CIUDADANOS CONTRA PARTIDOS POLÍTICOS

17 Nov

Por Mayela Sánchez, Shaila Rosagel y David Martínez Huerta

Los partidos políticos en México no representan a los ciudadanos, pues han puesto sus intereses particulares y de grupo por encima de los intereses nacionales, coinciden analistas. Si bien la crisis de representatividad de los partidos políticos no es nueva ni exclusiva de México, los especialistas consideran que en este momento se ha agudizado ante la continua exhibición de sus pugnas internas y el evidente descuido por elegir a sus representantes para ocupar cargos de elección popular, lo que ha propiciado que se den casos de corrupción, desvío de recursos y hasta colusión con el narcotráfico.

Ante el desdén de los partidos políticos hacia los intereses ciudadanos y en la antesala de las elecciones intermedias de 2015, Javier Sicilia –líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad– ha hecho un llamado a no acudir a las urnas, para no convalidar un mecanismo que carece de representatividad.

El riesgo, sin embargo, es que en un sistema donde hoy por hoy el único instrumento de participación ciudadana es el voto directo y la baja participación y el voto nulo no tienen peso para invalidar elecciones, la inasistencia a las urnas sólo podría favorecer el “voto duro” de los partidos.

Ante la falta de legitimidad de los partidos políticos, las alternativas tendrían que construirse desde la ciudadanía, proponen los analistas.

“Las elecciones son pura burla. Ellos no nos representan, representan intereses de ellos”, espeta tajante María Luisa López, de 58 años y empleada del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Cuenta que nunca ha votado porque no cree en los partidos políticos. Considera que al formar parte del sistema político institucional están controlados por el Estado.

Recientemente, María Luisa abonó a sus argumentos “reformas estructurales”, que fueron avaladas por integrantes de todos los partidos políticos.

“Ninguno, ninguno de ningún color representan los intereses del pueblo. ¿Por qué no nos representan? Porque son los que están votando todas las reformas estructurales”, dice María Luisa, apostada en la acera sobre Paseo de la Reforma del Distrito Federal, justo frente a la institución en la que trabaja.

Era 5 de noviembre. Antes, frente a María Luisa terminaron de pasar los últimos contingentes de la multitudinaria marcha realizada para exigir justicia para los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos forzadamente desde el pasado 26 de septiembre por policías municipales en el municipio de Iguala, Guerrero. Fue la tercera marcha y la que mayor convocatoria tuvo entre los ciudadanos que, a la indignación, han sumado su hartazgo por la falta de respuestas de las autoridades.

María Luisa dice que ha acudido a las tres manifestaciones.

A su lado, la profesora universitaria Luz María Montoya, de 59 años, admite, apenada, que ella sí se ha presentado a las urnas electorales, para enseguida asegurar que ya no lo hará. “Si voto, voy a anular mi voto. Les voy a poner que todos son iguales y que el pueblo desde abajo puede luchar y no a a través de los partidos”, dice.

“Que se vayan todos”, propone Luz María, evocando el lema que se hizo popular durante las movilizaciones sociales en Argentina en diciembre de 2001, cuando la crisis financiera y política motivó a miles de ciudadanos –sobre todo de clase media– a salir a protestar a las calles. Tres días después, la noche del 8 de noviembre, la misma exigencia a la clase política será invocada de nuevo al término de otra movilización ciudadana y la frase “QUE SE VAYAN TODOS”, quedará así, en letras mayúsculas, plasmada en el suelo de principal plaza pública del país.

María Luisa y Luz María, sin embargo, no son únicas en ese desencanto. Una corriente cada vez más sonada pide no avalar al sistema político haciendo colapsar su estructura fundamental: los procesos electorales.

A su vez, otros alertan sobre un tema conocido: que no votar permite el triunfo del “voto organizado” o corporativo.

“Hace tiempo que ninguno de los tres grandes partidos, no hablemos de los chiquitos, está representando los intereses de la ciudadanía, y nos lo dejan ver continuamente con las discusiones internas y los pleitos entre fracciones”, señala la académica Ivonne Acuña Murillo, profesora del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana (UIA).

“Lo que hemos observado desde hace una o dos décadas es que los partidos ya no representan a la ciudadanía, se representan a sí mismos, a sus intereses de grupo”, plantea la especialista en democracia, ciudadanía y cultura política.

Si bien la crisis de representatividad de los partidos políticos no es nueva en México, en este momento hay un elemento que abona a esa problemática, a decir de Acuña Murillo: el descuido de los partidos políticos para elegir a sus candidatos, lo que ha propiciado que se den casos de corrupción, desvío de recursos y hasta colusión con el narcotráfico y la delincuencia organizada.

“No importa quién es ni qué historia tiene, con tal que gane el espacio y lo llene y le reporte algún beneficio al partido, pero no a la ciudadanía. Eso me parece que está siendo cada vez más evidente”, considera. El caso del ex Alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez –acusado de privación ilegal de la libertad, homicidio y delincuencia organizada– es ejemplo de ello, apunta.

En su opinión, ese factor hace que la crisis de representatividad de los partidos políticos esta vez sea más grave. A ello se suma el peso que tiene el caso de los 43 normalistas desaparecidos, que ha sido “la gota que derramó el vaso” de una sumatoria de situaciones que persisten de asesinatos, desapariciones, hallazgos de fosas clandestinas, ataques de policías o militares a civiles, dice.

El maestro Telésforo Nava Vázquez, especialista en el sistema político mexicano, coincide con que la crisis de los partidos políticos no es una novedad. Antes bien, considera, es resultado de un proceso de descomposición política explicada por la corrupción que existe en el sistema y la tolerancia a la impunidad que se ejerce desde el poder.

De otro modo, señala, “no se podría entender que haya la actuación del crimen organizado o la relación de los políticos, de todos los partidos, con el crimen y no pase absolutamente nada. No hemos visto a un político procesado en esa situación”.

Tal situación de descomposición se ha hecho tan evidente para una parte de los ciudadanos que no se sienten representados por ninguno de los partidos políticos.

“Ya se hizo demasiado evidente, la gente ya no quiere saber nada de los partidos […]. No representan nada y siguen con sus mismas prácticas. Ven el desastre nacional que está enfrentando una profunda crisis política y social, y nadie, empezando por el Presidente Enrique Peña Nieto y su partido [Partido Revolucionario Institucional (PRI)], pasando por los perredistas, los panistas, los morenistas, etcétera, no tienen idea de cómo hacer nuevas cosas para recomponer, porque ellos están metidos a fondo en el desastre”, expresa el investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) unidad Iztapalapa.

En su opinión, los partidos políticos ya no tienen ninguna legitimidad ni confianza por parte de la ciudadanía, e ilustra la razón de ello con una metáfora: Si nuestra casa fuera saqueada por unos hampones, ¿aceptaríamos que los hampones nos ayudaran a arreglar después los problemas de la casa?

Manuel Clouthier Carrillo, promotor del derecho ciudadano a ser votado sin necesidad de ser postulado por un partido político, es contundente al hablar sobre la crisis de credibilidad por la que atraviesa la clase política.

El hijo del ex candidato presidencial panista Manuel J. Clouthier, mejor conocido como “Maquío” y quien fue asesinado en 1989, sostiene que una parte del problema de la clase política es que ha puesto sus intereses particulares y de grupo por encima de los intereses nacionales.

La otra parte, dice, es la negación de la realidad en la que vive la clase gobernante, la cual genera indignación en una sociedad que está harta de la simulación y las mentiras.

“No sabemos leer que la gente está acumulando un resentimiento, una desesperación, un hartazgo y no lo quieren [ver] los políticos porque a ellos les va a toda madre, están jugando con lumbre. Este país sería como un pastizal seco en dónde sólo falta un irresponsable que aviente un cerillo. Y la clase política no quiere ver la realidad”, advierte.

Clouthier Carrillo militó en el Partido Acción Nacional (PAN) hasta 2009, año en que buscó por primera vez ser candidato independiente a un puesto de elección popular; en 2012 hizo un intento similar para ser candidato presidencial independiente. En ambas ocasiones el sistema político partidocrático le dio un revés.

Cuestionado sobre el desencanto ciudadano por validar con su voto a una clase política cada vez más alejada de sus necesidades y que vive empeñada en satisfacer sus intereses particulares, Clouthier reprocha que los políticos están muy alejados del verdadero sentir del pueblo.

“A la clase política le hace falta generosidad, al mismo tiempo que le faltan fines superiores, es decir, la política se ha convertido en un pragmatismo impresionante en donde los votos son el objetivo, cuando los votos, en mi opinión, deberían de ser consecuencia, cuando los votos para un partido político deberían ser un premio por hacer las cosas bien”, considera.

“Pero cuando los votos son el objetivo, se buscan a cualquier costo, y ahí está el costo que está pagando la política hoy por hoy, pues vemos que es altísimo”, señala quien fuera Diputado federal por el PAN, entre 2006 y 2009.

EXHORTO A NO VOTAR
En 2012, cuando se llevaron a cabo elecciones federales, el líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), Javier Sicilia Zardain, aseguró que anularía su voto en la casilla.

De acuerdo con la agencia de noticias EFE, el escritor dijo entonces: “Si la ciudadanía tuviera un poquito de dignidad votaría en blanco, que aunque no está contemplado en ninguna ley, al menos sería un sufragio moral y eso es algo que no nos pueden quitar”.

Después de dos años y en la antesala de las elecciones federales intermedias de 2015, el poeta ha hecho un llamado a no votar: “Los partidos políticos no significan nada y nos queda no ir a las urnas, hay que boicotearlas, empezar a construir un gobierno ciudadano de salvación nacional”.

Sicilia Zardain dice que si la población no acude a las urnas el próximo año, cuando se renovarán los 500 integrantes de la Cámara de Diputados, nueve gubernaturas y 17 congresos locales y alcaldías, México sería pionero, porque “ningún país ha vivido lo que nosotros”.

“Es viable, sabemos que hay una porción que no va a votar; la otra porción son gentes corrompidas”, asegura. “Además, ya no hay gobernabilidad: 43 muchachos desaparecidos es la punta del iceberg, nos estamos cuidando los ciudadanos a nosotros mismos, porque ellos ya no pueden”, dice refiriéndose a la clase política mexicana.

La profesora Acuña Murillo considera que si en este momento se llevaran a cabo elecciones en el país abría un alto porcentaje de abstencionismo o voto nulo “porque justamente ahorita la gente tiene los elementos inmediatos para poder juzgar que los distintos partidos no están dando los resultados esperados”.

Sin embargo, dice, los ciudadanos “tienen memoria corta”, de modo que el escenario que podría predecirse para este momento no necesariamente será el mismo que habrá el próximo año.

Por ello señala que los llamados a no votar tendrían que ser reiterativos desde ahora y hasta que se dé el proceso electoral y entre ciertos sectores, pues no cree que aquéllos que tienen una opinión negativa de los partidos políticos vayan a cambiar de parecer.

“Pero entre los ciudadanos menos informados o que acostumbran votar siempre por el mismo partido o que les da igual votar por uno o por otro, pudiera tener un efecto importante, que los moviera a buscar información”, sugiere.

“Los sectores que ya están convencidos de que los partidos no sirven y que no los representan seguramente no cambiarán de aquí a ese día, pero sería interesante no solamente llamar a anular el voto, sino estar organizando debates públicos donde se informe a la gente por qué se convoca a anular el voto. Mucha gente no lo entiende porque no tiene la información”, agrega.

Ángel Gustavo López Montiel, profesor de Ciencia Política delInstituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), detalla que actualmente los partidos políticos construyen discursos que no necesariamente culminan en acciones, debido a que sólo buscan atraer el voto hacia los candidatos y a ellos mismos como fuerza política, “independientemente lo que les cueste en temas discursivos”.

El académico asegura que los partidos políticos suelen hacer uso de estas promesas confiando en que los ciudadanos tienen memoria de corto plazo, “entonces como hay una lógica de esperanza o de voto prospectivo, eso hace que los partidos no cuiden demasiado su discurso en término de promesas”.

Esto revela hasta qué punto es relevante para los partidos tener niveles de aprobación altos si al final de cuenta tienen control de los espacios de decisión, y tienen el control de recursos,dados por la ley, y eso ha implicado que en los últimos años se construyan un tipo de partidos que en la teoría se llama ‘partidos cártel’, es decir, están por encima de la ciudadanía y buscan controlar el espacio político a partir de sus acciones”.

EL RIESGO DE NO VOTAR
De acuerdo con datos del Instituto Nacional Electoral (INE), el abstencionismo y anulación del voto ha crecido en las últimas elecciones.

Por ejemplo, en la elección presidencial de 1994, el porcentaje de participación fue de 77.16 por ciento del padrón; para la elección de 2006 sólo participó el 58.55 por ciento. En la elección de 2012, hubo un repunte con el 63.08 por ciento, pero también ese año se registró la mayor cantidad de votos nulos que ha habido en las últimas cuatro elecciones presidenciales: un millón 236 mil 857.

Tal como Acuña Murillo advierte, en elecciones intermedias, la incidencia de poca participación suele ser mayor. Por ejemplo, en la elección intermedia de para renovar la Cámara de Diputados en 2003 la participación fue de 41.19 por ciento del padrón y para la elección intermedia de 2009, fue de 44.61 por ciento.

Sin embargo, el sistema electoral no prevé la anulación de elecciones o mecanismos como la segunda vuelta electoral ante bajos niveles de participación ciudadana. El sistema político de representación es simple: gana quien obtiene más votos directos en las urnas.

Ante ello, los entrevistados advierten del problema que implica el rechazo ciudadano a la elección de sus representantes a través del voto, pues aun si una amplia porción de personas no va a las urnas, alguno de los políticos contendientes ganará, así sea con un bajo número de votos y, en consecuencia, con una cuestionable representatividad.

“¿Que no tienen legitimidad? Cuando les ha preocupado”, espeta Nava Vázquez.

Clouthier apunta la mirada hacia otro problema relacionado con el modelo de sistema representativo, al referir que, al menos en Sinaloa, la gente acude a las urnas no para elegir al mejor candidatos, sino a “votar por el menos peor”.

“No hemos podido llegar a una dinámica de votar por el mejor y esto porque prácticamente la partidocracia ha convertido la política en el botín de una burocracia partidaria en el país”, sostiene.

Iván Cervantes Martínez, integrante del Movimiento #YoSoy132, también es cauto sobre las implicaciones que podrían tener los llamados a no votar.

Un aspecto a tomar en cuenta, señala, es la diferencia que hay entre las grandes ciudades y los poblados pequeños. En su opinión, es más difícil desligarse de los partidos políticos en grandes urbes porque es donde los partidos políticos tienen a sus bases y, por lo tanto, consiguen afianzarse como representantes de la ciudadanía.

“En las ciudades, por ejemplo en una como el Distrito Federal, aunque hay un porcentaje elevado de anulación del voto y de abstinencia, los partidos mueven a sus bases y con eso pueden mantenerse”, considera.

REMAR A CONTRACORRIENTE
Para Clouthier Carrillo la única forma en que la ciudadanía recobre la credibilidad en las instituciones y en los partidos políticos pasa, necesariamente, por la limpieza completa de las fuerzas políticas de cualquier vínculo con el crimen organizado.

Asimismo, remarca que para recuperar la confianza ciudadana es necesario que los actores políticos escuchen a la ciudadanía y dejen de darle la espalda en función de sus intereses particulares.

Acuña Murillo considera que acciones como la salida del titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), Miguel Ángel Osorio Chong, a dialogar con los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y la cancelación de la licitación del tren México-Querétaro bien pueden ser ejemplos de que la protesta de la ciudadanía está teniendo eco en los gobernantes.

“El gobierno y los partidos, al menos preocupados por su imagen, de alguna manera están recibiendo esa información, esa presión de la sociedad, y lo interesante sería que la presión continúe, y obligarlos a cambiar sus formas de elegir candidatos, sus formas de gobernar y sus intereses, que empiecen a voltear a ver a quien dicen representar”, dice.

Estima que ante el hartazgo social podría haber un repunte de las candidaturas independientes. Sin embargo, recuerda que es un mecanismo con muchos obstáculos, lo que lo deja en desventaja frente a los partidos políticos.

El otro mecanismo articulado de participación ciudadana directa son las consultas populares. Mas las recientes resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en las consultas sobre la reforma energética y salario mínimo, que fueron rechazadas al señalar que no se pueden discutir asuntos relacionados con el presupuesto y los recursos del Estado, también mostraron que sigue siendo un mecanismo limitado.

“Seguimos como ciudadanía atados. Sí se necesita, pero solamente va a ocurrir cuando la sociedad presione y presione en serio”, considera.

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