El gobierno de México, de pleito hasta con el Papa

27 Feb

Desde hace 23 años, cuando el Presidente priista Carlos Salinas de Gortari reanudó la relación de El Vaticano –entonces representado por el Papa Juan Pablo II– con el Estado mexicano, las ligas entre el gobierno mexicano y la Iglesia católica no habían tocado un nivel político y diplomático tan bajo.

Salinas de Gortari transformó en julio de 1992 las últimas restricciones establecidas por las Leyes de Reforma, promulgadas en 1856 por el Presidente Benito Juárez García y que limitaban el accionar de la Iglesia en los temas políticos, económicos y de educación, para relegarla a un segundo plano, bajo la idea clásica de “lo de Dios a Dios y lo del César al César”.

La relación del gobierno y el clero católico alcanzó en el sexenio del panista Vicente Fox Quesada un nivel tórrido de noviazgo. La grey de El Vaticano en México retomó su poder histórico dentro de la sociedad en todos los ámbitos, y reforzó el vínculo entre el poder y los ciudadanos, anteponiendo incluso sus intereses y los del grupo político al mando a los de los ciudadanos.

Sin embargo, en los últimos meses, como no se había visto en 23 años de esa nueva relación Iglesia-Estado, la Arquidiócesis Primada de México, presidida por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, ha venido criticando, semana con semana y a través de su órgano oficial Desde la fe las fallas del gobierno federal que encabeza el Presidente Enrique Peña Nieto.

La Iglesia católica ha reprobado lo mismo el “silencio” del priista Peña Nieto ante la “escalada de violencia criminal” en el país y el tráfico de armas, que sus reformas constitucionales y sus escasos beneficios para la mayoría de la población. Por ejemplo, su intención de endilgarle a la sociedad el costo de los pasivos de Petróleos Mexicanos (Pemex), no para salvar a la empresa sino para estar bien con el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), liderado por Carlos Romero Deschamps, uno de los miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI) más rechazado entre los ciudadanos y ligado, por décadas, a escándalos de corrupción que hasta ahora no han sido debidamente investigados.

En una editorial publicada en su semanario, el clero planteó: “Por más reformas y cambios, sí no se transforma lo esencial serán letra que beneficie a los de siempre, los depredadores del país, a costa del bien común”.

Además, al hacer un reclamo sobre la inseguridad en todo el país, expuso: “El Estado actual revela una desesperación general ante la pobreza escandalosa y la esca­lada de la violencia (…) el drama de los migrantes, secuestros, impunidad, la actividad de organizaciones crimi­nales e indiferencia contra el valor de la vida”.

Sobre el caso de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, la Iglesia llamó “omisos” e “incompetentes” tanto al gobierno de Peñacomo al que entonces encabezaba en Guerrero el perredista Ángel Heladio Aguirre Rivero.

“Guerrero es otro foco encendido que las autoridades de la Federación no quisieron ver, es el reflejo del peligro latente de vivir en un país como México con graves problemas internos gobernabilidad, seguridad, corrupción y miedo en distintas regiones, donde nadie puede decirse estar a salvo”, estableció.

Las críticas de la Iglesia católica contra el actual gobierno federal han sido muchas y la energía del tono ha subido conforme ha avanzado el deterioro de la imagen del Presidente Enrique Peña Nieto. Pero el domingo pasado, esas críticas se condensaron en una carta escrita por el propio Papa Francisco I a Gustavo Vera, quien es un líder de la Organización No Gubernamental “La Alameda”, con la que el actual Pontífice trabajaba antes de asumir al frente de la Iglesia católica, informó la agencia DyN.

“Veo tu trabajo incansable a todo vapor. Pido mucho para que Dios te proteja a vos y a los alamedenses. Y ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”, escribió Francisco I.

Ayer, José Antonio Meade Kuribreña, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), respondió al señalamiento del Papa, y expuso su “tristeza” y “preocupación” por las palabras del Pontífice que, a su juicio, “estigmatiza” a México.

“Lo que nos genera esta preocupación, es que el reto del narcotráfico es compartido, en el que México ha hecho enormes esfuerzos. Más que buscar estigmatizar a México o a cualquier otra región de los países latinoamericanos, debiéramos buscar mejores enfoques, mejores espacios de diálogo y mayor espacio de reconocimiento de los esfuerzos de México y Latinoamérica hacen respecto de un tema que nos preocupa”, expuso el canciller Meade Kuribreña.

Sin embargo, como se dice popularmente “palo dado ni Dios lo quita” o, lo que es lo mismo, la trascendencia de quien exhibe al gobierno mexicano, en este caso el Papa Francisco I, es tanta que será difícil de borrar esa crítica a nivel internacional.

El conflicto avanza, mientras la administración federal ha advertido que enviará una nota diplomática a El Vaticano, su siempre fiel aliado y que ahora comienza a ver también con malos ojos. Sin embargo, como han hecho durante 26 meses del sexenio, por la cabeza de quienes gobiernan no pasa el reconocer el problema y menos cambiar las estrategias que, a todos niveles, evidencian por qué este equipo se ha sumido en la peor crisis de credibilidad y confianza que se haya visto en décadas.

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