Legisladores: insaciables

18 Dic

Es verdad que el actual gobierno federal ha desilusionado a la mayoría de los mexicanos, por una administración que, en sólo dos años, ha dado resultados raquíticos pero, peor aún, ha evidenciado una nula voluntad política para escuchar a los ciudadanos y, a esa actitud soberbia, se le ha añadido la de la opacidad moral, luego de investigaciones que ligan al propio Presidente Enrique Peña Nieto, a su círculo de colaboradores más cercanos e incluso a su familia con empresarios a los que ha concedido miles de millones de pesos en obras y que, a cambio, parecen estar devolviendo esos favores con mansiones fabulosas.

Decimos “parece” porque el gobierno federal no ha sido transparente incluso para salir en su defensa y aclarar acusaciones que hoy lo sitúan en el extranjero en su nivel más bajo.

Peña Nieto le regresó al Partido Revolucionario Institucional (PRI) la Presidencia de la República, que perdió por 12 años ante el Partido Acción Nacional (PAN), y que previamente ejerció como “dictadura perfecta” durante siete décadas.

El regreso del PRI, que a muchos ilusionó en un primer momento, ha sido, sin embargo, voraz.

Su hambre de poder, frenada por dos sexenios de panismo, se acumuló a tal grado que, en estos casi 25 meses de gobierno, han querido devorarlo todo, arrasar con lo que se les ponga enfrente, demostrando así que el pecado de la gula está en su ADN.

Con la llegada de Peña Nieto a Los Pinos se instaló también una mayoría de priistas en el Congreso de la Unión: 52 legisladores en el Senado de la República y 207 en la Cámara de Diputados, esto sin contar a sus senadores y diputados que les sirven de vasallos: 9 del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en la Cámara Alta y otros 33 en la Cámara Baja, mientras que el Partido Nueva Alianza (Panal) les significa 1 y 10, respectivamente.

Encima, el PAN y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), los institutos políticos de oposición y que, por sus orígenes, se suponía eran los enemigos de las políticas totalitaristas y las prácticas corruptas del PRI, se postraron a los pies del nuevo gobierno, ante su propia descomposición interna, su falta de liderazgos y, más aún, por su pérdida de ética y dignidad política y humana.

De esta forma, la mesa quedó servida para el festín de los glotones y la fiesta de esos tragaldabas no ha parado.

Llevan casi 25 meses aprobando leyes económicas, políticas y sociales que han provocado daños profundos a los ciudadanos y los han empujado a salir a las calles para protestar. Los abusos que denuncian miles y miles de mexicanos en ciudades y pueblos se generan justo ahí en el Congreso, donde casi 628 legisladores hacen de las suyas, cada uno a su modo, cada uno con alcances diferentes, pero todos con unas panzas que no se sacian y que se llenan con el dinero de los millones de ciudadanos honrados de este país a los que, supuestamente, representan.

Si se repasan las leyes que en casi 25 meses de este sexenio han aprobado, se verá que no hay una sola que no responda a intereses de un puñado de hambrientos.

Lo del lunes pasado, cuando dejaron sin responsabilidad alguna a ex gobernadores y ex presidentes municipales por las deudas multimillonarias que han dejado en todas las entidades de la República, no tiene nombre.

Es una muestra reveladora de la condición humana que prevalece entre la mayoría de esos 628 legisladores. No hay palabras, de verdad, para justificar su avidez por acabar con todo en la mesa, sin pensar un solo momento que México es hoy un país cada vez más pobre, marginado y con menos oportunidades de desarrollo para las mayorías, gracias a su glotonería.

La sociedad civil organizada, debe extender su reclamo y su exigencia de rendición de cuentas a esos que viven del dinero público, del esfuerzo y el sacrificio de los ciudadanos honrados y trabajadores que, por fortuna, son la mayoría en este país. En realidad, los muertos de hambre, son los menos, y hay que empezar a señalarlos. Ahí en el Congreso están los rechonchos legisladores que hoy, más que en otro sexenio que se recuerde, se engullen lo mismo grandes banquetes que migajas, a nada le ponen pero.

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