En el autoritarismo del PRI, el México más oscuro: Arturo Rodríguez

18 Mar



El periodista coahuilense Arturo Rodríguez García (Saltillo, 1977) no duda un instante al responder: “Este es el México más oscuro de la historia”.

¿Ni el México del ’68, ni cuando asesinaron a Francisco I.Madero, ni aquel donde mataron al candidato Colosio?

Definitivamente no, refrenda con amarga convicción el autor del flamante y revelador El regreso autoritario del PRI/Inventario de una nación en crisis, editado por Grijalbo, con prólogo de Rafael Rodríguez Castañeda.

Para el autor, periodista que cubre la fuente de Presidencia para la revista Proceso (un trabajo que le deja mucho tiempo libre pues en Los Pinos su medio no forma parte del círculo cercano al primer mandatario mexicano), “el PRI volvió con los rostros de los viejos conocidos, varias generaciones de poderosos entre los indispensables gobernadores, los dirigentes estatales de partido, los líderes de congresos locales y los caciques del añejo corporativismo”.

“En este contexto se ha puesto en marcha un peligroso proceso represivo en el que se imponen reformas y se confronta la protesta con gases, prisión y muerte. Aunque quizás se trate tan solo de una extensión del viejo régimen histórico que ha cambiado de indumentaria.

Lo que aterra del autoritarismo mexicano es su máscara de buenas intenciones, la máscara con la que subsiste el verdugo que dice defender las instituciones”, afirma.

Como esa patria que se desmoronaba en el discurso de Fernando del Paso, el México de Rodríguez García florece solo en los gestos mínimos y cotidianos de solidaridad que se multiplican a diario en nuestro país.

Como la solidaridad de “Las Patronas”, esas mujeres dispuestas a sacarse la comida de la boca para dársela a alguien más hambriento y sin pedir nada a cambio.

Como el que ayuda a un anciano preso a no tener miedo a otro preso que considera más peligroso. Como ese famoso cineasta que se sube a un foro internacional para denunciar los abusos de un poder corrupto en un país que se desangra.

Pero no alcanza: “el adoctrinamiento de una ciudadanía indiferente, pasando por los medios de comunicación alineados a la cúpula de poder, hasta el uso del aparato de Estado con cuerpos militares y mecanismos jurídicos que han garantizado la impunidad de quienes gobiernan e incurren en crímenes” construyen una situación nacional desesperante que el autor desglosa paso a paso en su libro.

En la urgente necesidad de que las cosas cambien, ¿aporta el periodismo crítico?

“No lo sabemos –dice el autor-, pero alguien tiene que contar lo que pasa”.

Arturo Rodríguez García es, como dijimos, reportero del semanario Proceso. De 2005 a 2010 fue corresponsal de esa publicación en el norte de país, donde trató la problemática de la violencia, la militarización y la violación de derechos humanos, así como las repercusiones culturales del fenómeno que han sido incluidas en diferentes compilaciones.

Durante esos años, documentó problemáticas sociales en Nuevo León que dieron paso al libro NL. Los traficantes del poder (EdicionEs Oficio, 2009) y los conflictos mineros que a partir de la explosión en la Mina Pasta de Conchos, en Coahuila, en 2006, afectaron la estabilidad de comunidades dedicadas a esa actividad en los estados norteños. Esta última cobertura fue incluida en País de muertos (Debate, 2011).

–¿No hay corrupción sin autoritarismo?

–En el sistema político mexicano la corrupción y la impunidad son un binomio cuadrado perfecto. Están ligadas de manera indisoluble. Podría ser un factor del autoritarismo, aunque creo que hay otros elementos.

–Bajo el discurso de la mano dura, florece la impunidad

–Sobre todo por la ausencia de contrapesos formales como elementos constitutivos del Estado, el desplazamiento del Poder Legislativo a través de la mesa del Pacto por México y la intromisión en el Poder Judicial imponiendo en la Suprema Corte a un funcionario relacionado con el Poder Ejecutivo, son reflejo de esa impunidad sin control.

–¿Aun cuando Arely Gómez tenga el currículum necesario para cubrir ese puesto en la PGR?

–El problema está en la posibilidad de encontrar a muchos profesionales que tienen la misma capacidad para formar parte de un aparato del Estado tan relevante y que no formen parte del círculo del poder como Arely Gómez. Cambiando de tema, pasa lo mismo con la Casa Blanca del Presidente Enrique Peña Nieto. ¿Cómo es posible que podamos asumir sin más que un contratista gubernamental que obtuvo contratos por más de 35 mil millones de dólares con el Estado de México y hasta donde sabemos tenga contratos por 25 mil millones de dólares con el Gobierno Federal, sea el que construye y se hace cargo del financiamiento personal sin mediar institución bancaria alguna de las viviendas de la familia presidencial y de la del Secretario de Hacienda? Hay muchas empresas constructoras en el país, ¿por se elige precisamente a esa para construir las casas personales de tan altos funcionarios? ¿Sólo tuvieron esa opción?

–¿Tu libro es el mapa de un país inerme? Muchas de los abusos del poder son expresión de que pueden hacerlo…

–Es una consecuencia de un proceso histórico. El planteamiento central del libro es que el país no ha cambiado. En el siglo XX hablábamos de la hegemonía política y a sus integrantes lo denominábamos “La nomenclatura”, al estilo soviético. Esta hegemonía se reeditó en lo que dieron en llamar el Pacto por México. Velorios, bodas, bautizos, son plenarias de estas élites de poder que se han tejido a través de las décadas.

–¿Y la transición no hizo nada para cambiar un poco las cosas?

–Creo que la transición tuvo tres grandes propósitos: la democracia electoral, el acceso a la información y la libertad de expresión. Sin embargo, estas supuestas tres grandes conquistas de la transición no se concretaron en la realidad. Tanto es así que tuvieron que transformar el IFE, que el IFAI quedó inmerso en la corrupción que pretende evitar y la falta de libertad de expresión la hemos venido padeciendo todos; basta ver el discurso de Alejandro Junco, el director del periódico Reforma en diciembre. La violencia desbordada contra los periodistas es claro ejemplo también de esa falta de libertad de expresión. Han muerto amigos míos. Tengo amigos desaparecidos. Otros han tenido que irse a vivir al extranjero. Los reacomodos de los grupos son otra expresión de esa impunidad. Vimos al tan mentado Presidente Panista y anti-priísta Vicente Fox apoyar en 2012 a Enrique Peña Nieto.

–Más allá de lo político, ¿hay un valor moral? ¿El PAN ha traicionado a México.

–Toda la clase política ha traicionado a México. Es el ADN de los que gobiernan a esta nación: la traición.

EL AUTORITARISMO DEL PRI

Para Arturo Rodríguez García, el autoritarismo del PRI no se ciñe exclusivamente a la estructura partidaria, sino que también despliega su influjo en el resto de la clase política. En las raíces del PAN, está el ADN del PRI. En la izquierda institucional, late la sangre del PRI.

Como ejemplo, el Gobernador de Tabasco, Arturo Núñez, de filiación perredista y quien “ha incurrido en excesos de represión del PRI, el caso concreto es el de los pueblos nahuas del volcán que se oponen al gasoducto”, dice el autor.

–La sensación que queda después de leer tu libro es que en realidad nos gobierna una “apartidocracia”. Hay un punto en que la clase política mexicana parece olvidarse de su partido de origen y se unen todos para responder a la voluntad de un poder supremo…

–Es esta noción de sustituir la filiación ideológica por los pragmatismos. En muchos casos declarados de manera abierta, como el mismo Peña Nieto, como Rosario Robles, el hecho de que no pase nada…como en el caso de Abarca en Iguala. Hacía un año que las organizaciones ciudadanas de peso habían señalado que este Presidente Municipal había asesinado a dirigentes sociales y no pasaba nada. Cuando al obispo Raúl Vera le dice el titular de la SEIDO en agosto que ya tenía la averiguación previa por el caso Abarca, no era cierto. Estas mentiras hacen que la clase política permanezca impune, por eso todos se comportan de la misma manera.

–El Estado fagocita a los rebeldes…¿pero qué hace la gente para defenderse de la fagocitación que mencionas? El pueblo no reacciona, es esa la raíz del problema

–Las represiones históricas nos dan la pauta de cómo las tácticas represivas facilitan la desmovilización ciudadana y derivan en caso como el de los 43 desaparecidos en Ayotzinapa o sin ir más lejos los que protestaron contra la tala arbitraria de árboles en Churubusco ocurrida el domingo y que fueron golpeados por la fuerza pública. La gente así ya no va a volver a salir, no va a querer poner en riesgo la integridad de su familia. Ellos (el poder) saben cómo desarticular la inconformidad.

–¿Cuál será la salida de este infierno?

–No puedo expresar soluciones porque no las tengo. Lo que hago es contar lo que pasa para que el ciudadano reflexione y luego decida. No puedo hacer una prospectiva, hay indicios claros de inconformidad en todo el país; el tema del agua, de los recursos energéticos, están detonando la inconformidad en todo el territorio, pero no hay cohesión en las protestas. La suma de todas esas expresiones de protesta está poniendo en jaque al establishment, eso sí.

–A veces nos gana el escepticismo

–Vivimos en tiempos de la globalización y nuestros intereses se desmasifican o se especializan, los brotes de inconformidad surgen de manera aislada y dividida, sin cohesión, y en estas luchas se ha perdido el de la lucha de clases, que podría unir a campesinos, ecologistas, animalistas, según dice en mi libro el politólogo Dejan Mihajlovic.

–La lucha de clases no ha pasado de moda y, efectivamente, está detrás de toda la corrupción y la impunidad

–Sí, claro, casi siempre de fondo, detrás de cada conflicto, permanece el abuso del poder político y económico sobre los más débiles.

–¿Es el PRI el cáncer de México?

–Creo que toda la cultura autoritaria es el cáncer de México, desafortunadamente. Se trata de una forma de hacer las cosas, a la que atienden todas las fuerzas del poder.

–¿Cómo nació este libro?
–En el tiempo libre que me queda cuando cubro la fuente de Presidencia. El señor Enrique Peña Nieto viaja mucho y Proceso, así como SinEmbargo.mxy otros medios independientes no formamos parte de su círculo cercano, no somos los periodistas que lo podemos entrevistar, que podamos viajar a su lado en las giras. Mi editor en Proceso me sugirió que era momento de unir este tema de la reedición ritualística del poder con lo que pasa en la calle con los movimientos sociales y así nació el libro.

–En tu libro puede verse también que no la tienen tan fácil, a pesar de la reedición de los rituales del poder

–Lo que creo es que las redes sociales constituyen una tribuna pública que los ciudadanos no tenían, pero este sistema tiene una capacidad increíble de adaptación. Lady Profeco hizo que el titular del Profeco tuviera que dejar el puesto, pero no ocurrió lo mismo con el caso del nieto golpeador del ex Procurador Murillo Karam. La simulación histórica de este sistema se adapta a todo.

–¿Este libro, los periodistas, tienen algo que aportar en este contexto?

–Tenemos que contar, tenemos que narrar, aun cuando no se tenga conciencia de si el trabajo de uno sirve para expresar una realidad. Tenemos que decir lo que está pasando.

–¿Se desmorona, México, tal como ha dicho el escritor Fernando del Paso?

–Sí, ahora más que nunca. Lo que tenemos en este momento es la etapa más oscura de nuestra historia como país.

–¿Más oscura que la del ’68, que el asesinato de Madero, que el de Colosio?

–Sí. Hay una línea invisible y cada vez más compleja entre política y crimen organizado. Hay una situación relacionada con las reformas de Peña Nieto que va a generar conflictos en los próximos meses. Esto va a ser cada vez peor y cuando el aparato represivo tiene tratos con el crimen, todo es más grave todavía.

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