PRD, el protector de Videgaray

3 Jun

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) se desdibuja cada vez más como una fuerza política de “izquierda” que, en el papel, sólo en el papel, defiende los intereses de los más desprotegidos del país.

En su declaración de principios, ese partido plantea que, para “superar su propia crisis”, asume “su compromiso económico con las grandes mayorías, con la justa distribución social de la riqueza, de manera tal que paulatinamente se logre disminuir las grandes diferencias económicas y sociales y se genere el acceso de las mayorías a mejores condiciones de vida, de trabajo, empleo y salario dignos, es decir, a crear las condiciones materiales y culturales de existencia con equidad y justicia social”.

Pero en la realidad, en los hechos, el Sol Azteca está muy lejos de la congruencia.

Primero, de la mano del Partido Revolucionario Institucional (PRI), aprobó el año pasado la Reforma Hacendaria y una miscelánea fiscal, con los aumentos de impuestos que comenzaron a cobrarse desde el 1 de enero pasado. Esas tasas impositivas, coinciden empresarios, analistas e instituciones nacionales y extranjeras, son uno de los principales causantes del frenón económico que vive el país.

Además, y tampoco es menor, autorizó al gobierno federal un aumento al gasto público, la mayor cifra de la historia del país –4 billones 467 mil 225.8 millones de pesos–, lo que tampoco ha dado resultados positivos, pues el gasto social, de acuerdo con los expertos, ha resultado ser regresivo: el 10 por ciento más pobre de la población recibe 7.8 por ciento de estos recursos, mientras el 10 por ciento más rico recibe 16.7 por ciento. Esto es, por cada peso que el Estado asigna a los más ricos, logra transferir apenas 50 centavos a la población en pobreza extrema.

Por si fuera poco, el gasto público no se ha enfocado en dinamizar el área productiva para realmente detonar desarrollo económico, pues con un avance tan débil del Producto Interno Bruto (PIB) ni siquiera se pueden sentar bases para el crecimiento y el esfuerzo resulta ineficiente.

Por ello, el país no crece y se acumulan más meses de rezago en la evolución del PIB, lo que significa que 2014, el segundo año de gobierno de Enrique Peña Nieto, tampoco heredará mejores condiciones de bienestar para las familias en México.

De la criticada conducción de la política económica en el país, de la cual es directamente responsable el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray Caso, también son corresponsables los legisladores del PRI y, por supuesto, los del PRD.

Sin embargo, a siete meses de haber votado aquella reforma y la miscelánea fiscal, los legisladores perredistas están lejos de reconocer que se equivocaron. Al contrario: siguen apoyando la estrategia económica del gobierno federal y, encima, protegiendo a Videgaray Caso.

El viernes pasado, los diputados del Partido de la Revolución Democrática respaldaron nuevamente a sus colegas del tricolor para frenar la comparecencia del Secretario de Hacienda ante el pleno e impedir así que Videgaray explique las razones del ajuste a la expectativa de crecimiento económico para este año, de 3.9 a 2.7 por ciento.

Legisladores del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido del Trabajo (PT) y de Movimiento Ciudadano (MC) plantearon que insistirán en su propuesta de llamar al titular de la SHCP para que rinda cuentas y, claro, criticaron el que el PRI y el PRD estén solapando una política que no da resultados, que genera más desempleo y más pobreza en el país.

Se entiende que el PRI no quiera que Luis Videgaray dé la cara ante los mexicanos para explicar, con detalle, las razones del fracaso; son el partido en el gobierno. Pero que el PRD, una organización política de izquierda que supuestamente aboga por el bienestar de los mexicanos, lo haga es incomprensible (aunque las razones de peso, dicen los polítólogos y los disidentes perredistas, están en su actual dirigencia nacional).

Esto explica por qué ese partido está inmerso no sólo en una crisis interna sino, además, en su peor momento de credibilidad ante los ciudadanos del país: la mayoría ya no se sienten representados por los del Sol Azteca en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República, sino simplemente traicionados.

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