Dos años de reformas y de opacidad económica

26 Oct

Dos años de reformas y de opacidad económica

El Presidente Enrique Peña Nieto entrega el segundo informe de su administración federal en un momento político que, sin duda, es de fortaleza para el mexiquense y su partido, el Revolucionario Institucional (PRI), pero que no necesariamente le ha ganado la simpatía de los ciudadanos ni tampoco la de organizaciones sociales, empresarios y líderes de opinión pública.

Aunque el PRI festejó la semana pasada a su líder máximo y a la batería de reformas constitucionales que su gobierno logró en los últimos 20 meses, el bajo crecimiento de la economía, el aumento del desempleo, el rezago del salario mínimo, entre otros factores, golpean a las familias mexicanas que no ven cómo se puede mover al país en los próximos cuatro años, si estos dos han sido de un peligroso estancamiento.

Por primera ocasión en muchos años, los indicadores macroeconómicos del país son los peores en América Latina. Tanto la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como la Comisión Económica para América Latina (Cepal) recientemente los situaron incluso por debajo de países que tienen un menor potencial en recursos naturales, en infraestructura, en mano de obra y en inversión extranjera que México.

Esto evidencia que algo se está haciendo muy mal, pues el mercado interno no reacciona a pesar de la supuesta inyección de gasto, que después del frenón de 2013 en este año apenas y si ha comenzado a fluir, particularmente en obras de infraestructura en transporte y comunicaciones.

Pero el gobierno, concentrado en obtener el triunfo político de las reformas, poco ha hecho para detonar el desarrollo. Para los expertos en economía y finanzas, el meollo es ese mercado interno al que se ha desatendido y que, por tanto, lo único que ha producido en los últimos 20 meses es un mayor subempleo, más pobre y, por consecuencia, más violencia e inseguridad en todos los rincones del país.

¿Qué es entonces lo que sigue en los próximos cuatro años? ¿Qué va a hacer el equipo de Luis Videgaray Caso, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para desatar el nudo que ellos mismos pusieron en el cuello de una clase media cada vez más agobiada por la carga de los impuestos y la falta de oportunidades?

Ellos mismos han reconocido que los beneficios de las reformas, especialmente la Energética y la de Telecomunicaciones, no se verán sino en seis o 10 años. También, desde el extranjero, los inversionistas dan señales que no entrarán al país con la efusividad que pregona el gobierno, pues la corrupción y la falta de transparencia, que en ambos cambios constitucionales fue desdeñada y, por tanto, carecen de mecanismos sólidos que garanticen la rendición de cuentas.

Entonces, ¿cuál será la respuesta del gobierno peñista para generar prosperidad en el país, a cuatro años de terminar el sexenio, tiempo que se reduce aún más por los procesos electorales que se avecinan?

Esa explicación no está clara y, protegido por los legisladores del PRI y sus partidos satélites, el Secretario de Hacienda ni siquiera ha dado la cara en el Congreso para explicar la estrategia que se aplica en la vida económica del país.

Lo cierto es que han pasado ya dos informes y el Presidente y su equipo económico no han movido a México hacia el progreso que presumen en sus discursos. La situación se torna complicada, en particular porque entrará a la mitad de su administración con pendientes difíciles de remontar en materia económica y apostando todo a unas reformas estructurales que no funcionarán si este gobierno no hace un compromiso real con la transparencia y la rendición de cuentas.

Nadie quisiera que el Presidente fracasara en su búsqueda de un mejor futuro para los mexicanos. Pero lo que se ha vivido en estos 20 meses no aporta al optimismo y sí a la exigencia de acciones contundentes. El primero en responder a todas estas cuestiones debiera ser el propio Videgaray Caso, pero si los primeros en no exigirle cuentas al Súpersecretario son los propios legisladores se tiene un problema de opacidad que, al final, puede costarnos mucho a todos.

Las crisis económicas al final de los sexenios priistas son ejemplos contundentes… y una sombra que, pese a las reformas y pactos políticos de la actual administración, puede empezar a nublar aún más el panorama.

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