Gobierno mexicano: ¿esbirro internacional? (Primera parte)

5 Mar

Utilizó una de las definiciones de esbirro de la Real Academia Española de la Lengua: “Secuaz a sueldo o movido por interés”. El vocablo se relaciona comúnmente con el cometido de actos violentos. Dejaré a usted concluir si los actos del gobierno a los que me refiero implican violencia.

¿Por qué razón el gobierno mexicano se dirigió al gobierno asutraliano para manifestarle que la regulación que estaba implementando para el empaquetado de cigarrillos representaba una barrera al comercio?, ¿por qué el gobierno mexicano hizo comparsa con las grandes trasnacionales del tabaco como Philip Morris y British Tobacco para oponerse al etiquetado más avanzado en el cumplimiento de las recomendaciones de la Convención Marco contra el Tabaco de la Organización Mundial de la Salud?, ¿por qué de esta manera atacaba una de las estrategias más efectivas para combatir el tabaquismo entre los adolescentes australianos?. ¿Por qué, por otro lado, se dirige al gobierno ecuatoriano para señalarle que el etiquetado del semáforo que ha impuesto a alimentos y bebidas es también una barrera al comercio?, ¿por qué le ha hecho el juego a las grandes corporaciones globales de la chatarra que gastaron mil millones de euros para evitar este etiquetado en el Parlamento Europeo?, ¿por qué le quita el derecho a los ecuatorianos de acceder a un etiquetado que realmente les orienta sobre el contenido excesivo de azúcar, grasas y sal en los productos?, ¿Por qué se opone al etiquetado que es reconocido como el único efectivo en el continente por el Plan de Acción contra la obesidad en Niños y Adolescentes de la Organización Panamericana de la Salud?

La respuesta la encontramos en que los mayores intereses en el mundo actual lo representan, sin duda, las grandes corporaciones que concentran un mayor poder económico y político que la mayor parte de las naciones del planeta. Aunque algunas corporaciones se hacen del servicio de gente y grupos armados, como las petroleras en varias naciones, no cuentan con sus ejércitos. La fuerza de penetración de gran parte de ellas, y aquí me refiero a las corporaciones responsables de expandir las enfermedades crónicas no transmisibles (tabaco, comida chatarra y alcohol) que son la principal causa de mortalidad a escala global, está fincada en otro tipo de ejército formado por: sicólogos, sociólogos, etnólogos, publicistas, especialistas en neuromarketing, y principalmente: cabilderos. Todo lo anterior acompañado por la ciencia y la tecnología más avanzada para lograr la persuasión, adicción y penetración de sus productos. Y en esta estrategia, las corporaciones buscan gobiernos serviles que las acompañen en sus estrategias internacionales para combatir a otros gobiernos que a través de sus políticas buscan proteger la salud de sus poblaciones. El campo de batalla es la Organización Mundial de Comercio, que a diferencia de los demás organismos internacionales de salud, medio ambiente, derechos laborales, etc, si tiene dientes, pudiendo imponer sanciones si concluye que un gobierno establece barreras “no justificadas” al libre comercio.

A tal grado ha sido la penetración de estas grandes corporaciones en el mercado y la vida cotidiana que la mayor parte de las muertes se están generando por el consumo de sus productos y, lo más sorprendente, es que en muchos casos esto es aceptado como “normal”. Por ejemplo, la dimensión del impacto del tabaco se puede comprender si consideramos que uno de cada dos fumadores morirá de una de las más de veinte enfermedades asociadas al tabaquismo y que una de cada 10 personas que mueren por el tabaco no son fumadoras, mueren por exposición al humo del tabaco, por el humo al tabaco producido por otro u otros fumadores. Por otro lado, las enfermedades asociadas al consumo de una mayor cantidad de alimentos ultraprocesados, productos con muy altas cantidades de azúcar,  grasas y sal, ocupan ya la mayor parte de las camas de hospital y son la principal causa de muerte, significando el colapso de los sistemas de salud de varias naciones.

Resulta difícil pensar que los cigarrillos eran anunciados por médicos, que el fumar fue en un momento un símbolo de liberación de una parte del movimiento feminista, que se fumaba en los autobuses, los aviones, en todos lados. La lucha contra las grandes corporaciones del tabaco lleva varios decenios, durante varios de ellos la industria negó los impactos en salud del tabaquismo que en documentos internos reconocía. El Convenio Marco para el Control del Tabaco que entró en vigor hace 10 años es el primer tratado, bajo auspicios de la Organización Mundial de la Salud, que enfrentó los intereses de un grupo de poderosas corporaciones como lo son Philip Morris y British Tobacco. El Convenio ha sido fundamental para políticas muy exitosas que han logrado reducir el tabaquismo y, por tanto, las enfermedades y muertes que este causa, en varias naciones del mundo. En el Convenio han encontrado las naciones comprometidas con la salud pública una herramienta legal para enfrentar la presión de las corporaciones.

El Convenio es atacado por las corporaciones como una barrera al libre comercio, a la propiedad intelectual y a la libertad personal ya que establece, entre otras cosas: áreas libres de tabaco, medidas fiscales, controles y limitaciones a la venta, prohibición de su publicidad, regulación del empaquetado y etiquetado de los productos y campañas informativas, entre otras medidas.

Una de las medidas recomendadas es la regulación de las cajetillas de cigarros. Lo anterior incluye el establecimiento de fuertes imágenes que inhiban el consumo del producto, como una advertencia de los riesgos que sufre el fumador. Las directrices también recomiendan retirar los logos de las marcas, el diseño que genera la fidelidad con la marca. Pensemos en Marlboro o en Camel, el fumador adquiere un vínculo con el producto y en este vínculo juega un papel muy importante el logo. El logo, la imagen de la marca, genera un sentido de pertenencia, como ser parte de un club, es el escudo. El mayor impacto del logo y del sentido de pertenencia se genera en la adolescencia y es justamente este sector el que debe ser mayormente protegido del tabaquismos y al cual quieren llegar estas corporaciones. Este es el sector más vulnerable a la publicidad y a las adicciones, al establecimiento de fumadores de por vida.

En el caso de México, el sector donde no se ha registrado una disminución del tabaquismo y ha presentado un aumento, son los adolescentes. Un fenómeno muy preocupante y similar al que se presenta con el consumo de alcohol: se está consumiendo más entre los jóvenes y el aumento se da más entre las adolescentes.

La iniciativa más avanzada en materia de regulación del empaquetado de cigarrillos es, sin duda, la australiana y contra está han ido las corporaciones del tabaco, acompañadas en su momento por México. Pero la política exterior a favor de las corporaciones y en contra de la salud encuentra su correspondencia en las políticas internas con una Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) que se pone de acuerdo con las tabacaleras para mantener el empaquetado tal como está, no aumentar el tamaño de las imágenes y no regular la publicidad en el punto de venta.

Revise usted las imágenes del empaquetado en Australia y compare esas imágenes con ésta en un supermercado, Superama de av. Tlalpan y Periférico, donde la publicidad del tabaco está en grandes carteles cobre cada una de las cajas registradoras y con unas imágenes totalmente insulsas que no generan entre los fumadores una impresión de riesgo. El Convenio Marco contra el Tabaco, que el gobierno mexicano firmó, pide prohibir la publicidad en el punto de venta.

La diferencia es clara y es el resultado de las políticas públicas, de un gobierno que tiene un compromiso con la salud (Australia) frente a otro que hace lo mínimo (México), que negocia con las corporaciones tabacaleras, que está operado por funcionarios que ponen en primer lugar sus alianzas con los poderes fácticos. Las consecuencias son estadísticas: donde operan las regulaciones de manera efectiva descienden las enfermedades, las muertes. En los hechos, estas políticas salvan o acaban con vidas, hay responsabilidades en los funcionarios públicos. Hay responsabilidad de COFEPRIS que permite que las tabacaleras sigan usando imágenes inocuas como la de un hombre con la cabeza baja y un tanque de oxígeno, que no hacen nada contra la publicidad en los puntos de venta, que después del impuesto es la regulación que más combaten las tabacaleras.

La complicidad de las autoridades de salud con las corporaciones del tabaco, de la comida chatarra y del alcohol cuesta miles, decenas de miles de muertes, favorece el padecimiento de diversas enfermedades en cientos de miles de personas, afectando su calidad de vida, las finanzas familiares y colapsando el sistema de salud pública del país.

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