El estadista del año

19 Nov

Hace unos meses, la república virtual de la simulación estaba de plácemes. El futuro pintaba halagüeño y las reformas iban viento en popa. El gobierno cosechaba la versión de los premios Tv y novelas a nivel mundial. Secretario de hacienda del año, estadista del año, ya nomás les faltaba el premio nobel de la paz a Osorio Chong por su destacado papel en la gobernabilidad del país.

Claro, en su mundo de juguete. Pero ese era precisamente el problema. No había tal. Los asesinados y desaparecidos seguían por doquier, a pesar de las estrategias fallidas de ocultación de la evidencia.

Entonces, y para liberar de presión al gobierno federal, algunos de sus apologistas más destacados, entre los que se encuentra el señor de las encuestas, dijeron que el soberano presidente no había matado a los estudiantes. Y como por arte de magia, el noble pueblo aceptó como buena la explicación (bromeo).

Algo muy malo sucede en este mundo cuando el estadista del año no puede resolver ningún problema. Si es el estadista del año es precisamente por solucionar problemas, ¿O no?

Porque le ganó al resto de los presidentes del mundo. Derrotó por amplio margen a Pepe Mujica, a Obama, a la rana René, hizo palidecer a monstruos de la historia como Churchill, y grabó en la penca de un maguey su nombre.

Y los buenos y equilibrados apologistas se rasgaron las vestiduras diciendo que no habría porqué cargarle los tarros al estadista del año.

Quizá lo que no entendieron es la forma en la que vemos los mexicanos al poder. Si se le exigió comportarse a la altura de las circunstancias, fue precisamente porque de manera simbólica, y de manera concreta, el presidente es el personaje más poderoso del país.

¿A quién más vamos a recurrir en un momento tan difícil como este? Es precisamente en las situaciones difíciles donde sabemos de qué estamos hechos.

Lo que se le recrimina es haber actuado tarde y mal. Y encima largarse de gira en un momento tan difícil. Quizá ahora nuestros gobernantes entienden que la verdad verdadera (perdone usted el pleonasmo) entra en conflicto con la verdad oficial.

Si hubiese algo de congruencia en la institución que le entregó el premio de estadista del año se lo retiraría de manera inmediata.

No es nada raro entonces que los medios independientes empiecen a sufrir ataques como el nuestro. La verdad incómoda nunca será bien vista. Peña Nieto recibe el premio de estadista del año y el gorila Veracruzano recibe otro por defender la libertad de expresión en el estado donde más periodistas mueren.

Y como el lenguaje es limitado, habríamos de desarrollar en los siguientes años neologismos que nos permitan explicarnos la situación en la que vivimos.

Y no. No nos interesa que a México le vaya mal. Lo que pasa es que hemos llegado a una situación insostenible. Imagine usted que alguien le vende un auto deportivo carísimo, y se encuentra con que ese auto no vale diez mil pesos. Ese es nuestro gobierno. Carísimo y malísimo. Cobran como gente grande pero actúan como novatos.

Es hora de la sociedad. El país es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos. Y más si son premiados.

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