“No te la van a perdonar, Carmen…”

21 Mar

+Salida de Aristegui: ajuste de cuentas

+Golpe al periodismo crítico… pero pierde EPN

       Generosa con su tiempo informativo, interesada en los temas que abordo en mis libros, Carmen Aristegui me había entrevistado en CNNsobre “Los demonios del sindicalismo mexicano” hace apenas unos días. Último jueves de febrero. Charlábamos. Inevitable, la plática viró hacia el tema que cimbró al país: la “casa blanca” de la familia presidencial.

       -No te la van a perdonar, Carmen… te la van a cobrar… cuídate mucho…-, le dije.

       Aristegui me ofreció media sonrisa, apenas dibujada en su rostro. Cambiamos de tema.

       Lamento decirlo: no me equivoqué.

       Se la cobraron a Aristegui.

       Lo lamento mucho, admirada Carmen.

*****

       Dejemos la hipocresía para otros momentos: a Carmen Aristegui, la periodista que reveló el affaire “casa blanca” exhibiendo el presunto tráfico de influencias y de conflicto de interés de la familia del presidente Enrique Peña Nieto, de su esposa “La Gaviota”, y de su amigo Hinojosa, cabeza del Grupo Higa, la despidieron cuatro meses después de su noticiero en MVSNoticias. Ese es el dato duro. Lo demás son tiquis-miquis.

       Algunas plumas y voces oficialistas piden que se presenten “pruebas” de que desde Los Pinos se ordenó la salida de Aristegui de MVS. A ver: o son hipócritas o ilusos. Por supuesto que no hay un memorándum firmado ni una petición por escrito en la que se pida la cabeza de Carmen. Son ruines, no estúpidos. No dejan nada por escrito.

       Aristegui, una de las voces más críticas al gobierno de Peña Nieto; la de mayor audiencia en la radio; la que mostró la podredumbre que rodea a la Casa Blanca de la familia imperial en México; la que investigaba, junto con su equipo, la residencia de Luis Videgaray en Malinalco, adquirida también gracias a la generosidad del Grupo Higa y que en su momento denunció The Wall Street Journal; la que impugnó en el terreno de lo informativo la nominación de Eduardo Medina Mora como nuevo ministro de la Corte, está hoy sin noticiero. Ese es el hecho. Lo ven algunos. Otros lo ignoran.

       La salida de Aristegui no es casualidad. ¡Claro que no!

       Su despido es, sin duda, un ajuste de cuentas del poder político en México.

       ¿Qué Carmen Aristegui no avisó a los dueños de MVS que formaría parte de la alianza informativa con Mexicoleaks?

       Supongamos que así ocurrió. Que la periodista no tuvo la atención de informarlo y la empresa – dueña indiscutible de sus políticas internas -, se molestó al no ser avisada. De acuerdo. Hubo una omisión. Pero, en todo caso, ¿era necesario exhibirla con durísimos desplegados de prensa, acusándola de engaño, abuso y demás epítetos?

       Ni era un reclamo acorde a lo ocurrido, ni de la dimensión que se requería para solucionarlo. En todo caso, con una junta en casa y una aclaración de Aristegui al día siguiente al aire en su noticiero, deslindando a MVS de Mexicoleaks, hubiera bastado. Pero no fue así.

       El pleito era con otros poderes, y no se necesita ser adivino para pensar en la Casa Blanca y en avenida Constituyentes. O en Malinalco y Hacienda. Así lo acostumbran. Así se manejan. ¡Vaya que los conocemos!

       Una cosa era que MVS, en legítimo y absoluto derecho que como empresa tiene para haber aclarado que ni formaba parte ni le interesaba integrarse a Mexicoleaks, y otra, muy diferente, fue caer en la ofensa contra Aristegui, en el golpe bajo, en el agravio.

       Y en los detalles está el diablo.

       Los despidos de Daniel Lizárraga y de Irving Huerta detonaron el rompimiento entre Carmen y MVS. Lo sabíamos todos: Aristegui no aceptaría esas remociones derivadas, según la empresa, del “uso de la marca sin autorización expresa”, argumento un tanto ambiguo, aunque eficaz para reventar a Aristegui.

       Lo demás llegó sólo: el domingo por la noche, MVS anunció el despido de la valiosa y valiente periodista.

       Cierto: cualquier empresario tiene la facultad de despedir al empleado que se le antoje, con contadas excepciones (correr a una mujer embarazada, por ejemplo, o a alguien por motivos racistas o de discriminación).

       Pero ni MVS es cualquier empresa, ni Carmen Aristegui es cualquier persona.

       MVS es de las empresas de comunicación más importantes del país.

       Aristegui es la periodista que desnudó al gobierno de Peña Nieto y que con el reportaje de la “casa blanca” –-junto con el caso no cerrado de Ayotzinapa-, tienen hundida a la administración de Peña, hoy pasmada, paralizada, desprestigiada.

       ¿Pruebas?

       Echemos un vistazo a las reacciones en la prensa internacional:

       “Lógica mexicana: descubren conflicto de EPN, su esposa y Videgaray en compra de casas. ¿A quién despiden? A los periodistas que lo descubren”, tuiteó Jorge Ramos, periodista de Univisión y uno de los hispanos que más influyen en Estados Unidos.

       Reuters -para el columnista, la agencia informativa más importante del mundo-, vinculó el despido de Aristegui con sus últimos trabajos periodísticos, citando “…una lujosa casa de un contratista del gobierno que ganó millones de dólares en negocios con el Estado”.

       The Financial Times: “Aristegui ha tallado una carrera como la periodista más provocativa de televisión, irrumpiendo con historias acerca de conflicto de interés que involucran casas lujosas y redes de prostitución entre los jefes de partidos. Sus crónicas sobre corrupción en México volvieron su programa matutino en MVS Radio el más popular en México. Pero eso terminó”.

       Hasta… ¡Al Jazeera! se ocupó del tema: “Una influyente periodista de televisión en México, cuyo informe sobre la mansión de la Primera Dama provocó un escándalo, ha sido despedida…”

       Sí: el gobierno de Peña Nieto también sale perjudicado. Queda ante los ojos del mundo, aparte de ser visto como un ente corrupto, como revanchista ante Aristegui. Como represor de la libertad de expresión. Allí está la prensa internacional haciendo eco de todo ello.

       Aún más: el affaire “casa blanca”, que tanto quiere enterrar el gobierno, hoy renace en las páginas de los medios en el mundo.

       Sí: también Peña Nieto pierde con la despedida de Carmen Aristegui.

       *****

       Hay muchas formas de hostigar a un periodista, y no precisamente enviando un memorándum de Los Pinos, Gobernación, Hacienda u otra dependencia, al medio para el que labora.

       ¿Cómo? Teniéndolo bajo censura permanente. Hostigándolo al prohibirle escribir, hablar o abordar algunos temas de interés político para la empresa de comunicación en turno. Cambiándolo de horario – en el caso de radio o tv-, o de sección y lugar su columna -en cuanto a prensa escrita-. Hay maneras de minarlo, aunque vencerlo es otra cosa.

       “Las condiciones impuestas a la periodista (Aristegui) eran simplemente inaceptables por dignidad profesional y por cambio unilateral a su contrato”, reconoció el ombudsman de MVS, Gabriel Sosa Plata. Lo dicho: hay muchas formas de joder. Vaya si lo sabremos quienes hemos enfrentado el hostigamiento laboral por lo que escribimos o decimos aunque las batallas –creo- deben darse desde adentro, y no huir, aunque en el caso de Aristegui y de su equipo, la empresa terminó de tajo con la relación laboral.

       Y ya sabemos que el despido es como la base por bolas en el beisbol: ante ello no hay defensa.

       *****

       No tengo ninguna duda de que pronto volveremos a escuchar a Carmen Aristegui y a su equipo: Karina Maciel, Lizárraga, Huerta y compañía, al aire, en alguna estación de radio o ante un micrófono libre, abierto y plural. No se podría explicar de otra manera.

       Tampoco tengo duda de que desde el poder político se podría haber presionado a la empresa para cancelar el contrato con Aristegui. También hay muchas maneras de apretar a los radiodifusores: amenazando con cancelar contratos de publicidad, ofreciendo nuevas emisoras o frecuencias, negociando impuestos o muchas más. Y de eso, por supuesto, tampoco hay memorándums.

       Por lo pronto, las plumas y voces críticas a Peña Nieto, a Videgaray, al PRI, a los poderosos, deberán tomar el caso Aristegui como una advertencia. ¿Por qué? Porque es clásico entre los priistas: censurar, correr al periodista incómodo, apretar para liquidarlo, cerrarle micrófono, cancelarle espacios. Es parte de su forma de hacer política.

       A Manuel Buendía, los priistas lo mandaron matar.

       A Carmen Aristegui ya se le despidió.

       Lamento no haberme equivocado con aquel “no te la van a perdonar, Carmen…”, que le expresé a mi colega aquella noche de finales de febrero.

       En verdad, Carmen, cuánto lo lamento.

Por Martín Moreno 

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