Economía: el escenario se ensombrece

10 Ene

En otro día de malas noticias económicas, a Luis Videgaray Caso, timonel de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), no le quedó otra más que aceptar que las condiciones internacionales se han puesto, de nuevo, muy complicadas y que, de continuar así –como ya lo habían previsto todos los analistas y también los organismo internacionales– el gobierno federal se verá en la necesidad de hacer una reducción al gasto público.

Otra vez, el estratega de las finanzas públicas del país se refirió a las malas noticias que impactan desde afuera a la economía mexicana: la caída de los precios del petróleo –que se previó desde principios de 2014–; la recuperación de la economía estadounidense –que evolucionó positivamente desde 2014–; la presión que esa mejora económica en el país vecino le puso a la moneda mexicana –lo que también se esperaba– y la expectativa de que en unas semanas, la Reserva Federal (Fed) suba su tasa de interés, por vez primera desde la crisis de 1989, y con ello los capitales se muevan, como ya lo están haciendo adelantándose a esa decisión del banco central estadounidense, hacia una economía más segura y rentable –un movimiento que también, desde hace meses, han previsto analistas–.

Es decir, parece que todo mundo sabe leer los movimientos económicos y financieros en el mundo, menos del equipo de Hacienda. Así pasó en 2013, así pasó en 2014 y así pasará en 2015.

Sin embargo, las respuestas del equipo que maneja las finanzas públicas del país se limitan a dos movimientos simples, fáciles y muy costosos para el futuro de los mexicanos: solicitar cada vez más deuda y recortar el gasto, en especial el destinado a combatir la pobreza; pero no se habla de restricciones al que ejerce el Estado gordo e ineficiente que ahora tenemos, y que se concentra en sueldos y salarios de burócratas a todos los niveles.

No hay más opciones en el camino. No en el de ese equipo que, desde el arranque del sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, secó el gasto y le metió un freno total a la economía mexicana, con las consecuencias que ahora se padecen en todo el país.

Todo mundo previene, todo mundo tiene un Plan B, pero ellos no: responden siempre a una coyuntura, pero sin visión de largo plazo, apostando el todo por el todo a unas reformas, especialmente la Energética, que hoy por hoy tiene muchas barreras para cumplir sus objetos y éstos parecen inalcanzables a la luz de los cambios en la economía mundial y de la propia matriz del consumo en el sector de la energía.

Videgaray Caso habló ayer en un evento donde el Secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el mexicano José Ángel Gurría Treviño, también ex titular de la SHCP en el sexenio del ex Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, presentó el Estudio Económico de México 2015. En éste, dicha organización de “países ricos” es benévola con el actual gobierno e insiste en que si las reformas se implementan bien México crecerá 4 por ciento este año.

El problema es que ni el análisis del organismo que encabeza Gurría Treviño ni el propio Luis Videgaray mencionan los grandes problemas que tienen atados la economía y el desarrollo en México, y a los que esta administración federal ha desdeñado por completo: la corrupción y la impunidad que la alimenta; la falta de transparencia y rendición de cuentas en toda la estructura del Estado, y la violencia imparable que no deja a los mexicanos vivir en paz, pero tampoco les permite trabajar y ser productivos.

Ayer, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio dos datos que resumen la situación económica y social del país, y que dimensionan los conceptos antes mencionados:

El primero fue que durante 2014, la tasa de inflación se ubicó en 4.08 por ciento, la más alta en los últimos cuatro años, y una cifra superior incluso a la pronosticado por el Banco de México, que había fijado la meta en un rango de entre 3 y 4 por ciento. Es decir, una mayor pérdida del poder adquisitivo de los mexicanos, de por sí ya vapuleada.

El segundo fue que la percepción de los mexicanos en materia de seguridad pública empeora y la mayor parte de la población desconfían del desempeño de la policía. El sexto levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU), al cierre de diciembre pasado, planteó que, en términos de delincuencia, 67.9 por ciento de la población de 18 años y más consideró que vivir en su ciudad es inseguro, mientras que en la expectativa social sobre la seguridad pública, el 35.3 por ciento consideró que la situación de la delincuencia en su ciudad seguirá igual en los próximos 12 meses y 27.9 por ciento que empeoraría.

Ahí están dos signos más de la problemática que todos los mexicanos ven y resienten a diario, pero que los estrategas de Hacienda se niegan a aceptar y, mucho menos, a resolver con acciones contundentes.

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