Cambio en la PGR: otra elección equivocada

4 Mar

Quien quiera que sea o que sean los que aconsejan al Presidente Enrique Peña Nieto y le “ayudan” a tomar decisiones no deben tenerle mucha estimación ni tampoco el menor interés en ayudarlo a salir de la peor crisis de confianza y credibilidad que haya tenido un gobierno federal en las últimas décadas.

Esos asesores o incluso “amigos” parecen no entender la dimensión del problema en que se ha metido la actual administración, pues al tomar decisiones coyunturales y sin ningún tacto político aumentan la percepción de que el gobierno federal no está en control del país, y que sus acciones y reacciones responden sólo a los intereses de grupos empresariales –en este caso Televisa–, lo que profundiza la descomposición  de la imagen del Jefe del Ejecutivo federal.

El priista Jesús Murillo Karam era, desde hace meses, un lastre para la actual administración. Su actuación al frente de la Procuraduría General de la República (PGR), en especial en los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa, ahondaron el recelo y el escepticismo de la sociedad mexicana en la institución encargada de la investigación y la aplicación de justicia a nivel federal.

Además, el político hidalguense, un priista de viejo cuño no acostumbrado a la presión de una ciudadanía más participativa, abierta y organizada, simplemente no pudo, con todo y su amplia experiencia, estar a la altura de la exigencia, particularmente cuando el Estado perdió el control interno y externo del caso Ayotzinapa.

Aquella respuesta del Procurador Murillo Karam a los reporteros nacionales e internacionales negándose a seguir informando sobre la desaparición de los 43 normalistas, el famoso “Ya me cansé”, fue demoledor no sólo para él, sino para el gobierno federal. Fue un golpe que avivó las protestas y evidenció a un Estado débil y agobiado, igual que el agotamiento que el titular de la PGR confesó en aquella rueda de prensa para cortar de tajo más cuestionamientos sobre el tema.

Sin embargo, el gobierno del Presidente Peña Nieto realizó un enroque en la Procuraduría General de la República que, como ya sucedió el 3 de febrero pasado al nombrar a Virgilio Andrade Martínez como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), no sirvió sino para levantar más sospechas de conflictos de interés contra su gobierno.

La Senadora Arely Gómez González fue nombrada titular de la PGR. La también priista es hermana del Vicepresidente de Noticias del consorcio televisivo TelevisaLeopoldo Gómez, y fue catalogada desde antes de su llegada al Senado de la República –al integrar la lista de candidatos plurinominales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la elección de 2012–, como parte de la “telebancada” o el grupo de legisladores que ha trabajado para los grupos de TV que dominan ese mercado en México: el de Emilio Azcárraga Jean y el que pertenece a Ricardo Salinas PliegoTV Azteca.

Arely Gómez, afirman los analistas políticos, no tiene la experiencia suficiente para ocupar la PGR, menos aún en un momento en que el país vive un repunte de la violencia y es cuestionado por los yerros en la procuración de la justicia y una grave crisis de violación de los derechos humanos de los mexicanos.

Sus dos últimos cargos relevantes, antes de llegar al Senado, se dieron en 2007, cuando fue titular de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), donde estuvo hasta 2010 y, luego, en 2012, antes de obtener una candidatura plurinominal por el PRI, fungió como jefa de unidad de Asuntos Nacionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Aun así, el Presidente, o el equipo que lo aconseja, le han dado la titularidad de una dependencia fundamental para combatir el crimen en todos sus niveles, una responsabilidad que ni un experimentado político y abogado como Murillo Karam pudo cumplir a cabalidad.

La elección es equivocada por mucho, y envía mensajes aún más sombríos sobre el gobierno de Peña Nieto pues, de acuerdo con analistas políticos, se relaciona como un “pago” a Televisa por los favores recibidos y “emana un profundo rechazo” por la procuración de justicia en el país, al colocar en ese puesto a una persona que, claramente, no tiene las habilidades, la experiencia y la personalidad para lidiar con los criminales: los que están dentro del gobierno y los que están fuera de él.

Con este relevo, la credibilidad de la administración federal se deteriora aún más, pues lejos de solucionar los problemas de la PGR, generados por el desgaste del ex Procurador, ahora ha llevado las cosas demasiado lejos: a convertir a Televisa, o a una de sus fieles, ni más ni menos que en el Ministerio Público Federal.

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