.

Antes, el PRI fue el protagonista de la mayor multa emitida hasta el momento por la autoridad electoral. Mil millones de pesos en marzo de 2003 por el episodio llamado Pemexgate, que consistió en desviar recursos de Petróleos Mexicanos (Pemex) a través del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) a la campaña de Francisco Labastida Ochoa, candidato priista a la Presidencia de la República en 2000. El dinero fue transportado en efectivo del sindicato a las oficinas del PRI. Algunos testigos han contado de manera anónima que el volumen del dinero era tal que se necesitaron carretas de albañil.

Pero hoy en día, al PRI no se le puede achacar esta deuda. La tiene saldada por completo. Hizo 32 pagos y para enero de 2006 ya no debía nada. Y aunque en esta historia queda por conocer de cuánto fue cada pago porque los documentos del PRI no lo refieren, como tampoco los del transformado IFE, el caso es que por esta multa el tricolor no debe ya nada.

Ya no es el PRI el que resiste los golpes por los deslices en en la búsqueda de votos. Ahora es el Verde. Pero con la misma actitud. Desde septiembre del año pasado, el partido del tucán ha sido el motivo de constantes sanciones por parte del INE y el TEPJF porque con un despliegue millonario difunde lo que considera que es un ejercicio de rendición de cuentas. El partido aparece en todos los medios posibles y el INE lo multa o le llama la atención. El partido no acata. El INE vuelve a reconvenirlo. Así, hasta el infinito en un juego de esgrima.

  

Según expertos en Mercadotecnia Política consultados por Sin Embargohay ocho estrategias presentes en este momento (Ver recuadro 1) por parte del Partido Verde, lo que resulta “avasallador” si se considera que no hay medio que no sea utilizado. De estas ocho, no hay una sola estrategia a la que el INE no le haya impuesto una sanción o llamada de atención. Así, en su balanza de pagos, el instituto político tiene acumuladas multas por casi 80 millones de pesos; es decir, el 17.5 por ciento de la cantidad que recibirá de financiamiento público y el 81.25 por ciento de lo que tiene programado para gastos de campaña.

El Verde –de una u otra forma- ha cerrado los oídos o se ha tapado los ojos. A veces ha asumido la multa aunque le parezca exagerada. En otras, ha impugnado. El hecho es que antes de los tiempos oficiales, la calle, la radio y la televisión están tapizados con su figura y presencia.

Es sábado 18 de febrero de 2015. El Partido Acción Nacional (PAN), el de la Revolución Democrática (PRD), de Regeneración Nacional (Morena), del Trabajo (PT), Movimiento Ciudadano, Humanista y Encuentro Social se han ido de la sesión del Consejo General del Instituto Nacional Electoral. El motivo: el consejo del INE ha determinado no debatir el acuerdo sobre prohibiciones de programas sociales, imparcialidad y propaganda gubernamental. El argumento: desean una mejor redacción en esos puntos. Sólo se quedan en la mesa los representantes del PRI y el PVEM.

Cuando recapitula lo que ahora ocurre, John Ackerman del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no encuentra el hecho como algo sorprendente. Al contrario. Le parece que la escena (y todas las escenas de la campaña mediática del verde) es resultado de una historia de “abusos y violaciones a la Ley de manera sistemática por parte del PVEM”.

Ackerman, experto en Derecho Electoral, expone: “El PVEM ha abusado de la ley desde su creación. Las violaciones de 2015 son solamente las más recientes en una larga historia de abuso de poder y burlas a la autoridad electoral. De acuerdo con la Constitución, los partidos políticos son entidades de interés pública, función que incumple radicalmente el PVEM”.

Si se hace una ecuación entre los ingresos del Partido Verde Ecologista de México y las multas que se le han impuesto, acaso se entienda por qué no le resultan importantes las reprimendas de la autoridad. Sus propios informes financieros contrapuestos con los del transformado IFE muestran que de 1998 a 2014, ha recibido más de seis mil millones de pesos sólo por concepto de financiamiento público a nivel federal, un promedio anual de 375 millones de pesos y de 31 millones de pesos al mes. La cifra se parece a lo que ahora requiere el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) para pagar este año las pensiones en Oaxaca.

***

El centro neurálgico de esta batalla son las oficinas del mismo Partido Verde: en estos días es un espacio de acceso restringido, cibernético, amueblado con mesas tapizadas de computadoras donde algunos jóvenes recién contratados (eso dicen al llegar por la mañana) reciben toda la información sobre el posicionamiento y el trabajo en torno a la campaña, la más grande de la que se tenga memoria en la Mercadotecnia política en México. En estos días, aquí se revisa la recepción de 250 mil spots, los cientos de cineminutos, los miles de metros del papel para envolver tortillas, los miles de cupones con la leyenda “Lentes con Graduación Gratuitos por el Partido Verde”, la distribución de la tarjeta premia platino, los calendarios y las revistas.

“Es su poder: la mercadotecnia. Se ha vuelto omnipresente en el paisaje nacional a fuerza de visibilidad”, dice Alfredo Paredes Zamora, director en Capitol Consulting & Communication, una empresa hacedora de campañas políticas en Latinoamérica. “Su comportamiento es de tírame y me levantaré porque en realidad, el que me sostiene es más grande y fuerte”.

Si al Partido Verde se le viera sólo a través de su numeralia –y en la misma metáfora del ring- no se le temería como competidor fuerte. Es decir, sus números no arrojan una alta representatividad social. En 1991, en las elecciones legislativas, sólo obtuvo 1.37 por ciento de la votación con 332 mil votos. En 1994, en los comicios presidenciales, tuvo 1.36 por ciento: 472 mil votos. Para 1997 se observa un crecimiento: 3.71 por ciento de lo sufragado en esos comicios intermedios: 1.1 millones de votantes. En 2000, jugó aliado con el PAN, por lo que sus números en esta elección no se conocen. En 2003, volvió a crecer: 4.01 por ciento, pero el número de votantes fueron los mismos que en 1997. De 2006 tampoco se conocen números pues contendió en una alianza con el PRI en la elección presidencial.

El 2009 fue un año bendito para el Verde porque obtuvo su mayor porcentaje: 6.5 por ciento, 2.2 millones de votos. Así, ganó cuatro de 300 distritos. En 2012 fue en alianza con el PRI a las elecciones presidenciales. Cayó a dos millones 19 mil votos para diputados y descendió 4.06 por ciento. Y sí, ganó en unos distritos: en cuatro de 300, todos en Chiapas.

Pero como aliado, el Verde sí muestra fortaleza. Sin él, Enrique Peña Nieto no hubiera ganado la elección presidencial de 2012. Del 39 por ciento de votación efectiva que obtuvo, treinta puntos se los dio el PRI y nueve puntos el PVEM. Para Peña Nieto fueron sufragados 19 millones de votos. El 76 por ciento lo proporcionó el tricolor y el 24 por ciento restante su aliado: el Verde.

De cara a las elecciones del 7 de junio de este año, la intención del voto para el PRI se desmoronó. Tiene el 30 por ciento de la tendencia cuando el año pasado tenía 45. Ello no significa que haya dejado de aparecer en el primer lugar, pero ahora está empatado con el PAN, según Buendía & Laredo. El Verde tiene 10 por ciento. “La marca tiene, pues, 40 puntos porcentuales lo que la hace fuerte. Se promociona sólo una de las partes y sólo una se debilita”, explica Paredes Zamora cuando se refiere a los entretelones de la campaña mercadotécnica del PVEM.

¿Y mientras, qué ocurre en Insurgentes Norte, en las oficinas centrales del PRI? Acá la vida transcurre con su normalidad, como si las elecciones no se acercaran cada minuto. La explanada está vacía, no hay eventos programados; el último fue el aniversario 86 del PRI en el que asumieron los candidatos plurinominales; entre ellos, la actriz Carmen Salinas, el ex coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de la República, David López y la madre de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, Guillermina de la Torre. No hay mucha campaña que analizar. El Revolucionario Institucional tiene un solo spot en radio y televisión. La frase con la que remata es: “por el orgullo de ser priistas” y apela a los legados históricos: la creación del Seguro Social, del Infonavit, de la UNAM y del Poli.

LA ALIANZA: EL BALUARTE DE LA SIMULACIÓN

 

Según el convenio que registraron ante ese mismo Consejo, el PRI se comprometió a aportar 60 por ciento del monto total de los gastos de campaña y el PVEM, el 40 por ciento para contender en las elecciones venideras de los 244 distritos electorales. “Es una mancuerna que se erige como la madre de todas las alianzas. El rechazo de la sociedad a estas arcaicas formas de hacer política por su desapego de los ciudadanos y el reclamo de auténtica participación no les importa en nada”, opina Enrique Toussaint, politólogo formado en la Universidad de Guadalajara.

Se trata de la alianza entre uno de los partidos más antiguos de México y uno de los más jóvenes. Al primero -fundado por Plutarco Elías Calles el 4 de marzo 1929 como PNR- se le adjudica una forma de hacer política enmarcada en lo que los historiadores han llamado “cultura de la simulación”, la cual es la destreza para cambiar estatutos y reglas informales cuando los tiempos no son favorables. Documentos de sus asambleas y artículos periodísticos permiten ver como clave de su sobrevivencia a esta táctica.

Por su parte, el Partido Verde Ecologista es proclive a un comportamiento peculiar: es verde sin serlo. En esencia no se parece a ningún otro que lleve el mismo apellido en el mundo. Según el historiador Samuel Cervera León, especialista en política contemporánea de México, los otros “verdes” del planeta tienen un denominador: “La acérrima defensa de la democracia representativa, en algunos casos hasta rechazar las instituciones gubernamentales”. Y el Verde mexicano ha sido dirigido durante veinte años sólo por dos personas, padre e hijo: Jorge González Torres (1991-2001) y Jorge Emilio González Martínez (2001-2011), el motejado “niño verde”, porque cuando tuvo su primer cargo de representación popular –una diputación local en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal- tenía veinte años.

“Si no es posible concientizar a las autoridades sobre aspectos ecológicos, entonces buscaremos ser gobierno para actuar en consecuencia”, dijo Jorge González Torres. Era 1986 y este político, formado en el Revolucionario Institucional, lideraba la Alianza Ecologista Nacional. También adueñaba las farmacias El Fénix, mientras su hermano, Víctor, impulsaba el negocio de medicamentos similares en México, lo que se convertiría en una de las cadenas más grandes de Latinoamérica. Con el tiempo, Víctor se transformaría en un empresario conocido como “Doctor Simi”.

En 1987, Jorge González Torres fundó el Partido Verde de México para participar en los comicios de 1988. Pero no alcanzó registro. De modo que se integró al Frente Democrático Nacional que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como candidato presidencial. En 1991, cambió su denominación por la de Partido Ecologista de México, pero volvió a perder su registro al no alcanzar 1.5 por ciento de la votación requerida en ese momento.

Para la elección federal de 1994 se volvió a modificar. Ahí nació el Partido Verde Ecologista de México y postuló a Jorge González Torres como su candidato presidencial. En 2000, hizo una alianza con el PAN en las elecciones presidenciales. En 2012, hizo una alianza con el PRI en las elecciones presidenciales. Hoy juega con el PRI. 

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