¿A quién le conviene una prensa cargada? A nadie

18 Mar

Si a alguien no le conviene una prensa cargada hacia un solo lado y con una sola visión del país, es al propio Gobierno federal y a las instituciones del Estado mexicano.

Cuando se tiene una sola verdad de los hechos o, peor aún, cuando se estimula que haya una sola verdad, la sociedad pierde pero pierden más los interesados en ocultar algo que la realidad muestra claramente y que, por tanto, es imposible de esconder.

Ni los más brillantes propagandistas han logrado enterrar la realidad. Se puede disfrazarla, pero no enterrarla. Hay puñados de ejemplos y, por desgracia, corresponden a gobiernos criticados por su autoritarismo y por marcar una sola agenda, casi siempre triunfalista.

Pero ésta no le conviene a nadie ni le hace bien a un país que, como México, está –al menos entre su sociedad– en un momento de grandes reflexiones y, además, sus crisis en diversos temas son revisados con lupa por distintos organismos internacionales, grupos de poder –como gobiernos y los grandes inversionistas en el mundo–, además de un segmento importante de la prensa más prestigiada en el orbe.

En México, es cierto, los ciudadanos y los medios de comunicación libres han logrado avances importantes para la construcción de la democracia. Pero también, hay que decirlo, de vez en vez se dan retrocesos que no favorecen su consolidación.

Los actores políticos, en específico los partidos, son particularmente responsables por aferrarse con todo a un reducto de poder que, lo vemos a diario, les da una vida buena, extraordinaria para un país pobre y marginado como México y, por tanto, no consideran que la verdad, la transparencia y la rendición de cuentas sea una alternativa viable. Al contrario, entre más oscuridad y mayor distancia creen entre la sociedad y esos asuntos, mejor futuro tienen ellos y, más aún, los grupos políticos que hoy los encabezan.

Pero hay asuntos que no se pueden ocultar, y el no hablar de éstos genera un mayor rechazo. El despido de la periodista Carmen Aristegui Flores de la empresa MVS Radio, por ejemplo, no ha merecido ningún comentario por parte de cualquiera de los partidos que operan en México, con excepción del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Aristegui Flores ha sido una de las comunicadoras más críticas de la actual administración federal, y si la propia periodista no ha relacionado directamente su despido con el Gobierno de Enrique Peña Nieto, la prensa extranjera sí lo ha hecho y ahí están los despachos publicados lo mismo por Financial Times que por Al JazeeraForbesLos Angeles TimesThe New York TimesThe Wall Street JournalEl Mundo y El País, o los de agencias como APReuters y EFE, entre otras.

Colaboradores de Aristegui han dicho que este conflicto se generó apenas unas semanas después de que hubiera cambios en la oficina de Comunicación Social de Los Pinos. Eso mismo fue revelado a SinEmbargopor Darío Ramírez, director de la organización internacional Artículo 19.

Y aunque una parte de la prensa nacional ha manifestado su solidaridad con la periodista, también la mayoría de los medios de comunicación ha impuesto un espacio en blanco a este tema, lo que no lo aísla de sospechas. Particularmente en las redes sociales, los usuarios lo han convertido en trending topic internacional desde el jueves pasado, cuando comenzaron los rumores por despidos en el equipo de Aristegui.

El caso ha vuelto en poner en la mesa que en México es más cómodo, y seguramente rentable, quedarse callados ante diversas problemáticas. Pero esto no quiere decir que no existan y que no se revelen ni se manifiesten en diversos espacios.

Lo que es muy misterioso es cómo los líderes de los partidos de la izquierda –por lo menos de los más grandes– han preferido guardar silencio. Y nos referimos a los de la izquierda, porque se supone es ésta la que defiende una línea política que impulsa la conformación de espacios de acción y movilización ciudadana, para lograr cambios democráticos y sociales con base en la libertad de expresión y el respeto a todos los derechos humanos.

Pero no, del PRD, del PT, de Convergencia, no ha habido una sola palabra sobre el caso. Del PRI, el PAN, el PVEM y el Panal se puede esperar esa comodidad. Pero de la izquierda no, porque es incluso un comportamiento antinatural. Ahí está, sin embargo, ajena a la realidad y a los intereses ciudadanos.

Pero, de nuevo, eso no le conviene a nadie. Ni a los políticos ni a la prensa que, con el silencio, apelan también al paso del tiempo y al olvido, una estrategia que en el México de hoy es contraproducente y no abona sino a una mayor desconfianza tanto en los medios como en las instituciones del Estado.

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