Los corajes para el 2015

7 Ene

Sin querer ser aguafiestas, la verdad es que este 2015 no se inicia bajo los mejores auspicios que digamos. No son nada buenos los indicadores económicos con los que arranca el año, pero tampoco los signos políticos y sociales, la violencia, la inseguridad. Me temo que a lo largo de los próximos 12 meses serán muchos los corajes que tendremos que digerir.

La economía mexicana está punto menos que colapsada, rotas las expectativas de los inicios del actual sexenio. El crecimiento no se da, a pesar de indudables mejores en la economía estadunidense, nuestro cliente y socio principal. Sube la inflación y baja el precio de nuestro petróleo. Sube el dólar y bajan las reservas nacionales. Sube el endeudamiento público y bajan los niveles de empleo.

Ningún avance se ha registrado en el combate a la corrupción y la impunidad. Por el contrario. Cada vez se conocen más casos de enriquecimientos indebidos, incluida la familia presidencial y los principales miembros del gobierno actual, los diputados y senadores, los gobernadores y alcaldes y cada vez la ley parece más laxa para sancionar a los infractores. Nada pasó finalmente con los numerosos casos de diputados extorsionadores a través de los lamentables “moches”. El PAN insiste en la implementación de un sistema anticorrupción en el país, pero ninguno de los panistas acusados públicamente de diversas corruptelas –incluidos precisamente los “moches”, las ventas de candidaturas, la adulteración del padrón interno del partido— ha sido sancionado. ¿Y qué decir del PRI, cuyos legisladores frenaron las reformas para poner un dique al menos formal al enriquecimiento ilegal de los funcionarios públicos? El caso del PRD es patético, luego de la embarrada de dirigentes del Sol Azteca en el escándalo de los normalistas desaparecidos en Iguala.

Puros corajes nos esperan con un fortalecimiento de la partidocracia que se manifiesta en un alegre reparto del pastel frente a la mirada atónica de nosotros los ciudadanos, que vemos cómo en este país todo se negocia entre los partidos políticos. Y todo es puestos, candidaturas, recursos, canonjías. El caso de los aguinaldos de 90 días es harto elocuente de la conducta de nuestros diputados. Entre ellos se reparten también las plazas de consejeros en los organismos electorales y hasta los premios “Belisario Domínguez” que cada año otorga el Senado de la República. Y en este 2015 seremos espectadores otra vez del espectáculo electoral con el reparto de candidaturas en el interior de los partidos y el reparto de “huesos” en comicios a menudo también negociados. Veremos de nuevo –empezó ya— el saltadero de chapulines de un cargo al otro: diputados federales a diputados locales y viceversa, legisladores que brinca a alcaldías y jefaturas delegacionales en el DF. Serán otra vez 500 las diputaciones federales por repartir –ni uno menos— y cientos de curules locales en diversos estados donde habrá elecciones este año. En la capital, el reparto se hará entre 40 diputaciones locales ante la Asamblea Legislativa del DF y 16 jefaturas delegacionales. Por supuesto, cada uno de esos cientos de cargos implican también el desplazamiento de los equipos de cada uno de los saltamontes: asesores, asistentes, choferes, achichincles, secretarios que participan en la rebatiña de chambas cada trienio.

Y no se crea que uno es pesimista. Al contrario: siempre pienso que las cosas pueden mejorar, deben mejorar, cambiar. No pierdo la esperanza de que los mexicanos comunes, los ciudadanos, se decidan un día en tomar en sus manos el destino de este país y empiecen a actuar, a organizarse, a protestar, a proponer. Ante la situación que nos espera –y que aquí apenas he esbozado—no es mala idea la de anular nuestro voto, por ejemplo. Esa es hoy una protesta contundente, un rechazo a la corrupción, las componendas, la impunidad. Con un 20 por ciento de sufragios anulados, según la Ley, la elección respectiva queda anulada. Hay todavía armas ciudadanas para poner un hasta aquí a los políticos profesionales que nos agobian. Y también hay posibilidades, opciones. Por eso da tanto coraje que las cosas sigan igual. Válgame.

Por Francisco Ortiz Pinchetti

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