Anarcos sin control en el DF

10 Nov

El enojo y la furia por la desaparición de los 43 jóvenes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa Guerrero, no desaparece, y la sospecha de la Procuraduría General de la República (PGR) y su titular Jesús Murillo Karam, de que los estudiantes fueron asesinados y algunos quemados vivos en una fogata que ardió durante unas 15 horas, avivó la rabia ciudadana que se manifestó durante viernes, sábado y domingo.

La manifestación pacífica del sábado fue la que atrajo la atención el fin de semana luego de que un grupo de encapuchados prendiera fuego a la puerta principal de Palacio Nacional. Por más que los miles de inconformes han intentado que las marchas de protesta por la desaparición de los normalistas no se contamine con la violencia, que desde el 1 de diciembre un grupo de encapuchados se encarga de provocar en cuanta manifestación ciudadana se presenta, Ayotzinapa no fue la excepción.

Desde la toma de protesta del Presidente Enrique Peña Nieto estos grupos se han encargado de provocar desmanes en bancos, supermercados, arrojar petardos y de manchar toda protesta.
A ciencia cierta, hasta ahora, no se sabe quién está detrás de estos grupos de porros que en la capital del país han operado sin control y con total impunidad, lo que ha despertado sospechas que no han pasado desapercibidas para las redes sociales.

Sobre los desmanes del sábado han surgido una serie de dudas: la primera es por qué los elementos de seguridad que resguardan Palacio Nacional no intervinieron inmediatamente y dejaron que estos grupos de provocadores dañaran el edificio; la segunda: ¿Por qué mientras los manifestantes legítimos gritaban un “¡No a la violencia!” desde adentro del inmueble les estaban arrojando petardos.

Tercero: por qué los elementos del Estado Mayor Presidencial se concretaron durante un largo rato a observar desde el techo lo que pasaba.

Por último: una de las imágenes que circularon en las redes sociales y que despertaron más dudas entre la opinión pública es en la que aparece uno de los encapuchados que incendiaron la puerta con la máscara emblemática de Anonymous, que es, presuntamente, protegido por los granaderos.

En la fotografía se puede observar cómo este personaje se esconde atrás de los elementos policiacos, que en lugar de detenerlo, pareciera que lo estaban ocultando.

El sábado, la persecución policiaca inició al filo de la medianoche, cuando la mayoría de los manifestantes ya se habían retirado, dejando como saldo alrededor de 17 detenidos, la mayoría personas que no tenían nada que ver con los desmanes, y al menos dos reporteros gráficos heridos, según el reporte de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) pero de los anarcos, nada.

Estos grupos de anarquistas son el más puro ejemplo de la impunidad que tanto han enfurecido en las últimas semanas a México; hasta ahora, se sabe que su único oficio es manchar las expresiones ciudadanas con actos de provocación y violencia, lo que no se sabe, a estas alturas, es quién o quiénes están detrás de ellos.

Saberlo no estaría mal para empezar a despejar ese manto de impunidad que se ha extendido sobre la delincuencia en el país, bien podría ser un primer paso para demostrar si es cierto que existe la disposición de las autoridades de todos los niveles para emprender un combate frontal contra todo aquello que daña al país y lastima a sus ciudadanos.

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