Tiempo de reacción(arios)

2 Dic

Por Jorge Zepeda Patterson

El meme que circulaba este viernes lo decía todo: “Tiempo para que Peña reaccionara por la muerte de 43 estudiantes: 12 días; tiempo de reacción por la muerte de Chespirito: 12 minutos”. Y el post incluye el texto presidencial tuiteado: “Lamento profundamente el fallecimiento de Don Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Mis condolencias a su familia”.

No sé si el contraste entre 12 minutos y 12 días refleja con exactitud las prioridades de Peña Nieto, pero me temo que no anda muy errado. Muchas personas se enteraron de la muerte de Chespirito justamente por el mensaje trasmitido por el Presidente instantes después del deceso. En cambio se necesitó que la prensa extranjera machacara una y otra vez sobre la tragedia de Ayotzinapa para que Los Pinos se diera por enterado. Qué le vamos a hacer: uno era estrella de Televisa, los otros pertenecían al 50 %de los mexicanos que no existen para la élite, salvo el día de las elecciones.

Quizá por eso inspira tanta desconfianza el asunto de los 10 puntos presentados por Peña Nieto como el gran instrumento capaz de establecer el Estado de derecho en México y acabar con la violencia, la impunidad y la corrupción. Un anuncio que más parece confeccionado por una oficina de relaciones públicas con el propósito de hacer control de daños, que por un grupo de estrategas verdaderamente preocupados por el tema. Un maquillaje apresurado para tratar de responder a la indignación popular; un revoltillo de intenciones para atenuar la rabia que alimenta a las marchas.

Si la respuesta del gobierno sólo fuera demagogia, aunque inútil, al menos sería inofensiva. Por desgracia me temo que la verdadera respuesta presidencial a la indignación popular no está en esos diez puntos, sino en los puntos de sutura que se llevará Sandino Bucio, el estudiante de la UNAM golpeado por policías y liberado este viernes gracias al video captado por algún transeúnte.

La verdadera respuesta está en la detención de once manifestantes el pasado 20 de noviembre en el Zócalo capitalino. Fueron encarcelados como delincuentes de alta peligrosidad y acusados de delitos como tentativa de homicidio, asociación delictuosa y motín. Una operación diseñada por el Estado en contra de chivos expiatorios claramente destinada a amedrentar a futuros manifestantes. Este sábado fueron liberados gracias al repudio de la sociedad a una acción tan burda y desproporcionada. La misma Michelle Bachelet, presidenta de Chile, hizo un extrañamiento al gobierno mexicano por lo absurdo de la detención de un conciudadano (una de las once personas detenidas).

Lo que intentaron hacer con los estudiantes revela que la élite política aun no entiende lo qué está pasando. Viven arropados en sus mansiones, alimentados exclusivamente de las conversaciones cómplices de sus sobremesas. Me recuerdan al Porfirio Díaz de la entrevista con el reportero Creelman a propósito del centenario en 1910, ufano por la estabilidad y la prosperidad que veía en su palacio, incapaz de percibir que el país estaba a punto de incendiarse.

Me los imagino a lo largo de esta semana diseñando jactanciosos una estrategia de pinzas: por un lado, un plan de diez puntos para fingir flexibilidad y contrición; por otro un operativo represivo con golpes de precisión para desinflar las marchas y espantar a los ciudadanos que han salido a la calle. Y todo lo anterior adosado con una campaña en los medios de comunicación afines para justificar la mano dura contra los causantes de “desmanes”.

¿Cómo creer en las promesas presidenciales de justicia mientras sus fiscales hacían todo lo posible para enterrar en la cárcel a once inocentes? ¿Cómo podemos dar por buenas sus intenciones de combatir la impunidad cuando resulta tan evidente la manera en que solapan sus fortunas personales?

Una y otra vez las aparentes intenciones democratizadoras se han revelado, más temprano que tarde, como una bufonada. La aplaudida aprehensión de Elba Esther Gordillo seguida luego de un fortalecimiento del cacicazgo del SNTE. El anuncio de la ruptura del monopolio televisivo para enterarnos luego de que los candidatos para quedarse con la tercera y cuarta cadenas son grupos mucho más vinculados al peñanietismo. Para eso, mejor déjenlo como estaba.

Hace un mes el Presidente creyó que bastaba reunirse cinco horas con los padres de los jóvenes desaparecidos, memorizarse el nombre de alguno de ellos y arremangarse la camisa, para dejar atrás el problema. Hoy cree que bastan 35 minutos de discurso a la nación y un enunciado de diez puntos de cartón.

Noviembre nos deja una clara moraleja. Sólo la presión de la calle puede provocar un cambio. Sólo la presión de la calle puede convencerlos de que la represión no es una opción. Porque no lo duden, esa es una de las estrategias de reacción que el poder tiene en mente.

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