La élite política se enquistó en el Estado: Arturo Alvarado

20 Mar

La desaparición de 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero, fue un acontecimiento dramático e inaceptable para la mayoría de los mexicanos, pues más allá de la crudeza con que la Procuraduría General de la República (PGR) describió el secuestro y asesinato de los jóvenes, la desaparición masiva evidenció a nivel nacional e internacional la crisis en materia de derechos humanos por la que atraviesa México, aseguró Arturo Alvarado Mendoza, director del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México (Colmex).

A esta crisis, expuso el especialista, se sumaron el bajo crecimiento económico, los escándalos de corrupción y los problemas de gobernabilidad en el país.

En entrevista para Sin Embargo, Alvarado Mendoza reconoció que México atraviesa por situaciones complejas, principalmente en lo referente a seguridad y derechos humanos, problemas que son “recurrentes y crecientes”, por lo que deben atenderse antes de que sucedan “cosas peores”.

Al hacer un diagnóstico en dos vías sobre la situación del país, el académico sostuvo que la clase política, la élite, ha evidenciado no tener la voluntad para revertir la debilidad institucional. Tampoco ha tenido el interés de integrar a la sociedad civil en la elaboración de planes y programas de gobierno.

“Tenemos una crisis política porque la elite no quiere moverse, está enquistada en el aparato del Estado, en los recursos públicos, vive muy bien de ellos, y no está dispuesta a irse”, afirmó el Doctor en Ciencias Sociales.

Por otro lado, dijo, la sociedad tiene la responsabilidad de transformar a esta “élite política disfuncional” porque no se va a transformar por ella misma. La ciudadanía, planteó, debe demandar los cambios, empujarlos por la vía institucional y producir alternativas que reditúen en avances.

Para ello, recordó, hay una energía social que se manifestó abiertamente tras la desaparición de estudiantes normalistas en Iguala, Guerrero. Una fuerza social que podría eclipsarse, advirtió, si permite que la efervescencia electoral termine por absorberla.

“Allí hay una energía que podría canalizarse y yo espero que la ciudadanía responda a esta situación, más allá de los temas electorales”, destacó.

LA INDIGNACIÓN

–¿Hasta dónde llega la crisis política en el país y cómo ha contribuido a la indignación social?

–Sí hay un hartazgo, hay un descontento generalizado respecto de las actividades gubernamentales sobre todo, y hablo principalmente de las actividades de las Presidencia de la República pero también hay críticas muy amplias al Congreso de la Unión, al Poder Judicial y a varios de los gobernadores de los estados, la popularidad de la gran mayoría de los gobernadores es bastante baja. Hay todo un problema porque el mismo gobierno se ha tardado en entender, suponiendo que ya entendió algo, que hay una profundidad muy grande de la crisis. Las declaraciones del Presidente Peña Nieto [al Financial Times] en Londres, respecto a que hay una sensación de incredulidad y desconfianza tiene que ver con esto. Pero no sólo es la inseguridad, tenemos muchos años con una situación económica muy crítica, no estamos creciendo. La distribución del ingreso permanece de alguna manera muy concentrada y desigual, las oportunidades de empleo son malas y cada vez los salarios son más precarios y las oportunidades de bienestar de la población no se han mejorado, sobre todo de la gran mayoría de la población. Además de que hubo toda la parafernalia que ya sabemos, de un intento de reconstrucción de esta vieja economía priista mexicana presidencialista –que se la tragó mucha gente–, con la idea de que Peña Nieto llegó a hacer grandes cambios para que la economía de todo el país ahora sí crezca. Esto no solo no ocurrió sino que tampoco va a ocurrir en toda la administración de Peña Nieto, no importa lo que pase en ella. En ese sentido hay una situación de percepción generalizada de que algo no está bien.

–¿Qué piensa de la respuesta de Peña a la crisis de credibilidad por la que atraviesa el gobierno?

–La respuesta a la crisis de credibilidad que está manejando es muy cosmética, es muy hacia afuera. Las aprehensiones recientes de capos del narcotráfico no llevan al desmantelamiento del crimen: están anunciando el fin de los cárteles. No señores, la droga se sigue vendiendo en todo el país y además se sigue vendiendo en Estados Unidos, es un problema que no está resuelto. Las extorsiones no paran, ni el secuestro, allí no tenemos una solución. Segundo, va muy en términos mediáticos. El interés del Presidente, entendámoslo, es como jefe de una coalición política partidaria. Y en ese sentido él quiere que su coalición sobreviva por lo menos a las elecciones del 2015, por lo que busca los mecanismos para poder gobernar. Ya hemos tenido periodos muy críticos en este país en los que la clase política está totalmente alejada y muy fuera de las necesidades del país, pero esto no nos ha llevado al colapso, esto es lo que quiero recalcar, si no que tenemos una situación muy difícil en donde el problema es que también hay una parálisis política fuerte.

–¿Por qué es tan difícil que el gobierno entienda las demandas de la gente?

–La falta de responsabilidad se debe a que hay una impunidad muy clara y que no hay una representación política real: no están obligados a escucharnos, simplemente el voto es una especie de voluntad delegada para que ellos hagan lo que quieran. Y si lo hacen mal no importa. El ex Procurador [Jesús Murillo Karam] pasó de Procurador a Secretario –de Estado– sin que se le dijera nada. El cometió omisiones importantes, era para haberlo destituido, pero eso no importa. A los líderes de partidos políticos les pasan tragedias, son responsables directos de muchos de los actos políticos-públicos y, ¿qué hacen? Le echan la culpa al otro y dicen “yo no me muevo de aquí”. Entonces hay un problema serio, una irresponsabilidad política y legal de su parte. Esta élite política es disfuncional, tiene que transformarse, pero no se va a transformar por ella misma, los ciudadanos tenemos que transformarla, tenemos que demandarlas, tenemos que producir alternativas. Allí hay una energía que podría canalizarse y yo espero que la ciudadanía responda a esta situación, más allá de los temas electorales.

-¿La gente está harta del discurso político?

–Los discursos de las precandidaturas como los hemos estado oyendo, la gente ya no se la cree. La gente está harta de lo que estamos oyendo, pero ahora lo inaudito es que los partidos toman la crisis y la falta de credibilidad como elemento para volver a ofrecer política de gobierno en algo que es totalmente falso. Hay cierta gobernabilidad o gobernanza diría yo mejor, porque la clase política está mal que bien funcionando. La política funciona pero no funciona para lo que lo necesitamos. El país no se va a venir abajo, no habrá un colapso, lo que pasa es que el significado de los actos públicos se está modificando drásticamente. No responde a las necesidades sistémicas de la población de este momento. Necesitamos un Poder Judicial que empiece a actuar, una Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que empiece a presionar más y ciudadanos que empecemos a presionar más para que este proceso cambien y se frene esta impunidad.

–¿La sociedad mexicana vive un despertar en crecimiento?

–Esto ya no va a crecer, además viene el proceso electoral, como lo vas a ver en las próximas semanas que empiezan las campañas electorales, el país cambia y se vuelve completamente electoral. Pero recordemos que este proceso ya lo hemos vivido en otros momentos anteriores. Digamos el Movimiento por la Paz [con Justicia y Dignidad] fue un movimiento nacional de ¡ya basta!. Hace seis años hubo otra marcha, la segunda marcha por la seguridad por otros grupos sociales totalmente distintos, pero que abrió un amplio margen a clases medias.

–¿Se puede tejer esta red, ahora desde las redes sociales?

–Sí, se puede tejer, pero el tema aquí es qué tipo de cambio podemos producir. Y luego, por ejemplo, la situación crítica en la que vemos ahora a la Presidencia se va a acabar en 2017 cuando surjan otros candidatos para la elección presidencial. ¿Por qué? Porque la estructura del sistema político está todavía montada de manera tal que se recupera a pesar de que hay crisis recurrentes. Entonces no va por allí el cambio. El cambio tiene que venir en una transformación profunda de largo plazo en la cual hay que contribuir con muy distintos tipos de eventos. Ojalá hubiera un colapso electoral que nos obligara a retomar otra vez el proceso democrático a pensar las cosas en serio, pero tampoco lo veo ¿eh? Inclusive la crisis que tiene el Instituto Nacional Electoral (INE) hoy en día se va a resolver. Mal pero se va a resolver. Aunque la legitimidad del voto sea muy baja por la baja participación, aún así van a construir gobierno, entendámoslo y con esas instituciones tenemos que trabajar. La vía que yo propongo es la vía institucional no la vía de la ruptura.

–¿Entonces descarta estos llamados a no votar?

–No, los llamados a no votar están bien, yo estoy de acuerdo en el hartazgo, en la crítica, en el boicot, pero ya sabemos que no resultan en cambios democráticos sustantivos. Si tú tuvieras 69 por ciento de la población con el boicot electoral se generaría una crisis política de otro orden, que va a obligar a transformar a las instituciones, pero no lo veo venir. La intención de voto allí está, es baja pero allí está. El promedio de participación no ha caído dramáticamente, es más se incrementará un poco. No va por ahí el asunto. Es obvio que hay que hacer boicot y hay que hacer crisis y hay que hacer crítica del proceso electoral y de los candidatos, más de los candidatos y de la oferta político partidarias, que del proceso electoral mismo.

DERECHOS HUMANOS EN CRISIS

El gobierno ha atendido la crisis de derechos humanos?

–Ojalá hubiera una movilización más profunda y más fuerte por hacer obligatorias todas la recomendaciones en derechos humanos que hemos visto y que vamos a seguir viendo. Lo que hemos visto es que el gobierno ya sabe cómo cumplir y cumple parcialmente, recordemos el caso Rosendo Radilla y el caso Campo Algodonero, no se cumplió todo y allí está el problema profundo. Entonces sí es importante, hay una crisis muy profunda de derechos humanos en el país. La intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) es decisiva, pero hay que continuar presionando a las comisiones de derechos humanos al interior del país, como también al Congreso, al Poder Judicial. Algo hay que hacer en esa vía, no obstante que con las reformas pierde una facultad de investigación y de atracción de casos que tenía anteriormente, sobre todo de violaciones en materia de derechos humanos. Pero hay que hacer algo, hay nuevos mecanismos legales a partir de la reforma de 2011, hay que aprovechar esa reforma. Hay que construir con esa reforma alternativas para demandar al gobierno que las respete, porque las hay, hay que empezar a empujar por esa vía. Hay que empezar a presionar para que se haga caso de la Corte Interamericana, hablar muy ampliamente en otros ámbitos con organizaciones no gubernamentales, reclamar decididamente en esa parte. Si uno se va a las entidades federativas, y este es otro punto que quiero mencionar, estamos en un gran debate con la Presidencia que está bien, pero al nivel de los gobiernos de los estados las cosas son dramáticas: la falta de gobernanza, la falta de cumplimiento de las leyes, la arbitrariedad, la falta de transparencia, todo lo que puedas ver está en un punto muy delicado desde las entidades federativas.

–¿Cuál es el fondo del problema en México?

–Es una cuestión bastante compleja, obviamente está el tema de la seguridad y de la crisis de derechos humanos por la que hemos estado pasando de manera recurrente y creciente. Eso hay que mencionarlo no es nuevo, tenemos un problema profundo. Lo que pasó el septiembre del 2014 fue absolutamente dramático e inaceptable y sin embargo es un tema que hay que atender porque están pasando cada vez cosas peores. Podemos extenderlo en dos temas, primero en lo que es la capacidad institucional, es obvio que no tenemos esa capacidad para resolver el problema de seguridad. Segundo, en lo que es el diagnóstico, no hay un diagnóstico correcto, y esto lo hemos venido discutiendo por muchos años. No hay la voluntad para hacer un buen diagnostico, para hacerlo participativo con la sociedad civil y a partir de allí plantear un programa de gobierno de gobierno correcto para resolver la crisis de seguridad. En materia de procuración de justicia las cosas reventaron porque entre otras cosas el diagnostico que había hecho el Presidente Peña Nieto era acomodar, poner a buenas personas en los puestos claves, no resultó. Y no resultó porque no estaba bien hecho el diagnóstico y porque las personas que él designó no fueron capaces ni tuvieron la voluntad para resolver los problemas, el caso del ex Procurador [Jesús Murillo Karam] es más que evidente.

–¿Se acabó el mexican moment?

–Estamos en una situación de estancamiento económico, las expectativas de crecimiento económico para este año van a tener que seguir bajando y las del año que viene ya se empezaron a reducir. De nueva cuenta el aviso del Presidente y del Secretario de Hacienda [Luis Videgaray Caso]la semana pasada en Londres eran muy claras: ‘No tenemos recursos, no vamos a poder crecer’. Entonces tenemos un problema de estancamiento muy generalizado, la política económica no nos está ayudando y tampoco hay un planteamiento de hacia dónde ir, hacia dónde crecer. La Reforma Energética no va a avanzar este año, los grandes proyectos de infraestructura ya se vinieron abajo, casi todos, el único que queda es el gran aeropuerto que va a tener sus ajustes, les guste o no. En ese sentido no hay un panorama de bienestar en el mediano plazo, ya no te digo en el corto plazo, en el mediano plazo. Y esto se junta además con esta crisis de credibilidad y de legitimidad de muchos de los actos públicos gubernamentales: la riqueza, la corrupción, la impunidad en la que vive hoy día una clase pública que no parece preocuparle lo que le pase al país o a la población. La desvinculación de la clase política con los problemas nacionales, el abuso, todo lo que estamos viendo. Tenemos una clase política que no responde a las necesidades de este país. No responde a las necesidades de la población y no está dispuesta a irse tampoco.

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