¿El Gobierno mexicano allana el camino para usar la fuerza? The New Yorker sugiere que sí

8 Dic

El Gobierno mexicano, con ayuda de las voces que lo apoyan, están construyendo un discurso para justificar la represión de manifestaciones públicas, sugiere hoy un extenso reportaje del periodista norteamericano Francisco Goldman en la prestigiada revista The New Yorker.

Goldman es un escritor con un fuerte reconocimiento en Latinoamérica y una sólida reputación en Estados Unidos. Ha escrito una serie de artículos para The New Yorker sobre el país que ha quedado después del 26 de septiembre, cuando policías de Iguala secuestraron a 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Su artículo de hoy es el principal de la publicación.

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Hoy mismo, mientras Goldman publicaba su texto, distintos periódicos de la capital mexicana destacan la promesa del Presidente Enrique Peña Nieto de garantizar el libre tránsito en la Autopista del Sol, escenario de protestas de los maestros de Guerrero. El Comisionado General de la Policía Federal, Enrique Galindo, advirtió por la mañana que intervendrá las veces que sean necesarias para cumplirle al mandatario. “Tenemos un operativo específico para ello, las veces que sea necesarias vamos a intervenir, así lo instruyó el Presidente”, dijo a Radio Fórmula.

Francisco Goldman, en la crónica sobre los días que vive el país tras la desaparición de los 43 normalistas, comenta en The New Yorker sobre las dudas que hay entorno a los grupos violentos (los llamados “anarcos”) que aparecen en cada marcha y “proveen a la policía argumentos para utilizar la violencia”.

Y da varias citas sobre los riesgos de una represión contra los manifestantes, y el discurso que se viene construyendo:

Cita a Beatriz Pagés Rebollar, una ex periodista y ahora funcionaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuando dice en un artículo publicado en el sitio oficial de su partido:

“La cadena de protestas y actos vandálicos —perfectamente bien orquestados— replicados en varias partes del país demuestra que la desaparición y probable exterminio de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa forma parte de una trampa estratégicamente puesta a México […] Todos estos activistas y propagandistas del terror tienen el mismo modus operandi: utilizan un discurso provocador, engañador y fraudulento para confundir y hacerle creer a la sociedad que la desaparición y posible asesinato de los 43 jóvenes normalistas es un crimen de Estado, como si el Gobierno mexicano hubiera dado la orden de exterminarlos”.

Luego cita a Carlos Alazraki, “un privilegiado veterano del PRI y un ejecutivo de publicidad que ha trabajado en las campañas electorales de varios de los candidatos presidenciales del partido”, cuando dice, en un artículo publicado en La Razón:

“Estimados comemierdas: Maldigo la hora en que se convirtieron en sindicato. Maldigo la hora en que nacieron. Son unos asesinos. Odian a México. Ya para terminar, les recuerdo que la violencia genera violencia. No se espanten si el Gobierno federal reacciona”.

Posteriormente, cita al mismo Presidente Peña Nieto, en su famoso discurso, ofrecido en medio del escándalo de la “casa blanca” propiedad de Grupo Higa: “[…] Hay protestas que no está claro su objetivo. Pareciera que respondieran a un interés de desestabilizar, de generar desorden social y sobre todo de atentar contra el proyecto de Nación que venimos construyendo […] A lo largo de esta semana y estos días se han apreciado lamentablemente actos de violencia en algunas partes, de protesta con violencia en otras; claramente [quiero] señalar que el gobierno de la República es solidario con el dolor que ha provocado la desaparición de jóvenes estudiantes, que el gobierno de la República ha emprendido una investigación exhaustiva a través de la PGR y que ha mostrado públicamente el alcance y lo que lleva en sus investigaciones”.

El Presidente agregó:

“Pero también hemos advertido que al amparo de este dolor y del sufrimiento de los padres de familia y de la consternación social que hay por los hechos de dolor y de horror que de acuerdo con la investigación se tuvieron en Iguala, hemos advertido los movimientos de violencia que al amparo y escudo de esta pena pretende hacer valer protestas. No nos vamos a detener. Pareciera que algunas voces unidas a esta violencia y a esta protesta, algunas de ellas, fueran aquellas que no comparten este proyecto de Nación, que quisieran que el país no creciera y que frenara su desarrollo”.

Activistas y organizaciones civiles dieron respuesta, al día siguiente, al Presidente mexicano. Le exigieron que pusiera rostro a los que “desestabilizan” al país.

Goldman refiere:

“Peña Nieto habla a menudo como un actor que interpreta a un estereotipado Presidente en un programa de televisión, hablando sobre el uso legítimo de la fuerza como si frases como esa tuvieran un poder mágico para aislarlo de las realidades sórdidas de un poder autoritario ejercito sin ley y con brutalidad, y de un gobierno irremediablemente comprometido. Cuando un Presidente como éste habla de un uso legítimo de la fuerza y describe a los manifestantes como amenazas a un ‘proyecto nacional’, lo que la gente oye son amenazas de ejercer ese poder violenta y arbitrariamente”.

El periodista expone las dudas que hay sobre la honestad del Presidente de México. “El ejemplo más claro de la corrupción en México en este momento parece ser el propio Presidente Peña Nieto”, señala.

“[Peña] No puede explicar de manera creíble cómo un relativamente joven funcionario de una familia de clase media ha logrado acumular tanta riqueza como la que él tiene. La más difundido (aunque no la única) evidencia de esta riqueza es la mansión de siete millones de dólares [“casa blanca”] que el Presidente dice que pertenece a su esposa [Angélica Rivera], una estrella de telenovelas que no ha trabajado desde el año 2007”.

Agrega inmediatamente después: “El título de la casa es propiedad por una empresa de construcción [Grupo Higa] que ha ganado contratos (algunos de ellos controversiales) de las administraciones de Peña Nieto, tanto durante su gobierno [en el Estado de México] como en su Presidencia. La semana pasada, cuando se le dio un premio en el Comité de Protección de Periodistas por su contribución para la libertad de prensa, Jorge Ramos, el locutor de Univisión, se refirió a Peña Nieto de una manera que ningún radiodifusor y muy pocos políticos mexicanos se ha atrevido: ‘¿Se imaginan lo que pasaría aquí en los Estados Unidos si un contratista secreto del gobierno financia la casa privada de Michelle Obama? Bueno… eso es lo que está pasando en México y, aunque no lo crean, hay ni siquiera una investigación independiente que estudie el caso’, dijo. ‘Eso no es salvar a México. Eso es corrupción’”.

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