El gasto desmedido de los gobernadores

30 Nov

A la par de la crispación social en el país, el tema de la deuda publica de estados y municipios se ha convertido en una bola de nieve que amenaza a altos funcionarios, principalmente estatales, si no se encuentra un mecanismo para detener su crecimiento y transparentar su uso.

En su conjunto, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) las 32 entidades federativas en el país deben 489 mil 877 millones de pesos, lo que equivale al 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

De cada 100 pesos que reciben los estados de participaciones federales, 85 se destinan al pago de sus obligaciones financieras.

El problema no sólo radica en que el 85 por ciento de estas participaciones se destine al pago de deuda, sino que esto impide una mayor realización de obra pública y al mismo tiempo golpea a los bolsillos de sus habitantes en la forma de nuevos impuestos.

El último informa trimestral de la SHCP muestra que el crecimiento de la deuda de los estados, en relación con el mismo periodo del año pasado, va desde el cero por ciento hasta el 20, 50 y 122 por ciento, es decir, que en lugar de disminuir su deuda, crece como una bola de nieve.

Nunca como ahora se hace necesario que los gobernadores y los alcaldes informen con precisión en qué se gasta ese dinero y para qué endeudan a sus ciudadanos, pues de poco sirve que muchas entidades cuenten con páginas de transparencia cuando sólo informan el monto real de la deuda, más no el número de años a los que están contratados los créditos, con qué instituciones y las tasas de interés que se pagan.

Cierto es que algunos estados han hecho un esfuerzo por dar información clara y oportuna, pero lo cierto es que la mayoría, en lo que a deuda se refiere, son unas cajas negras en las que entra mucho dinero, pero no de sabe cuándo ni a dónde se va.

Los gobernantes en México huyen de la transparencia y la rendición de cuentas. El tema es que el dinero no es de ellos, ¿por qué habrían de gastarlo a su antojo?

La riqueza de César Duarte, Gobernador de Chihuahua, crece y crece –de acuerdo con las distintas denuncias– mientras la deuda también se abulta. Es un ejemplo. ¿Por qué no pensar, si los gastos no se transparentan, que hay una relación entre una cosa y otra?

El dinero no es de los gobernadores, ni de los alcaldes; no es de los secretarios o de los legisladores. ¿Por qué esconden las cuentas?

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