¿Diálogo? ¿Para qué? Ese no será el camino

13 Dic

Lo comentamos en este espacio hace apenas cuatro días, en esta crisis de credibilidad y confianza, y frente a la indignación ciudadana, el gobierno federal sólo tiene dos caminos: el diálogo y la negociación con los grupos civiles o endurecer su posición y confirmarse como una administración que sólo con el garrote apaciguará las aguas.

Ayer, para la decepción de la mayoría, Aurelio Nuño Mayer, el jefe del Gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto, quien a sus 36 años es el más joven del círculo de poder en Los Pinos, confirmó que no, que no, que a este gobierno de jóvenes priistas no le interesa negociar con nadie ni de nada que no sean sus prioridades.

Hombre de todas las confianzas del Presidente, encargado de los temas más delicados, incluso por encima de políticos como el titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), Miguel Ángel Osorio Chong, el súper poderoso del gabinete presidencial y encargado de la política interior del país, Nuño Mayer reveló, sin rubor alguno, que la Presidencia de Peña Nieto no se abrirá al diálogo con la sociedad ni privilegiará la negociación para responder a las exigencias ciudadanas que ahora inundan las calles y plazas del país, luego de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y la ola de escándalos que relacionan al Presidente, a su familia y a su equipo más cercano con empresarios y miles de millones por concesiones en el sector infraestructura.

“No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo”, afirmó Aurelio Nuño, entrevistado por el diario El País como parte de un reportaje sobre la crisis económica, social y política en México.

Nuño reconoció en el periódico español que ante la tragedia de Iguala “nos quedamos cortos” y dijo que el país vive una profunda crisis de confianza y que la estrategia de comunicación no está funcionado: “Nos faltó una agenda más contundente en materia de seguridad y de Estado de Derecho. Nos quedamos cortos. No vimos la dimensión del problema y la prioridad que debería haber tenido”.

Sin embargo, el hombre que se encarga de la Oficina de la Presidencia y es responsable, entre otras cosas, del diálogo directo con los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México, las entidades con más población del país y, por tanto, con el mayor número de votantes, afirmó: “No es fácil cambiar las llantas con el coche en marcha”.

Pero además dejó en claro que la urgencia en los cambios que exige la ciudadanía en las calles, en las plazas, en las universidades, desde grupos defensores de los derechos civiles y en los medios de comunicación no va a desviar el rumbo de la actual administración federal.

“No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”, afirmó.

La respuesta de Aurelio Nuño Mayer preocupa y mucho. El joven que, se dice, es un estudioso de la Revolución Mexicano, es también uno de las personas con más influencia sobre su jefe, el Presidente de México, a quien conoció gracias a la recomendación del actual titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray Caso.

Si ese hombre con poder de picaporte e influencia sobre Peña Nieto se ha pronunciado así sobre la respuesta a “las bravuconadas”, la esperanza de una respuesta pronta a las exigencias sociales de transparencia y rendición de cuentas de funcionarios públicos de todos los niveles, comenzando por los que ocupan la casa presidencial, así como de justicia, respeto a la ley y ataque frontal a la corrupción, está cada vez más lejana.

Aunque el joven y poderoso encargado de la oficina presidencial aseguró que no habrá represión, sus respuestas al diario madrileño muestran que sí hay desesperación pero no disposición para encontrar canales de diálogo.

Ahora, incluso, también arremetió contra una parte del sector empresarial por mostrarse contrarios a las reformas.

“Hay resistencias al cambio por parte de los propios afectados como en el caso de los maestros, y resistencias, algunas visibles y otras menos evidentes, de grupos económicos, mejor organizados, contrarios a la competencia”, precisó.

En síntesis: declaraciones que envían un mensaje ingrato para la sociedad y los sectores productivos del país, y que evidencian la poca voluntad política que hay desde la cúpula del poder para escuchar y negociar con sus gobernados, aun estando en el nivel más bajo de credibilidad y confianza no sólo en México sino también entre gobiernos y ciudadanos del extranjero.

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